Hijos que no crecen como futbolistas

Jorge viene de Lugo a la Fundación Marcet y tiene unas condiciones óptimas para la practica deportiva. Durante un año hemos trabajado con él a fondo. Los resultados después de un año muy intenso son insuficientes y desproporcionados considerando todo lo que se ha hecho con él. De todos modos se puede apreciar una mejoría grande en cuanto a la técnica adquirida.

¿A qué puede deberse una situación así? ¿Por qué un niño con grandes condiciones no mejora lo que debe? Normalmente no hay una respuesta exacta a esta pregunta ya que se supone que existen diversos factores que han condicionado el desarrollo del niño.

Los padres somos un factor fundamental en el rendimiento de un jugador. Nuestra postura es determinante e influye decisivamente en nuestro hijo sin darnos cuenta o sin desearlo. Quiero decir con esto que muchos padres que piensan que lo están enfocando bien, que no se meten en nada importante, sin darse cuenta, están influyendo negativamente en su progresión.

Normalmente, cuando les haces ver que su actitud con respecto a su hijo está produciendo un efecto negativo, te comentan:

–Pero si yo no le digo nada.

–Habría que verlo, le respondemos. Sin embargo, tu hijo se fija no en lo que le dices sino en lo que haces.

Te ve nervioso antes, durante y después del partido y eso influye mucho en su rendimiento porque no te quiere decepcionar. Se da cuenta, sin que tu se lo digas que es demasiado importante lo que va a jugar y sin quererlo ejercemos sobre él una presión bestial.

Hay niños que prefieren no seguir jugando para recuperar al padre que han perdido. Desean hablar de otras cosas, tener una relación con su padre alejado de la presión que se ha creado a través del fútbol. Lo llamo presión pasiva porque no la ejercen los padres de forma voluntaria sino que nace inconscientemente de la situación creada alrededor de su hijo y su deporte.

Existe otro tipo de padre muy frecuente en el fútbol base actual. Es el padre que no acepta el nivel del niño y que siempre quiere que su hijo juegue por encima de sus posibilidades. Muchos de estos padres van paseando a su hijo de club en club despreciando al último donde han estado porque no han sabido apreciar lo que realmente vale su hijo.

Es muy complicado ser objetivo con nuestro propio hijo y por eso nos cegamos de tal forma que llegamos a tener unas actuaciones que llegan a ser incluso ridículas. Enfados llevándose al hijo a casa en pleno partido, gritos pidiendo la baja inmediata y montando un pequeño número de circo delante de todos los presentes, amenazas a los entrenadores, etc.

El niño, que está a gusto en el lugar donde juega, que se ha adaptado a las circunstancias, que se da cuenta que tampoco es tan bueno como él pensaba, de repente se ve trasladado a otro ambiente diferente donde tiene que empezar de nuevo todo. La poca objetividad del padre provoca una situación de inestabilidad en el niño, de poca seguridad que, en lugar de ayudarle a seguir creciendo, lo limita enormemente.

Muchas veces son las búsquedas de categorías. Piensan que cuanto más nivel tenga el niño, mejor jugador será. Y esto no son matemáticas. El niño debe estar en la categoría que le corresponde que muchas veces no tiene nada que ver con la que el padre piensa que se merece. Vemos frecuentemente niños que juegan muy forzados en categorías demasiado altas para ellos,  que lo pasan muy mal y no progresan.

Cuando los pasas a la categoría que les corresponde, entonces, el niño empieza a recuperar su confianza en sí mismo y a crecer como futbolista. !Qué daño les estamos haciendo con estas ridículas intervenciones! Como si mi hijo fuera un juguete con el que yo me divierto. Comprendo que todo esto es complicado y que ser padre es algo que se va a prendiendo. Por este motivo intentamos dejar por escrito estas actitudes que pueden identificarse en tu persona, la que está leyendo este artículo y pueda, de alguna forma, ayudarte a cambiar de actuación por el bien de tu hijo y de su deporte.

Muchos padres han reconocido su error y han agradecido el que hayamos tomado este tipo de medidas con su hijo. Ahora se dan cuenta de que su hijo necesitaba quitarse esa presión de encima. Y ahora el niño crece, sonríe, disfruta…es feliz. Y nosotros, doblemente felices al verlos así.