Mi hijo se pone nervioso y se bloquea en los partidos…
 
 
Pedro es un jugador con unas enormes condiciones físicas y técnicas. Posee un gran cambio de ritmo que le permite dejar atrás a sus adversarios. Su disparo a puerta es extraordinario, con potencia y precisión, tanto con la pierna izquierda como con la derecha. Ha adquirido una gran técnica individual  y tiene tan solo 12 años. Es un jugador con una proyección extraordinaria
 
Sin embargo, no sabemos qué le pasa porque en los partidos hay siempre una enorme expectativa ya que es uno de los jugadores más destacados del equipo pero no rinde ni un 40% de sus posibilidades. Se bloquea y no es capaz de realizar nada de los que le vemos en los entrenamientos. 
 
Puede ser un día malo pero, como se repite una y otra vez, nos damos cuenta de que algo le pasa. No está enfermo, se alimenta bien, va bien en los estudios, su familia le apoya correctamente…El problema está en él mismo.
 
Dedicamos un tiempo a analizar su juego. Él nos comenta que sale nervioso porque quiere demostrar que lo sabe hacer bien. 
 
¿Sabrá aguantar la presión de la competición? 
 
Hemos podido analizar su comportamiento en el campo. Gracias a la tecnología, hay instaladas en los campos unas cámaras que graban de forma automática los entrenamientos y los partidos con lo que podemos visionar con calma sus vídeos.
 
Tras analizar varios partidos y entrenamientos llegamos a la conclusión de que Pedro:
 
  1. En muchas ocasiones tiene opción de disparo pero duda y lo cambia por un pase.
  2. Sale al inicio con bastantes ganas pero, con frecuencia, se queda en actitud pasiva, sin intervenir en las jugadas
  3. En situaciones de partido, toma decisiones erróneas que no realiza en los entrenamientos porque pierde la concentración en lo que está haciendo.
 
¿Qué le está pasando a Pedro? ¿Es realmente un problema de nervios?
 
Hablamos con Pedro que reconoce que efectivamente se pone nervioso en los partidos. Le hacemos ver en el vídeo las decisiones y la actitud que toma ante esas situaciones complicadas en las que tiene que ser más valiente. Sabe lo que tiene que hacer pero no lo hace porque siente la presión del fallo, del error. 
 
Le hacemos ver que el problema no está en los nervios sino en los cambios que realiza cuando siente ese miedo. Ese es el problema que tiene Pedro: cuando se siente en situación real de partido, por miedo a fallar, cambia su forma de jugar por otra mucho más conservadora. No aprovecha todo el potencia que tiene y se transforma en un jugador diferente, sin pegada.
 
Por este motivo, no sale con decisión a desbordar al contrario, prefiere pasar aunque tiene opciones de tiro y se borra del partido en muchas ocasiones. Siendo el jugador que puede ser, el entrenador toma la decisión de sentarlo en el banquillo por bajo rendimiento.
 
–Pedro, has de ser valiente y no cambiar de actitud cuando sientes ese temor a fallar. Como si fuera un entrenamiento más, el equipo cuenta con tu talento y no debes esconderte. Sácalo  a relucir desde el primer momento. Te necesitamos sin dudas y sin miedos.
 
Pedro, poco a poco, ha aprendido a competir con la presión. Se va dando cuenta de los cambios que introducía en los partidos con respecto a los entrenamientos y ha ido corrigiendo estas situaciones tomando la decisión de seguir igual, sin miedo al error. 
 
Aunque mi cabeza me pide cambiar mi conducta, he de mantenerme firme en mi estilo de juego, confiar que lo puedo conseguir a pesar de que surgen los nervios y el miedo.
 
Desde que juega así, Pedro ha empezado a rendir de forma considerable. Como es un niño, hay que seguir trabajando con él  y reforzándole porque sigue teniendo sus miedos. Le va muy bien ese refuerzo positivo: le reconocemos su valentía a la hora de tomar decisiones adecuadas sin dejarse presionar por el miedo; le demostramos, de esta forma, que su rendimiento es mayor cuando se mantiene sin cambios a pesar de los nervios.
 
Son bastantes los mensajes que recibo de padres que no saben cómo solucionar el problema de su hijo que no juega como entrena o que ha cambiado de equipo y no rinde como antes. Quizá este caso real pueda serviros para ayudarle o como mínimo para sacar ideas interesantes.
 
Hay que tener en cuanta que los niños son mucho más débiles que las personas maduras y pueden detectar presión o miedo por muchos motivos y eso les bloquea en su rendimiento habitual. 
 
  1. Hay niños que quieren hacerlo muy bien y no quieren decepcionar a sus padres o entrenadores y salen al campo con miedo a decepcionarles.
  2. Hay padres que con sus comentarios antes, durante y/o después del partido, ejercen una fuerte presión a sus hijos sin darse cuenta o sin quererlo directamente (porque lo que desean es ayudarles)
  3. Hay entrenadores que son muy exigentes y se olvidan de la diferente sensibilidad de los niños y algunos salen al campo muy nerviosos.
  4. Muchas veces nos olvidamos que están en un proceso formativo y que no son tan importantes las victorias. El niño entiende, por lo que se le comenta, que solo hay una posibilidad en este equipo: ganar y ganar. 
Voy a hacer exactamente lo mismo que he hecho miles de veces en el entrenamiento