ser valiente

Si somos coherentes con lo que siempre hemos dicho, el entrenador es la clave para conseguir que nuestros hijos puedan llegar a ser buenos futbolistas y buenas personas.

Si somos coherentes con lo que pensamos, hemos de dirigir todo nuestro esfuerzo a formar muy bien a estos entrenadores, que tienen en sus manos el futuro de nuestros hijos.

Si somos coherentes con lo que hacemos, dedicaremos mucho tiempo a preparar bien a los entrenadores, que son la clave de todo. Ellos son los que están en continuo contacto con nuestros hijos y los que más influencia pueden tener sobre ellos, después de sus propios padres, como es natural.

Tras más de 40 años de experiencia en el mundo de la enseñanza deportiva, me he visto en la obligación de escribir todo aquello que yo mismo he experimentado, y que puede servir para mejorar a nuestros entrenadores. Esta es mi pequeña aportación a la sociedad, para transformarla en algo mejor, si es posible. He dedicado mucho tiempo a escribir cada uno de estos pequeños artículos, pero, cuando lo hago, me imagino a tantos entrenadores del mundo que los están leyendo, como si se los contara al oído. Me imagino que les estoy susurrando tantas vivencias:

—Sí, yo era uno de esos entrenadores inexpertos que me creía algo en el mundo por el hecho de llevar un equipo de niños.

—Sí, yo era, igual que tú, un entrenador gritón y antipático que buscaba ganar, como único objetivo de mi trabajo.

—Sí, yo era aquel entrenador tramposo que hacía lo que fuera por ganar los partidos.

—Sí, yo era un entrenador que improvisaba mis entrenamientos, que buscaba ser el protagonista principal de los partidos y que no dejaba pensar a mis jugadores porque no confiaba más que en mí mismo.

—Sí, yo era un entrenador que tenía jugadores favoritos y despreciaba a los más patosos porque no podían darme lo que yo quería.

Pero un día, una persona que me quería y que sabía mucho más que yo, me hizo ver que yo no era feliz así, que era un egoísta y que estaba perdiendo la oportunidad de ayudar realmente a esos jugadores que tenía a mi cargo.

Por otra parte, mi fama había subido muchos peldaños. Era reconocido como un gran entrenador y la gente se acercaba a mí e imitaba mi forma de trabajar. ¡Qué más podía soñar!

Sin embargo, yo no era feliz. Había algo que me decía que no estaba bien lo que hacía, pese a los aplausos que constantemente recibía. Decidí hacer caso a ese amigo que me insistía en que el centro de mi trabajo había que desplazarlo y dirigirlo a mis jugadores. Pensar solo en ellos y en cómo mejorarlos me convertiría en una persona verdaderamente feliz en mi trabajo como entrenador.

Y así fue cómo cambió mi forma de entrenar. Y esa es la razón por la que escribo este blog. Porque si hay algún entrenador que está pasando por este mismo trance y quiere ser feliz con su trabajo, quizá lo que he escrito pueda servirle como apoyo para cambiar definitivamente.

Es verdad que el fútbol profesional está estropeando el fútbol formativo, pero aquí estamos para no permitirlo. Hemos de ser valientes para hablar en voz alta y afirmar que no vamos a ceder ante el chantaje del fútbol competitivo. Vamos a dejar claro que ser entrenador de jóvenes jugadores exige, por nuestra parte, un enfoque completamente distinto, centrado en nuestros jugadores y no tanto en la competición.

No podemos fallarles a todos esos jóvenes y niños que esperan de nosotros algo más que ganar partidos. Sería un engaño y una estafa por nuestra parte dedicarnos a competir, sin tener en cuenta que el principal objetivo es formar.

Es verdad que los modelos profesionales están haciendo mucho daño a nuestros jóvenes, porque son pocos los que pueden ayudar con su ejemplo. Por este motivo, nosotros hemos de ser su modelo; porque ellos lo necesitan, lo buscan y muchas veces no lo encuentran.

Es verdad que hay entrenadores de fútbol base a quienes la competición les ha obsesionado de tal forma que la convierten en un fin donde todo vale, con tal de ganar. Pero eso nos debe animar a seguir hablando en voz alta para que esta situación cambie. Es posible hacerlo, yo era un o de ellos y algo cambié, gracias a un amigo que se preocupó por mí en los momentos de mayor auge profesional. Y, a su vez, yo he intentado ayudar a otros, procurando transformar su forma de ver las cosas. Esto es una cadena donde uno va cambiando a otro, hasta el infinito. Todo es posible, con tal de que nos lo propongamos en serio.

Hemos de estar convencidos de que lo que hacemos es para bien de los niños que practican este deporte.