Futbolistas profesionales del juego y de la ilusión

 

Los niños son unos profesionales de la ilusión y no hay nada más atractivo para ellos que el juego. Si les ofreces motivos para esforzarse son capaces de comerse el mundo alcanzando metas increíbles.

Una conocidísima marca de cromos nos envía cada año una caja con cromos de la nueva colección de la liga de fútbol. ¿Qué hacemos con esto? ¿Habrá que regalarlo a los niños?
No te puedes ni imaginar la cara que pusieron los jugadores más jóvenes cuando me vieron aparecer con los cromos en la mano. Me recordaba a esas largas colas de aficionados esperando a que salgan los jugadores del primer equipo para que les firmen un autógrafo. La misma cara de ilusión, ni más ni menos.

Cuando observé la fuerza y la atracción que tenían los cromos, pensé en cómo aprovechar esas energía de forma positiva. Ya había corrido la voz de que en el despacho se repartían sobres. Los chicos, después del entrenamiento sabían que tenían premio seguro.

Al principio les decía que era un premio para aquellos que habían entrenado bien. Pero me di cuenta de que podía conseguir algo más y es en ese momento cuando se me ocurrió algo que quiero contaros y que se ha convertido en un auténtico bombazo.

Si los cromos despiertan tal entusiasmo, ¿por qué no aprovecho para plantearles objetivos pequeños a cambio? Una pequeña meta con tiempo para conseguirlo hasta el siguiente día de entrenamiento. Simplemente han de poner un poco de esfuerzo. De esta forma consigo incentivarles para que adquieran hábitos interesantes.

Los chicos van llegando gota a gota, nunca de golpe, los que se duchan más rápido son los que antes llegan y luego, poco a poco, el resto. Eso me permite poder tener un pequeño dialogo de medio minuto con cada uno de ellos.

Tomo un sobre de la caja y se lo pongo delante mientras le comento:

–¿Serás capaz de dejar toda la ropa doblada dentro de la bolsa a partir de ahora?

El niño se lo piensa (sabe que es un reto complicado) y al final, observando el sobre dorado lleno de colores atractivos, dice que sí. Le miro a los ojos y le recuerdo que es un compromiso que adquiere y que espero que lo cumpla.

Inmediatamente le doy el sobre que no tardaba ni un segundo en ser abierto por sus pequeñas manos mientras exclama con los ojos brillantes de emoción:

–!Un super crac !!!!! qué suerte– mientras los demás le miran con sana envidia.

Uno a uno van pasando, recogiendo su recompensa y comprometiéndose a cumplir con su objetivo de la semana. Todos salen contentos y motivados con la idea de cumplir con su promesa porque los niños tienen eso, son muy sencillos y, lo que prometen, lo cumplen o por lo menos lo intentan.

La semana siguiente, los niños acuden a por su sobre de cromos, con la bolsa de deporte en una mano, satisfechos por haber cumplido a la perfección con su objetivo. No tardo ni un segundo en felicitarles y mostrarles mi alegría por su deber cumplido. No hay duda que hay conexión total gracias a un producto atractivo y muy bien elaborado al que se ha sabido darle un enfoque adecuado para incentivar la formación del jugador.

Pero igual que ellos son insaciables y desean más sobres con cromos, yo también les voy exigiendo nuevas metas asequibles y atractivas que se presentan ante ellos como nuevos retos.

Termina el entrenamiento y de nuevo van llegando al despacho los jugadores con la incertidumbre de qué futbolistas les va a tocar  hoy y con la ilusión de aceptar nuevos retos que van superando sucesivamente:
– Te he oido decir algunas palabrotas en el vestuario. ¿Serás capaz de intentar corregir eso?

De nuevo el niño me mira dándose cuenta de que le pido algo bastante complicado. Le explico como puede hacerlo y al final acepta. Inmediatamente le doy un nuevo sobre y sale decidido a intentarlo mientras desenvuelve el sobre para descubrir la suerte que ha tenido con sus cromos.

