Cuando nos planteamos llevar a nuestro hijo a un club para que empiece a practicar su deporte favorito, lo primero que hemos de tener en cuenta es cómo organizarnos los padres para poderle acompañar durante su práctica deportiva. Es un sacrificio muy grande ya que al tratarse de un tiempo muy corto, no podemos normalmente dejarle y volver luego para recogerlo. Son dos o tres horas que invertimos en nuestro hijo.
De todos modos, hay mucha variedad con respecto a los padres. Hay unos que los llevan al campo y como viven cerca, se van y luego vuelven a recogerlos, otros esperan a que acabe el entrenamiento leyendo un libro, trabajando con el ordenador o charlando con los amigos. Queremos hablar de aquellos que se sientan junto al campo donde entrena su hijo observando la sesión de forma crítica.
Tu comportamiento en estos momentos va a influir de forma decisiva en el entrenamiento de tu hijo si, por ejemplo, terminado el entrenamiento, le comentas a tu hijo aspectos que no te han gustado del entrenador o de algunos jugadores, creando un grave conflicto de relación con el equipo.
Durante los entrenamientos, los padres tenemos mucho tiempo para hablar entre nosotros. Es importante que sepamos hablar de muchas más cosas que no son los entrenamientos y partidos del equipo. En muchas ocasiones, sin darnos mucha cuenta, empezamos a sacar nuestro espíritu crítico con respecto a la organización, al entrenador o a jugadores del equipo y acabamos metiendo la pata ofendiendo o dejando mal a alguna persona. Estas situaciones provocan también rupturas en las relaciones entre los padres que afectan a los hijos, al equipo.
En una escuela de futbolistas te proponemos que durante los entrenamientos te muestres tranquilo para que el entrenador y los jugadores puedan trabajar concentrados en los ejercicios programados. No hables con tu hijo, no le des consejos de cómo debe entrenar. Ya está el técnico para eso. Limítate a ser padre y no te metas en el trabajo de los demás.
Cuando estés con otros padres, se siempre muy positivo y comprensivo con los errores de los demás para fomentar siempre la unión entre los que forman parte de la entidad.
Debes disfrutar del entrenamiento como un espectador neutral. Pasa desapercibido en todo momento, que no noten tu presencia. Le estarás ayudando mucho a tu hijo si consigues aislarte de lo que ocurre en el campo.
Nunca juzgues la actuación de los entrenadores ni de los compañeros de tu hijo porque, recuerda, son compañeros y no compiten entre ellos para demostrar quién es el mejor. Son un equipo que debe estar unido para poder superar con esfuerzo metas altas y con tu actuación estás provocando fisuras en lugar de unidad. Si contradices al entrenador o a algún jugador, puedes crear un conflicto que rompa todo el trabajo que se está realizando en el equipo.
Comprensión, objetividad y educación son las tres cualidades que debe adoptar un padre cuando acude a los entrenamientos de su hijo. Comprensión porque hay que entender a los demás, no todos piensan igual que tú. Objetividad porque no siempre nuestro hijo es el mejor o el que más se esfuerza aunque a nosotros nos lo parezca. Y educación porque los padres hemos de dar ejemplo a nuestros hijos con nuestro comportamiento. Es una grave responsabilidad que tenemos.