Lealtad y fútbol

Antes de que existieran los hombres sobre la tierra, había un gran lago rodeado de hermosos arboles desconocidos, aves y reptiles de todos los colores y tamaños. 

El precioso lago lo cuidaba un hada que todos llamaban el Hada del Lago. Siempre estaba atenta a los peligros que podían venir de los enemigos del bosque. El hada del Lago poseía una piedra de cristal que utilizaba con mucha eficacia cuando alguien atacaba el lago. Los enemigos, al verla, huían muy asustados. Gracias a esta piedra tan poderosa, reinaba la paz y la tranquilidad en el lago.

Pero una noche, los monstruos del bosque atacaron por sorpresa a los seres del lago y el hada se dio cuenta, cuando despertó, de que le habían arrebatado la piedra de cristal. Sin ella no podrían defenderse del ataque de sus enemigos y todos morirían.

No había otra solución que ir a rescatar la piedra de Cristal arriesgándose mucho. Llamó a todos los seres del lago y les explicó que ella iba a ir a recuperar la piedra de cristal:

––Voy a necesitar, ––añade el Hada, ––que me acompañen los más valientes del lago. Ya adelanto que va a ser muy duro y complicado y que vamos a pasar por grandes peligros de dragones, hambre, sed, mucho frío. Reconozco que no va a ser nada fácil. Dicho esto, ¿hay alguien que me quiera acompañar?

Se presentaron unos 50 valientes, dispuestos a todo lo que hiciera falta para salvar al lago y ayudar al Hada a conseguirlo. El Hada del Lago estaba feliz porque iba a ir muy bien acompañada. Todos prometieron que no la abandonarían jamás.

Se pusieron en marcha muy de madrugada mientras todos los habitantes del lago les despedían con aplausos y gritos. La marcha duró bastantes horas el primer día y, cuando ya todos estaban agotados, a punto de acampar junto a unas rocas del camino, un enorme monstruo que sacaba fuego por la boca, les atacó. Algunos, cansados del camino y asustados por la bestia, salieron corriendo y volvieron a sus casas de lago. No pudieron soportar más y traicionaron al Hada. 

Mientras se entabló una dura batalla entre los servidores del Hada y el monstruo de fuego. Hasta bien entrada la noche, los valientes guerreros no consiguieron derrotarlo y, agotados de la pelea, se quedaron dormidos en el camino.

A la mañana siguiente, divisaron a lo lejos un enorme desierto sin agua y sin sombras donde les era muy complicado caminar. Al anochecer, llegaron a un lugar con un pequeño charco de agua pero estaba completamente lleno de animales muertos. Ese día no habían podido beber ni comer nada. 

Al acostarse, sin que se dieran cuenta los demás, abandonaron al Hada otros 20 más. Ya quedaban pocos en la expedición. Tan solo 10 más. Pero con estos diez el Hada estaba convencida de que podrían recuperar la piedra.

En el tercer día de marcha, tuvieron que adentrarse en una inmenso bosque donde era complicado avanzar si no era cortando las ramas con los sables. Unos cayeron en barrancos, otros se perdieron entre los árboles, y por último, algunos murieron ahogados en los pantanos o aplastados por extraños animales parecidos a elefantes pero con grandes garras. 

De los 3 que quedaban, dos salieron corriendo hacia su casa porque aquello era más duro de lo que se imaginaban. 

Solo quedaba un acompañante que decidió no abandonar al Hada. Todos habían huido o muerto en el camino. Su nombre era Sombra y no era ni el más valiente, ni el más fuerte, ni el más inteligente. Eso sí, era el mas leal de todos los seres que le habían acompañado porque decidió seguir hasta el final porque se había comprometido a acompañar al Hada pasara lo que pasará. Las dificultades ya las conocían y no podía servir de excusa para abandonarla.

Por la mañana del cuarto día, cuando el Hada descubrió que solo quedaba Sombra le preguntó:

––¿Solo quedas tú? ¿Por qué no me has abandonado como los demás?

––Prometí que os acompañaría hasta el final pese a los peligros que pudieran aparecer y así lo haré, cumpliré con mi promesa hasta el final. Nada ni nadie me va a hacer cambiar.––respondió Sombra

Caminaron juntos durante toda la jornada y entre los dos consiguieron salvarse de innumerables peligros que encontraron por el camino gracias a la valentía de ambos. El hada estaba muy agradecida de lo que estaba haciendo Sombra, sin él era imposible que pudiera recuperar la piedra de cristal. Allí empezó una gran amistad entre ellos mientras caminaban y charlaban sobre sus vidas. 

