Quiero describir en este artículo las 9 lagunas más destacadas de un entrenador de fútbol base aunque puede aplicarse perfectamente a cualquier otro deporte colectivo o individual. Quizá pueda servirte para identificarte con alguna de ellas y poder rectificarlas con tu equipo.

  • Solo existo yo

Uno de los principales atributos de un buen entrenador es su habilidad para desmenuzar ideas complejas y hacerlas entendibles a sus jugadores. La esencia de enseñar – y de aprender – está en la comunicación. Uno de los principales retos que los responsables de un equipo deben afrontar es lograr que los jóvenes le entiendan.

Sin embargo, nos encontramos con mucha frecuencia que esta comunicación no existe porque la distancia entre el entrenador y los jugadores es muy grande, especialmente en los equipos con un cierto nivel. Los entrenadores apenas se dirigen a sus jugadores y cuando lo hacen es con un estilo excesivamente autoritario y unidireccional. Ellos hablan y el jugador escucha, sin tener en cuenta que la verdadera comunicación tiene doble dirección: de ida y vuelta. Muchas veces se envían mensajes pero no hay un retorno por parte de los jugadores porque no se cuenta con ello. 

–“Me da igual todo.–Suele comentar el entrenador. – Mi misión es informar y ellos deben recibirlo y ejecutarlo. No tengo que preocuparme si se ha entendido bien o no el mensaje. Es su obligación captarlo y ponerlo en práctica. 

Luego vienen los disgustos porque tu habías dicho y él había entendido cosas diferentes.

Para algunos, ser entrenador significa presentarse como la persona que tiene todas las respuestas. Cualquier duda puede significar debilidad. A veces la mejor respuesta que un entrenador puede dar es “no lo sé”. En vez de perder credibilidad, ganas en confianza con tus jugadores. Reconocer lo que uno no sabe, muestra que todavía estamos aprendiendo, que no somos perfectos y, por lo tanto, más asequibles, más cercanos a ellos.

Pero el equipo también espera que la persona de quien depende sepa al menos algunas respuestas. No podemos permitir que la gente se pregunte “¿por qué está éste dirigiendo al equipo?”.

  • Entrenadores ignorantes.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención en estos últimos años es la falta de conocimientos de los entrenadores que se dedican a trabajar como formadores en el fútbol base. Para empezar, la mayoría no tienen estudios universitarios y quizá no han terminado los estudios de formación profesional. Han abandonado lo que es fundamental y se han dedicado de lleno a lo que les atrae que es el fútbol para intentar escalar poco a poco en este mundillo. Por lo tanto, son un poco autodidactas y tienen lagunas profundas que son complicadas.

Animo desde aquí a todos aquellos entrenadores que están en esta situación, que espabilen e intenten tener, además de la titulación de entrenador que ofrece la federación, unos estudios universitarios como Magisterio en Educación Física, INEF, Pedagogía, etc. Es muy necesario. A largo plazo, puede ser que algunos agradezcan un consejo como este.

  • Entrenadores que no favorecen la toma de decisiones.

Los entrenadores deseamos jugadores que entiendan el juego, que lleven a cabo, por sí mismos, decisiones que el partido les exige. Por ese motivo, intentamos formar jugadores inteligentes, que sean capaces de tomar decisiones adecuadas en cada momento.

Para conseguir eso, el entrenador es la figura clave y también su forma de comunicarse con ellos. Debe utilizar una forma mucho más reflexiva. Con sus preguntas, les hace pensar y tomar decisiones de forma segura y eficaz.

¡Cuánto padre ignorantes aplaude al entrenador porque es un “cañero” y, sin embargo, el que tiene ahora no lo valora aunque sea de los mejores, porque prepara muy bien las clases y les plantea constantemente interrogantes que deben solucionar.  No busca ser el protagonista del equipo y consigue, con esto, una mayor concentración y consolidación del aprendizaje. No se oye su voz pero, el que sabe, se da cuenta de que está ante un gran entrenador. Mientras, los padres siguen pidiendo un entrenador que dé mucha caña. La ignorancia alcanza cierta superficialidad simplemente por unos gritos de más.

  • Entrenadores que se escuchan a si mismos.

La imagen que tenemos en nuestras mentes como modelo de entrenador es esa que vemos en la televisión donde se aprecia un entrenador gritando y vociferando, o la de estos otros que hablan y hablan a sus jugadores en un monólogo continuo, subido a un gran pedestal, demostrando lo mucho que sabe y lo bien que habla. Estos entrenadores no escuchan a nadie más que a ellos mismos. No se dan cuenta de que establecen una distancia tan grandes con sus jugadores que complica la existencia de una buena comunicación.

