“Blatter pide perdón a México e Inglaterra por los arbitrajes”. Así reza, con un gran titular, en el Mundo Deportivo del 30 de junio.
No, Sr. Blatter no tiene que pedir perdón a nadie. “Sus” árbitros no han cometido ningún error han cometido una arbitrariedad. Y las Delegaciones de México e Inglaterra, no tienen que afirmar, según El Mundo Deportivo, que “los errores arbitrales forman parte del juego”; lo que es “injusto” no se puede considerar parte del juego.
El Sr. Blatter ha cometido el error de dar por definitivas las decisiones de los árbitros, o sea, que deben ser aceptadas por los equipos (Regla 5) y no reglar a continuación la aceptación de la “arbitrariedad” del árbitro, o sea, la no protesta del “error” arbitral. Porque es cierto que se ve obligado a que sea castigada la protesta, con tarjeta roja del árbitro o con intentos no consolidados de la Federación Inglesa de multar a los clubs de los jugadores “protestones”. Pero, Blatter sigue pensando en los errores del árbitro. Diríamos que la decisión del árbitro es definitiva porque es “arbitrada”. Los equipos deben aceptarla y los clubs no podrán recurrirla. Pero cuando los equipos protestan, es porque la decisión, que es arbitrada, es considerada, por jugadores, equipos y Clubs, como erroneamente “juzgada” por el “llamado” árbitro, con relación a la Regla, como si esta, fuera de obligado cumplimiento.
Comprenda Sr. Blatter que lo que se está consiguiendo, reglando la aceptación por ser “arbitrada” y dejando que la protesta, se considere un juicio erroneo en relación a la Regla, es consolidar una injusticia que no pueden recurrir los equipos.
Y a los delegados de Inglaterra y México, decirles que la arbitrariedad sí que forma parte del juego, no así el error. Fallar un penalty, como hizo Villa, no exige que su club pida perdón a la Federación Española. El fallo del jugador, forma parte del juego. También el del árbitro.
Y aún que esto es así, estoy con el Sr. Blatter en que ponga manos a la obra para que los árbitros cometan las menos arbitrariedades posibles, aunque dudo de su exhaustividad. Quedará siempre acertar en la intencionalidad. Para lograr lo que es suficiente “acercarse” con el ojo de halcón o con el ojo del suplementario asistente; es necesario “penetrar dentro” del jugador. Y para eso, la tecnología no sé si llegará a tiempo … .
Me queda la duda, Sr. Blatter de haber sintonizado con usted, después de mi esfuerzo en hacerlo. Lo digo porque, lo que yo defiendo es un acercamiento a una función del árbitro lo más parecida posible, por analogía, a la que tiene en el campo jurídico. Pero yo pienso que ello, Sr. Blatter no le conviene, pues entiendo que su autoridad y poder está, precisamente en las Reglas y en lograr su “obligado cumplimiento”, pero sin imposiciones, sino a través de la manejable figura del árbitro, que, ahora arbitra, y luego, juzga.