Para un deportista, los errores y las derrotas son motivo de aprendizaje. Los buenos deportistas son aquellos que aprenden de sus errores y no vuelven a cometerlos una segunda vez porque tienen el habito de analizarlos y corregirlos inmediatamente.
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El futbol formativo tiene enterrado en la profundidad del olvido el tesoro del ERROR,  desaprovechando sus muchas ventajas. La culpa la tiene ese modelo de competición basado únicamente en conseguir  como sea la victoria. No nos damos ni cuenta del daño que estamos produciendo a nuestros hijos y a nuestros jugadores con esta actitud desmesurada que cada fin de semana contemplamos en los campos de fútbol.
 
Sí, efectivamente. Ese tesoro se llama error. 
 
El error me ayuda a avanzar si soy capaz de detectarlo,
corregirlo y aprenderlo para convertirlo en la siguiente actuación en un acierto. 
 
Solemos medir al deportista según las victorias conseguidas: el que gana es el que va por el buen camino y nos olvidamos del que pierde. Sin embargo, no nos damos cuenta de que el trayecto del joven deportista es muy largo y, posiblemente, el que estaba perdiendo puede llegar al final mejor preparado que el que iba ganando.
 
Tenemos un equipo que lo está ganando todo. No tienes más que ver la cara de satisfacción de los padres y el orgullo de los chicos. Van a los entrenamientos con un aire de campeones que me llega a preocupar. Uno puede llegar a pensar que han alcanzado la cima cuando no han hecho más que comenzar.
 
¿Qué está pasando con este equipo? Analizándolo con objetividad, te das cuenta de que sus jugadores poseen un nivel más alto que la media de los otros equipos con los que juega y el resultado es humillante en cada partido. Ganan por goleada sin necesitar esfuerzo. ¿Es esta la mejor situación para un aprendizaje? Para ellos, no existe el error y esto es un problema grande.
 
Para muchos clubes, este es el único objetivo que se persigue. Ganar por encima de todo. Hablan de formación pero en realidad no importa si se aprende o no. Lo que hay que hacer es ganar. Si ganas es que haces las cosas bien y si pierdes es que lo haces mal. 
 
Las victorias continúan en este equipo y, en una ocasión, pasando por delante de los padres se me ocurrió decirles que esperaba pronto una derrota. Ellos me miraban alucinados comentando que eso no lo entendían. ¿Cómo puedo desearles una derrota?
 
¿Qué pasará cuando el equipo empiece a perder? No ha cambiado el entrenador ni los entrenamientos ni los jugadores. ¿Empezarán las quejas, las excusas, las críticas a tal persona? Estos chicos no están aprendiendo nada este año porque aparentemente no existen dificultades, no existen errores. Todo marcha a la perfección y si avanzan es muy poco.
 
Cuando un equipo gana, tiene el peligro de que sus jugadores se olviden rápidamente de sus errores. ¿Para qué voy a cambiar si con lo que hago ganamos fácilmente? ¿Para que me voy a esforzar más si esto es suficiente? Somos muy buenos, no nos gana nadie.
 
En la misma entidad hay un equipo con jugadores de mucha calidad que participan en la liga más complicada del mundo y que llevan muchos partidos sin ganar. Hay algo o muchas cosas que no funcionan. El equipo técnico y los propios jugadores analizan día a día sus errores, reflexionan y ponen todos sus esfuerzos por mejorar en los entrenamientos aquellos aspectos detectados. 
 
¿Os dáis cuenta de la diferencia? 
 
En este segundo equipo, se han descubierto conceptos tácticos erróneos, divisiones entre los propios jugadores, algunos están pasando un mal momento, las relaciones entre los padres se están deteriorando…Estos chicos tienen la oportunidad de cambiar muchos aspectos de su deporte con esfuerzo y dedicación. Tienen, en sus errores, un tesoro que les llevará a crecer como personas y como deportistas. 
 
Quizá todo esto puede entenderse mejor con un pequeño ejemplo. En el fútbol base cada vez se aprecia más el jugador corpulento porque inicialmente es más efectivo en un equipo y ofrecemos muy poco margen de confianza a los jugadores pequeños. Sabemos que en el fútbol infantil, si quieres ganar, el primer factor para la elección de jugadores es su talla física y su corpulencia. Los entrenadores que buscan solo ganar, cuando se presenta un jugador enorme, se les abren los ojos y no dudan en adoptarlos para su equipo. 
 
Los jugadores pequeños son mal vistos porque les falta fuerza para disparar, son derribados con facilidad, no pueden vencer en el juego por alto. La fuerza y la potencia de los jugadores corpulentos marcan la preferencia en las competiciones de alto nivel infantil. 
 
En realidad, estos jugadores más pequeños juegan con ventaja porque el camino es muy largo. Y mientras ascienden por esta ruta, van analizando la razón por la que han perdido ese balón y corrigen y prueban y al final ese grandullón no es capaz de quitarles la pelota pese a ser superior físicamente. 
 
Los grandullones ganarán fácilmente y destacarán por el momento por su potencia física. Pero, con el tiempo, esos cuerpos y esa fuerza se igualan y ¿quién estará más preparado? Aquel que ha tenido que esforzarse más.
 
El jugador de gran tamaño gana con facilidad y destaca sin casi realizar esfuerzos. Lanza desde lejos con mucha potencia, desplaza a sus rivales con un pequeño contacto, llega a todos los balones con un par de zancadas. Son jugadores que tienen la desgracia de no poder crecer tanto como los pequeños porque no ha tenido que esforzarse. No tienen errores aparentemente porque su situación es muy ventajosa.
 
El jugador pequeño debe enfrentarse a dificultades grandes para desbordar a uno más rápido que él y eso le va capacitando para conseguirlo mediante una buena colocación en el campo. Tiene que realizar un esfuerzo muy grande para no perder el balón ante un adversario que le dobla en fuerza y esta situación hace que aprenda a dominar algunos secretos de la protección de balón que le servirán en el futuro. No podrá lanzar la pelota con tanta potencia y tendrá que mejorar su precisión para colocar el balón en la portería de forma magistral y eso le va a permitir estar mucho más preparado en el futuro que el que únicamente lanza con potencia.
 
Como vemos, son muchas los beneficios  que podemos obtener en una situación en la que estás de inicio en desventaja. Es cuestión de tener claro el objetivo que te marcas:
 
Aprender para ganar o ganar sin aprender.
 
Desde hace unos años, decidimos colocar a los prebenjamines en una categoría superior porque en su propia categoría ganaban fácilmente y podíamos decir que era un año perdido en cuanto a su formación. 
 
Los que buscan ganar, ni por asomo se les ocurre esta posibilidad. Los padres empiezan un poco molestos por la situación ya que la diferencia de tamaño en estas edades es llamativa. Son partidos en los que ves a nuestros pequeños jugadores bien colocados, moviendo el balón de un lado a otro intentando jugar al fútbol frente a unos gigantes (algunos dos años mayores que ellos) que les superan en fuerza y tamaño. 
 
Poco a poco, los padres van entendiendo que el resultado no importa ya que no tiene comparación lo mucho que este año pueden aprender. Salen curtidos y preparados para jugar el siguiente año contra equipos de su misma edad y parece que vuelan.

 

Un error es una nueva oportunidad para volver a intentarlo
con más conocimientos que la primera vez.