no goles sino aprendizaje

¿Una escuela de futbolistas es un lugar para pasar un buen rato o algo más? ¿Es cierto lo que dicen muchos que lo principal en el fútbol base es pasarlo bien? ¿No hay nada más detrás? 

Si realmente lo que buscamos es trasformar el mundo a través de los valores del fútbol, en una escuela de futbolistas hemos de buscar algo más que simplemente entretener a los hijos. Para entenderlo bien, es necesario ir a la esencia del fútbol formativo, desnudarlo de todo lo accidental para quedarnos con lo único importante.

Podríamos eliminar esos campos de fútbol tan impresionantes con hierba de última generación, los vestuarios, las gradas, las clasificaciones, las categorías, los árbitros, los bares de los campos de fútbol, los analistas, los botiquines, las federaciones, el público, todo esto no es esencial. Lo único imprescindible son: el equipo de fútbol, el balón y su entrenador. Eso es lo realmente esencial del fútbol formativo.

El objetivo principal de una escuela de futbolistas es ayudar a los jugadores a aprender y esa función le corresponde al entrenador. Sin embargo, los métodos para la enseñanza del fútbol están llenos de distracciones: las clasificaciones, la presión de los padres y de los entrenadores, el reglamento, las federaciones y sus monopolios, las ambiciones de los clubes… La lista es interminable. Pero la base de la formación del jugador es la relación entre el entrenador y el jugador. Todo lo demás depende de lo fructífero de esa relación. Si falla, entonces el sistema también fallará. Si los jugadores no aprenden, entonces no estamos formando bien. Posiblemente se trate de otra cosa pero no es formación.

Esta es la razón por la que hemos de hacer un esfuerzo en formar profesores, entrenadores preparados para poder cubrir esa necesidad fundamental. Capaces de conseguir establecer esa relación con sus jugadores. Deben tener claro el objetivo principal de su trabajo con su equipo y tener muy claro cómo realizarlo. Han de saber mucho de fútbol pero deben ser capaces de ayudar a sus jugadores a aprender. 

Todas las distracciones enumeradas anteriormente sobran para el trabajo que proponemos. Por eso me reafirmo en la idea que ya he expresado en otras ocasiones. No aprenden más los jugadores que están en equipos grandes sino aquellos que tienen profesores motivadores y jugadores con muchas ganas de aprender. Independientemente de lo importante que sea el club.

Es más, cuanto más grande es, más distracciones pueden tener y más complicado es trabajar bien con esos jugadores. Da pena ver cómo se estropean tantos jóvenes que llegan demasiado pronto a un gran equipo y, de repente, se encuentran con un representante, con unas redes sociales llenas de tonterías, con hoteles de lujo, viajes desproporcionados, prensa, ropa de marca, etc. No tienen tiempo de asimilar todo esto y se pierden en la selva de la popularidad. Mientras, en un lugar más discreto, existe un jugador concentrado en su trabajo, en sintonía con su entrenador que no deja de progresar cada día un poco más. Llegará un momento que, inevitablemente, superará a aquellos que aparentemente eran mejores que él pero que no han avanzado lo suficiente. Se han quedado estancados en la gloria.

Lo esencial en el fútbol está en mantener esa relación entre el entrenador y el jugador y si somos inteligentes y algo coherentes con esta idea, todos los esfuerzos de las escuelas de futbolistas deben centrarse en crear las condiciones ideales para que esta relación se mantenga, generar las condiciones optimas para que los jugadores aprendan, sin distracciones de ningún tipo. Esta es la revolución que planteamos desde un principio. 

Estamos perdiendo el tiempo si nos despistamos con otras ideas y es una gran responsabilidad para todos enfocarse correctamente. Por tanto, una escuela de futbolistas debe centrarse en conseguir crear las condiciones óptimas para que sus jugadores puedan aprender. Todo lo demás debe articularse alrededor de esta idea y ser muy valientes para no desviarse nunca de este rumbo.

La función de los entrenadores de estar escuela de futbolistas debe ser la de facilitar el aprendizaje de sus jugadores. Desempeñar esa labor con sus jugadores es todo un arte que precisa de una importante y fundamentada preparación. No puede hacerlo cualquiera sin unas condiciones y una buena formación.

La función de los directivos de una escuela de futbolistas es crear condiciones, en su ámbito de competencias para que se puedan cumplir estas responsabilidades en las escuelas de futbolistas. No podemos estar pensando lamentablemente en llenar de trofeos las vitrinas de la entidad. Realmente sería un objetivo muy pobre para lo que verdaderamente pretendemos.

En una escuela de futbolistas no hablamos de goles sino de aprendizaje. Tú, entrenador, directivo, padre…¿de qué hablas en tu escuela de fútbol?