Tras una agotadora jornada, por fin llegaron a una gran caverna y, dentro de ella, se veía brillar a la piedra de cristal. Entrar ahí era muy peligroso porque estaba protegida por guardianes salvajes y poderosos. Sombra, empezó a introducirse dentro de la cueva pero entonces apareció el gigante guardián, enorme, de 10 metros de altura y muy fuerte. Cada paso que daba producía un gran temblor en el suelo. Era terrible. 

Nuestros dos valientes se dieron cuenta de que iba a ser muy complicado poder recuperar la piedra ya que de un pisotón les mataba a los dos en tres segundos. El gigante levantó una gran piedra para lanzarla sobre nosotros y Sombra lo detuvo:

––Alto, alto. No queremos pelear contigo. Tan solo venimos a buscar algo nuestro que nos han arrebatado. Venimos a hacerte una propuesta. 

El gigante se detuvo y preguntó por la propuesta

Sombra se daba cuenta de que era imposible ganarle en un combate aunque fuese muy valiente. Tendría que utilizar algún truco para conseguir la piedra para el Hada. Se había comprometido a ayudarle y solo quedaba una oportunidad para conseguirlo.

––Señor Guardián, le propongo un intercambio. Esa piedra solo funciona para personas débiles como nosotros. Nos ayuda a combatir a nuestros enemigos poderosos pero usted es una gigante poderoso y no necesita ninguna piedra para vencerles. Con su fuerza es suficiente. A cambio de su generosidad, yo me pondré a su servicio hasta el fin de mi vida y podré ayudarle a conseguir con su fuerza grandes hazañas.

––No, no lo hagas, ––gritó el hada con gran tristeza.

Pero ya no había nada que hacer. El gigante se dio cuenta de que salía ganando ya que esa piedra a él no le servía de mucho pues ya tenía la fuerza de diez piedras como esa y le pareció bien el cambio y se quedó con Sombra como su ayudante de guerra. Y el Hada se marchó triste por haber perdido a su gran y leal amigo pero contenta por haber recuperado la piedra de Cristal consiguiendo así la paz en su reino del Lago.

El hada del Lago consiguió por fin que su reino no se viera atacado por las fieras del bosque. Sin embargo, todos los días, por la noche se le veía triste porque se acordaba de Sombra. Y, cuando aparecieron los hombres sobre la tierra, decidió darles a cada uno una sombra que les acompañaba durante todo el día, en honor a su amigo Sombra. Y por la noche, abandonaban a los hombres para reunirse con el Hada del Lago y consolarla.

Este cuento termina así, pero mis alumnos me pidieron que cambiara el final con la vuelta de Sombra junto al Hada del Lago porque se quedaban un poco tristes. Y es por eso que añado algo que no es real pero que podrán serlo si nos lo imaginamos.

Tras muchos años de servicio, el gigante guardián estaba muy orgullosos de Sombra, por lo fiel que había sido ya que, pudiendo escapar, nunca lo hizo. Un día, decidió darle la libertad y Sombra no dudó en volver rápidamente al reino del Lago, para ir a ver a su amiga el Hada. Cuando esta le vio aparecer, cambió su tristeza por una enorme alegría y organizó una gran fiesta en honor a su amigo leal con el que habían pasado enormes peligros sin separarse jamás.

A partir de entonces, las sombras, en honor a esa lealtad, nunca más se separaron de los hombres y aunque a veces no las podamos ver, siempre nos acompañan y nos ayudan.

¿Cómo eres tú con tus amigos? ¿Eres parecido a Sombra o te pareces más a uno de esos 50 valientes que prometieron no abandonar al Hada? Recuerda siempre que si a un amigo le prometes algo y luego, a la primera dificultad que surge, ya no lo cumples, posiblemente te vas a quedar sin amigos porque no eres leal. Le engañas, no cumples tu palabra y al final, no confiará en ti. Buscará a otro con el que pueda confiar.

En el fútbol, como en cualquier otro deporte de equipo, ser leal es fundamental. Miguel, un jugador de la primera división inglesa, jugaba en un equipo y destacaba por sacar los partidos adelante con sus goles. Empezó a hacerse famoso, la prensa lo nombraba bastante y, como metía muchos goles, se estaba acercando al máximo goleador de la liga. Era, sin duda, el jugador revelación de la temporada. 

Pero un día, el delantero del Manchester City, se lesionó gravemente. Ya no podría jugar más en esa temporada y el entrenador empezó a buscar un delantero para ficharlo. A los pocos días, se presentó en la casa de Miguel el presidente y el entrenador del Manchester: le ofrecían una cantidad de dinero astronómica, cinco veces más de lo que él ganaba en su equipo. Era tanto dinero que ninguna persona podía rechazarlo. Estaba claro que el Manchester necesitaba ese delantero para poder ganar la liga.