Cuando tratamos de enseñar, lo que hacemos es tan importante como lo que decimos. Nuestros jugadores están todo el tiempo observándonos. La mejor forma de mostrar que nos interesamos y preocupamos por ellos es escuchándolos. Tenemos que conseguir con el trato que los jugadores no tengan miedo a preguntar y pedir consejo cuando sea necesario. La comunicación efectiva es un camino de doble sentido: es una conversación, no un discurso. Después de plantear preguntas, no llenemos el silencio con nuestra propia voz. Ellos tienen mucho que aportar. Esperemos unos segundos. Un entrenador tiene que aprender a no sentirse incómodo con el silencio. Son momentos de reflexión, donde también cabe escuhar al equipo.

  • Entrenadores poco dialogantes. 

Los deportistas no solamente aprenden de su entrenador. También aprenden de sí mismos y de sus compañeros. Trabajar al grupo nos prepara para la competición en las tareas que los futbolistas se encontrarán en el partido. Deben escucharse unos a otros. Es posible que un compañero tenga una idea que el resto no había pensado. ¿Has practicado alguna vez el preguntarles lo que ven ellos? Por ejemplo, preguntarles qué errores han cometido o aciertos. Si fomentas el diálogo entre ellos, te darás cuenta de lo importante que es su opinión personal y de lo mucho que saben.

  • Entrenador estrella.

Los entrenadores hacemos el ridículo cuando explicamos aspectos del fútbol, como si fuéramos omnipotentes, sin darnos cuenta de que ellos ya lo saben y que no hace falta montar todo el numerito para explicarlo.

Te sorprenderás al comprobar que son capaces de decir todo lo que les ibas a contar. Si lo saben, ¿por qué nos empeñamos en contárselo nosotros? Es mucho más eficaz que sean ellos los que lo comenten y saquen aquello que llevan dentro. Será más educativo que sean ellos los que se marquen sus propias pautas y tu seas un buen moderador del grupo, enfatizando lo que te parece importante de lo que dicen para fundamentarlo un poco más.

Necesitan de su entrenador pero no eres el protagonista de la historia. Son ellos los que deben sacar adelante el partido y si tienen seguridad en sus objetivos y los hacen realmente suyos, salimos todos ganando.

  • Entrenador que no distingue las diferencias.

Hay que desterrar las broncas generalizadas que se dan en los equipos de fútbol. Dentro de un equipo hay jugadores que pueden estar haciendo un gran esfuerzo y otros que no. No podemos corregir al grupo en temas que quizá incomoden a los que se dejan la piel en el campo. Pagan justos por pecadores. 

Los buenos entrenadores creen que todos los miembros del equipo pueden aprender, pero entienden que cada uno lo hace de forma diferente. Así que el formador debe adoptar una técnica variada durante sus sesiones. El arte del entrenador consiste en ser capaz de acertar en la forma de indicar las cosas a cada uno de sus jugadores teniendo en cuenta las diferencias enormes que hay entre ellos.

Al jugador de más calidad del equipo, después de felicitarle por el gol que nos ha dado la victoria, hay que recordarle que tiene que bajar a defender en los momentos que el equipo lo necesita. Al jugador de menos nivel del equipo, tras felicitarle por el esfuerzo realizado en el partido, quizá hay que resaltar el valor de su disparo con la pierna menos hábil. Uno necesita más humildad y el otro más autoestima. Son diferentes las necesidades de uno y otro. Y hemos de tenerlo siempre en cuenta.

  • Entrenador impaciente y pesimista

Hemos de eliminar la siguiente afirmación: “estoy cansado de deciros que…” Hemos de tener en cuenta la pedagogía de la repetición. Exige de nosotros paciencia y optimismo pero es de una eficacia muy constatada. Si queremos que nuestros jugadores recuerden los objetivos encomendados o las estrategias planteadas, es necesario que se las digamos más de una vez. La primera vez que las decimos, las oirán; la segunda vez, las reconocerán; la tercera, las aprenderán.

  • Entrenador aburrido

Hemos de tener cuidado en no volvernos pesados y aburridos por repetir demasiado las cosas. Cuidar el tono de voz, que no sea nunca cansino porque saben leerte tu estado de animo, siempre. 

Una de las facetas del buen entrenador es la constancia y la paciencia para lograr los objetivos que buscamos sin desanimarnos cuando no los alcanzan. El reto está en ser consistente sin volverse predecibles o aburridos. Los mejores preparadores mantienen su mensaje fresco, utilizando nuevas formas de expresar las mismas ideas. ¿Eres capaz de enfrentarte a este importante reto como entrenador? Estoy seguro que sí. Verás cómo consigues mejoras en tus jugadores que jamás habías soñado que podrían alcanzar.