Cuando entramos en el periodo de formación de nuevos profesores, uno de los aspectos en los que nos fijamos más a la hora de determinar si es un buen profesor o no, es su capacidad de corrección. Es uno de los aspectos en el que más se nota la calidad del profesor. Si durante un entrenamiento, es capaz de detectar las causas de los errores de los jugadores y luego es capaz de transmitirlo correctamente con el fin de que el jugador se dé cuenta dónde está fallando.
Si lo analizamos con profundidad, hay muchas formas diferentes de corregir:
la individual y la colectiva: en muchos casos las correcciones deben hacerse de forma colectiva. Normalmente es cuando notas que la mayor parte de los alumnos cometen el mismo error. Es bueno entonces parar el ejercicio para que se den cuenta a tiempo y rectificar. Es entonces cuando los jugadores te escuchan porque no lo haces con mucha frecuencia y se dan cuenta de la importancia que tiene para ti detener el entrenamiento para aclarar algo que no estaban entendiendo.
Cuando el error lo detectas en una sola persona entonces, para no parar el ritmo de trabajo, es bueno que la corrección sea sin detener el ejercicio a no ser que veas que sigue sin entenderlo después de varias indicaciones. Si decides apartar del ejercicio a un jugador para explicarle o aclararle algo, debes saber que normalmente vas a perder el control del grupo, la intensidad no va a ser la misma y si lo repites mucho aquello puede convertirse en un auténtico desorden.
sin parar o parando. Piensa que si detienes el ejercicio, estás cortando el ritmo, por lo tanto no pares casi nunca a no ser que no lo veas claro. No te detengas especialmente cuando el ejercicio ya ha tomado un ritmo correcto porque lo que consigues es frenarlo.Ten paciencia y no quieras ser tan perfeccionista. Con el tiempo lo harán mejor. Dales tiempo para mejorar y déjales que se equivoquen un poco.
general o concreto. Este es el peligro más grave de las correcciones. Cuando se sabe poco, la corrección es muy general: “has disparado mal” y negativa. No sirve para nada. Los entrenadores con una buena formación deben ser capaces de profundizar más, ir a las raíces, a la causa, al motivo por el que ha disparado mal. Una corrección rápida puede ser: ¿la pierna de apoyo, cómo hay que ponerla en este golpeo? Hay que hacerles pensar, que sean ellos lo que lleguen a deducir la razón por la que el tiro puede ser mejor.
deductivo o inductivo.
el método deductivo, es aquel en que el saber ya está fijado, y lo único que se necesita es un depósito proveedor, llámese profesor, llámese libro; el papel del alumno es el de receptor. Como en el “hit” animado del ordenador cuando se le da al comando copiar, van pasando documentos de una carpeta a otra; así es el método deductivo: sacar de la carpeta fuente para almacenar en la propia carpeta.
en el método inductivo el alumno obtiene los conocimientos directamente de la fuente, es decir de la realidad, El jugador es el que, en función de su propia madurez, va descubriendo nuevas experiencias y evolucionando  para adquirir nuevos conocimientos, guiado por el entrenador. Se potencia la figurara del jugador, de modo que es él mismo el que va marcando su progresión, mientras el entrenador le ayuda a superar algunos obstáculos y reduce sus cambios equivocados.
Mediante procedimientos inductivos avanzamos más lentamente, pero más vale poco que nada; y sobre todo, más vale conservar la fe en la propia capacidad de aprender, que perder del todo la fe en sí mismo, al chocar una y otra vez con esos paquetes integrados y compactados de conocimientos. Si no queremos que nuestros alumnos sean robots o máquinas que hacen lo que nosotros les decimos, es importante que nuestra forma de enseñar las cosas sirva para que ellos puedan pensar y descubrir por si mismos cómo se debe hacer para conseguirlo.
positivo o negativo
Siempre positivo, nunca negativo. Que las correcciones que hagamos a nuestros alumnos no les desanimen nunca, que vean que a pesar de que lo están haciendo mal, confiamos en que lo harán bien si cambian un pequeño detalle, si corrigen lo que se les indica. En esto hace mucho el tono de voz de la corrección. Tono positivo siempre, nunca tono cansino ni desanimado. En esto, los educadores tenemos bastantes errores. Muchas veces ellos pagan nuestra falta de paciencia.
Qué diferentes son los resultados de un profesor optimista que corrige bien pero en positivo que uno pesimista o agresivo. Muchas veces en el fútbol, son valorados aquellos profesores que gritan mucho y que son como muy violentos con los niños porque piensan que se les está dando “mucha caña”. Normalmente lo que ocurre es que el niño trabaja muy duro por miedo a que se le grite más pero no hay aprendizaje correcto ni de calidad.
En definitiva, los jugadores valoran mucho este tipo de correcciones porque pueden saber en todo momento cómo lo están haciendo. Muchas veces no son ni correcciones, son pequeños avisos para que vayas corrigiendo el rumbo. La verdad es que a los alumnos les da mucha seguridad entrenar con un profesor que trabaja con ellos así.