Estuvo meditándolo con su familia. No sé lo que tu harías en su caso pero quiero que te pongas en la piel de Migue y te preguntaras con sinceridad qué es los que harías: ¿dejar a tu equipo para irte al Manchester inmediatamente o seguir con el tuyo hasta el final de temporada sin traicionarles? Piénsalo y procura tomar una decisión pensando bien los pros y los contras.

(Tiempo de reflexión: vuelve a leerte la pregunta si no la has entendido y piensa ¿qué harías tu si fueras MIGUEL? y responde con sinceridad, no lo hagas por quedar bien con nadie)

¿Ya lo has decidido? Me imagino que, siendo un profesional, has elegido la opción más atractiva que es aceptar la oferta del Manchester City y jugar en un gran equipo y ganar mucho dinero. 

––Pero… y tus compañeros de equipo ¿qué? ––te pregunto esto por estar algo sorprendido de tu decisión tan egoísta.

––Bueno, que se fastidien. ––Respondes muy decidido. ––Yo he tenido la suerte de los campeones y ellos ya encontrarán un delantero que les saque los partidos adelante. 

En mi opinión, has tomado la decisión más egoísta y no has pensado en tus compañeros para nada. Sinceramente, hay muchas personas que tomarían esta misma decisión sin pensar en ciertas cosas como, por ejemplo, el compromiso que al principio de temporada tomaste con tu equipo. Piensa que tu eres jugador de tu equipo hasta que termines contrato y todo lo que sea romper el contrato es una falta de lealtad con tus compañeros y con el club que cuentan contigo para conseguir nuevas victorias. 

Te pareces a esos 50 valientes que prometieron acompañar al Hada en ese largo y peligroso viaje pero que se cansaron en el camino y le traicionaron. Si, creo que eres un traidor más. Una persona sin palabra con el que nadie puede confiar.

Por el contrario, puedes escoger el camino más complicado y menos atractivo que es rechazar la oferta del Manchester City y seguir con tu equipo hasta el final. Quizás tus compañeros, sorprendidos, te pregunten por qué no has aceptado la oferta y tu les responderás como Sombra:

––Prometí que te acompañaría hasta el final pese a los peligros que pudieran aparecer y así lo haré, cumpliré con mi promesa. Nada ni nadie me va a hacer cambiar.

Bueno, estas eran las dos posibilidades pero posiblemente querrás saber lo que hizo realmente Miguel en esta historia. Tras mucho tiempo pensando en qué es lo que debería hacer, rechazó la oferta del Manchester de forma ejemplar dejando claro que no cambiaría de equipo hasta que terminara la temporada porque él tenía un compromiso con sus compañeros de equipo y no les podía fallar ni por todo el dinero del mundo. 

Ciertamente esta respuesta fastidió mucho al Manchester City que no pudo contar con este gran delantero pero que sirvió para que miles de personas entendieran el significado de la lealtad.

Si te pones en la situación de los jugadores del equipo de Miguel, esta decisión les llevará a comprender con profundidad lo que significa la lealtad entre ellos. Todos han aprendido algo muy importante y muy practico: la lealtad es el pegamento que consigue que una amistad dure toda la vida. Porque si Miguel ha hecho esto por nosotros, yo intentaré hacer lo mismo por él. Nunca le fallaré porque él nunca me ha fallado.

¿Tú tienes amigos como Miguel? ¿Amigos que no te fallan nunca? ¿o son como los 50 servidores del Hada?: ante una pequeña dificultad, abandonaron. Si eres de los que traicionas, nunca tendrás amigos. Sí, posiblemente tengas personas en tu vida que te acompañarán una parte del camino pero si no son leales, al final te abandonarán, cuando surjan las dificultades.

Por eso te recuerdo que un amigo es un tesoro, el mayor tesoro que puedes tener en el mundo. No hay dinero que pueda superarlo. Y si es un tesoro, debes cuidarlo y protegerlo. ¿Cuidas a tus amigos? ¿Te preocupas de ellos?¿Te esfuerzas por no fallarles nunca? Piensa que quizá es el principio de una amistad que durará toda la vida.

¿No tienes un amigo así? Pues es urgente buscarlo. Pero piensa que los amigos se ganan a pulso. Si eres un egoísta, si no haces nada por los demás, si solo piensas en ti y en tus cosas, posiblemente quedes solo en la vida, la gente que pase cerca de ti, te abandonará porque no te ven leal.