Hace poco, recibí en el blog los comentarios de una persona que ha vivido todo el proceso de un futbolista consiguiendo llegar a jugar en tercera división. Le he pedido que nos narre con detalle lo que piensa del fútbol con la autoridad que le otorga su experiencia en este mundo. Muchos de vosotros tenéis hijos pequeños y empezáis esta “asignatura” que consiste en acompañar a vuestros hijos por estos campos de fútbol. Pienso que os será de mucho provecho leer estas ricas aportaciones:

Llevo ya mucho tiempo pensando en ayudar a los chicos y padres que creen que el mundo del fútbol es un “tiro seguro”, que es oro todo lo que reluce y nada más lejos de la realidad como bien sabrás.

Es un mundo lleno de obstáculos, dónde la persona es solo un pañuelo blanco en el que uno puede trazar bellos dibujos pero que,  cuando ha sido coloreado hasta el último rincón, pasa a ser arrugado y tirado a la basura, o apartado y guardado en el cajón más profundo del armario.

A veces ni siquiera se puede colorear hasta el final; a medio dibujo hay algo que no va bien y se decide tirar antes de tiempo. Y creo que eso es justamente lo que pasa con miles de chicos que deciden no continuar jugando a edades muy tempranas.

Los padres no son conscientes de lo frágil que es un “jugador”. Con 12 años todavía tiene que dar el cambio físico que permita saber si tu hijo tendrá ni siquiera una mísera posibilidad de competir con otros; y eso no pasa hasta los 16-18 años. Hasta esas edades no puede haber indicios de que el chico vaya a llegar.

Estoy harto de escuchar una frase que me tiene preocupado: mi hijo tiene condiciones. Y me pregunto yo: ¿Qué son condiciones? ¿A caso la cabeza bien amueblada no es una condición?

Me pone de los nervios la explicación que se da: el chico es extraordinariamente rápido, muy habilidoso, posee  un buen uno contra uno, es fuerte, va bien de cabeza; si tuviera cabeza… si entendiera el juego…

¡Eso me fastidia! No se suele “entrenar” la inteligencia futbolística;

y el mejor entrenador para eso es el entrenador. ¿O es que la “cabeza” no es una condición? Lo es, es la condición más importante; no es un extra como mucho gente quiere hacernos pensar; es la clave.

Los padres también deberían saber que su hijo, si tiene la suerte de no aburrirse y seguir trabajando, si tiene la suerte de poder llegar a los 18 años con opciones de continuar, va a tener que enfrentarse probablemente a personas que le van a intentar engañar desde el primer día: representantes, entrenadores, directivo, “compañeros y rivales” y por encima de todo a lesiones que le pueden dejar entrenándose solo durante meses, sin ni siquiera una palmadita en la espalda, a 600 km de su casa y su familia sin oportunidades para seguir creciendo.

Los padres necesitan saber que su hijo no va a ser profesional. No, no lo va a ser. No es una cuestión únicamente de trabajo duro y cualidades. Hay un montón de variables que se escapan de la lógica.

Deben saber también que le futbol es un mundo lleno de injusticias. Hay cientos de padres que se quejan de que su hijo no juega, y que hay otros que juegan en su posición que trabajan menos, se esfuerzan menos y son peores.

Eso son excusas, y si por lo que sea no lo son, es una buena manera de enfrentarse a la realidad.

Uno se puede cuidar, trabajar duro, esforzarse, ser cada día mejor, y no jugar, estar semi-apartado.

A diferencia del que no se esfuerza, no se cuida, sale 3 noches a la semana y viene a entrenar sin haber dormido; y ese, inexplicablemente, pasa por delante de ti, incluso llega a ser profesional y a poder vivir del futbol toda la vida.

Quizás sea injusto; pero ¿es que acaso la injusticia no forma parte constantemente en nuestras vidas, en muchos ámbitos distintos?

Los padres también deben saber que jugar en 2ª, 2ª b o 3ª no te hacer vivir del futbol. Ni siquiera jugar en primera. Solo el 10%-15% de jugadores que llegan a primera división podrán vivir toda su vida del futbol.

Eso nos deja unos porcentajes prácticamente nulos a la mayoría de chicos que empiezan (0,01? O menos). Con lo cual tiene unos posibilidades parecidas a tocarte la lotería de navidad.

Y sobre todo, los padres deben saber que los hijos copian comportamientos de sus primogénitos. Si te ven faltando al respeto a otros compañeros, a árbitros, a entrenadores; se van a quedar con eso.

Y sino, ¿Qué patrones siguen los chicos de hoy en día? Lo que ven de los mayores, de la televisión. Si un jugador si tira al suelo para perder tiempo, si otro jugador no le tiende la mano al entrenador cuando es substituido, si hacemos el corro de la patata a un árbitro porque creemos que se ha equivocado…

¿No es suficiente con lo que vemos por la tele? Los padres tenemos la capacidad de hacer ver a nuestros hijos que eso no es lo que se debe hacer; que eso es un mundo muy lejano y que la realidad de la vida no está ahí.

La realidad está en respetar a todo le mundo porqué a lo largo de la vida conoces a mucha gente que puede ser importante para ti más adelante, y pueden ser oportunidades desaprovechadas (parejas, trabajo, amistades, aficiones…).

 Roger Matamala