Muchos niños no rinden en el deporte porque su entrenador lo bloquea con su actitud.

Ha terminado el partido y el entrenador está muy enfadado con algunos jugadores del equipo porque no están dando el rendimiento que debieran. La culpa suelen llevársela los jugadores, el árbitro y quizá algún padre que otro. Sin embargo, pocas veces se oye decir que la culpa es del propio entrenador.

Es completamente cierto lo que estoy insinuando. Si un jugador no rinde en un partido es culpa del entrenador siempre. Y si somos capaces de reconocer esto, entonces estamos seguros de que ese equipo acabará funcionando.

¿Qué he hecho yo para conseguir que cada uno de mis jugadores rinda al máximo? ¿Qué hago o cómo actúo cuando un jugador no me rinde? ¿Lo desplazo? ¿Le retiro mi confianza? ¿le grito? ¿le ridiculizo delante de todos? ¿le corrijo con excesiva fuerza? 

Hemos de ser capaces de tratar a cada jugador de forma distinta según las necesidades y sensibilidades de cada uno. Lo que no puedo hacer es gritar cada vez que alguien hace algo mal. Lo que no se puede hacer es exigir por encima de sus posibilidades.

Recuerdo aquel gran jugador de 11 años que tenía tanto miedo de su entrenador que se escondía cuando él llegaba y que quería dejar el fútbol por esa razón. ¿Cuántos chicos dejan de jugar al fútbol porque los entrenadores no sabemos tratar adecuadamente a los jugadores?

–”A mi me gritaba el entrenador y lo aguantaba perfectamente”–replica un entrenador.

Este es el típico argumento del entrenador sin escrúpulos. El que intenta aplicar lo que hacían con él sin darse cuenta que son niños. Cada uno con una sensibilidad distinta. Lo que a uno le va bien, a otro le destroza. 

Hay entrenadores que no hablan con sus jugadores si no es para reprocharles sus fallos. No existe una comunicación con ellos y, llega un momento en que pierden la confianza en sí mismos. Llegan a pensar que son malos porque el entrenador nunca está satisfecho con él. Porque no encuentra un apoyo en la persona que debe confiar en él.

Incluso los niños más inteligentes se dan cuenta de que, lo único que le interesa a este entrenador es ganar. Ellos son simplemente instrumentos para conseguir, como sea, el triunfo. De ahí la desesperación cuando fallan sus jugadores. 

Quizá, el entrenador no se da cuenta de que tiene que tener un poco más de paciencia y en lugar de apuntar cuantos tiros a puerta se han realizado, cuantos minutos ha jugado cada pieza del equipo, cuantas pérdidas de balón se han efectuado  en el medio campo, debe anotar en un cuaderno de oro cuántas veces ha felicitado a ese jugador que tiene etiquetado como malo y cuántos consejos le está dando, cuantas sonrisas le ha proporcionado y cuanta esperanza le está contagiando.

Posiblemente no sabe que el éxito de un entrenador no es conseguir muchos puntos sino sacarle el máximo rendimiento a cada uno de los jugadores con los que cuenta al inicio de la temporada. Como consecuencia de esto, llegarán los buenos resultados. Sin embargo, el camino fácil es el adverso, utilizar jugadores que rindan al máximo para obtener tu victoria. Si uno no rinde, se va fuera porque no Me sirve para obtener Mi victoria.

Entrenador que me estás leyendo: 

No les grites, ten paciencia, felicítale por su esfuerzo aunque falle, sonríe, exígele al máximo de sus posibilidades y apóyale cuando está a punto de caerse. 

 Confía en él, ten fe en él. Enséñale todo lo que tu sabes y algo más. Evalúa tu trabajo para conseguir que cada jugador rinda al máximo. Verás que en poco tiempo, te lo devolverá con creces.