Como los conozco bastante bien, procuro adaptar el objetivo a cada niño. Tu esta semana te vas a concentrar en obedecer a la primera a tus padres. Tu, en cambio, vas a intentar ayudar a recoger la mesa después de la cena. Tu, vas a  intentar no pelearte tanto con tu hermano. Tu, vas a hablar más con los de tu equipo (uno muy tímido). Tu te vas a esforzar en matemáticas porque has sacado una nota muy baja en este trimestre…
Cada uno se lleva un sobre y un objetivo para conseguirlo en un plazo muy breve. Son hábitos que van adquiriendo sin darse cuenta y como si fuera un juego donde se les reta a conseguir pequeñas victorias personales.

Los padres de estos niños están encantados porque se dan cuenta de que a base de cromos y de ilusión sus hijos se están planteando pequeñas mejoras en aspectos donde dejaban un poco que desear. No se lo pueden creer y se acercan al despacho para comprobar en directo cómo es la cuestión.

Como podéis apreciar, hay que sacarle punta formativa a todas las cosas buenas o malas que se nos presentan, siempre que lo sepamos utilizar de forma positiva. Podíamos haber entregado los cromos a los niños como si fueran caramelos. He recibido esto y os lo doy. La verdad es que hubiéramos perdido una oportunidad única para motivar a los niños para que realizaran un esfuerzo en algo positivo para ellos. Es impresionante el poder que tiene algo tan insignificante como son unos cromos.

Pero llegó un momento que se terminaron y las visitas fueron reduciéndose. ¿Como voy a seguirles inculcando esos valores si ya no tengo el gancho de los cromos? Entonces se nos ocurrió algo interesante. En lugar de darles, les pedía a los niños que se desprendieran de todos los cromos repetidos para que pudiera yo seguir el intercambio.

A alguno le costaba dármelos pero les animaba a ser solidarios y les hacía ver que así podría seguir dando cromos a mucha gente. Impresionante la generosidad de algunos que me traían de su casa montones de cromos que iba guardando en cajas hasta que llegue a tener más cromos que al principio de esta aventura.

De nuevo empezaron a venir los niños a por cromos. Les dejaba escoger uno o dos. Y ellos, a cambio, me daban más cromos para mi super colección. Y seguía marcándoles nuevos objetivos.

Pero llegó el fatídico día en que casi todos tenían la colección completa y los cromos que yo guardaba no les servían y dejaron de venir. Era una pena porque estábamos consiguiendo objetivos cada vez más ambiciosos. Sin embargo me quedaba con lo positivo de la situación: ¡qué bien nos ha ido el negocio de los cromos! Los chicos han mejorado mucho gracias a ellos.

Pero justo cuando esto estaba ocurriendo aparece una nueva colección de cartas de futbol. ¡Estamos salvados! De nuevo empieza la locura. ¿Cómo es posible que un trozo de cartón tenga tanto éxito?

La empresa que diseña estos fantásticos cromos se dio cuenta de que tenía que inventarse algo nuevo para poder seguir encandilando a los millones de niños de todo el mundo y lo volvió a conseguir. Esta vez, en lugar de cromos eran cartas y existía un complicado juego que pienso que muchos no han entendido todavía aunque no le daban mayor importancia. El reto era volver a conseguir a los mejores jugadores de la liga.

Los niños son unos profesionales de la ilusión y no hay nada más atractivo para ellos que el juego. Si les ofreces motivos para esforzarse son capaces de comerse el mundo alcanzando metas increíbles.

Tu mismo puedes sacar tus propias conclusiones: ¿Eres de los entrenadores que saben motivar a sus jugadores o eres de esos que piensas en avanzar por la vía de la imposición, del grito y de las malas caras? Si te identificas más en esto último te animo a que pienses en cambiar tu actitud porque los resultados son impresionantes.