• Somos la causa de los miedos de nuestros jugadores.

Los entrenadores tenemos mucho que ver en todo esto. Quizá los miedos de nuestros jugadores son debidos a nuestra actitud en los partidos. Tanto grito y tanta exigencia les bloquea completamente. Debemos pensar en la sensibilidad de un niño. Necesita algo de autoestima. Esa mirada de confianza, esa palabra de ánimo, pueden conseguir desbloquear por completo esos miedos escénicos de nuestros jugadores.

Hoy mismo me comentaba un padre que tiene un hijo portero en alevín preferente que al principio del partido ha tenido un fallo garrafal y ha sido gol. No ha podido superarlo y durante el partido ha estado completamente ido.

El niño le ha comentado a su padre que no quiere seguir en el equipo porque tiene pánico a volver a fallar en el siguiente partido. Un nuevo exterminador deportivo rondando por el fútbol base. O conseguimos que se transformen en formadores o terminarán aniquilando el fútbol base.

Lo conozco muy bien y es un portero extraordinario, con una gran técnica pero el ambiente de estas categorías es tan agresivo que mata deportivamente a los jugadores.

  • Los entrenadores también tenemos nuestros miedos. 

Miedo a no dar la talla como entrenador, miedo a que nos echen del club por no conseguir buenos resultados, miedo a hacer el ridículo en los campos. Y esos miedos pueden bloquearnos también. En lugar de intentar superarlos con esfuerzo, podemos limitarnos a no salir de nuestra zona de comodidad.

Muchos entrenadores no queremos complicarnos la vida y vamos a lo más sencillo o directo en lugar de tomar el camino más largo de la formación.  Estos son algunos de nuestros miedos:

    • Miedo a centrarnos en los jugadores y en su aprendizaje y no tanto en los resultados
    • Miedo a dedicarle tiempo a planificar para potenciar el aprendizaje en lugar de improvisar tanto
    • Miedo a generar un ambiente de aprendizaje entre los jugadores y no tan competitivo
    • Miedo a utilizar la evaluación como herramienta principal para regular el proceso de aprendizaje en lugar de la intuición
    • Miedo a sorprender siempre a tus jugadores en lugar de aburrirles.
    • Miedo a confiar en ellos en lugar de subestimarles constantemente
    • Miedo a apoyarte en los padres como elemento esencial de su proceso de formación en lugar de alejarte de ellos.
    • Miedo a esforzarte por que te vean como un líder en lugar de ser un dictador

Estos son algunos de nuestros miedos como entrenador. Nos sentimos más seguros gritando, mandando, ridiculizando, improvisando… Sabemos que no es lo mejor pero somos incapaces, tenemos miedo de dar el paso hacia la excelencia como entrenador y vamos a lo fácil.

Lo otro es complicado. Los resultados no se notan a corto plazo, hay que tener mucha paciencia y eso es peligroso. Nos la jugamos y tenemos miedo, mucho miedo a dar el paso.

El tema es que procuramos no manifestarlo delante de los demás pero es así. Cuando nos lo planteamos, nos da pánico y empezamos a poner excusas para engañarnos y convencernos de que es imposible, que no tengo el coraje ni el empuje ni la paciencia ni las cualidades para poder dar ese paso que me haría un mejor entrenador, sin duda.

Y nos entra el pánico y terminamos siendo uno de esos entrenadores vulgares que existen en nuestro futbol base que no hacen más que buscar los tres puntos del partido y lo demás no nos interesa para nada. Nos obsesionan los resultados inmediatos y todo vale para conseguirlos.

Se ha producido la muerte del entrenador: sin compromiso, sin preparación, desorganizado, intolerante, dictador, sin recursos. Se ha convertido simplemente en un ganador de puntos.

  • Superar esos miedos con esfuerzo, vale la pena

Existe la otra cara de la moneda que es el entrenador que siente miedo ante su enorme responsabilidad pero no se deja dominar por ese temor. Lo controla y consigue ponerse en el lugar de sus jugadores comprendiéndoles mejor, les escucha, les sonríe, se preocupa de ellos, les motiva, los conoce a fondo, les exige con cariño y saca de ellos lo mejor que tienen.

Este es el reto, no nos debe asustar lanzarnos al abismo para conseguirlo porque el esfuerzo vale la pena.