Vino a verme un padre de un jugador de 13 años. Dice que su hijo quiere abandonar el equipo porque no tiene buena conexión con su entrenador. Se pone muy nervioso con su forma de ser y no le apetece seguir así toda una temporada.

Es complicado tener una buena relación con todos y a veces no lo detectamos pero está claro que siempre tenemos más sintonía con unos que con otros. Los niños lo captan y pierden la ilusión por venir a entrenar porque olvidamos este aspecto tan importante de nuestro trabajo que es tener a todos muy motivados.

Nos sentamos a charlar un poco con el chaval y me comenta que se siente un poco frustrado porque él es un año mayor que todos sus compañeros. Siente como si no hubiera avanzado. Como si estuviera retrocediendo.

Entendí la situación y rápidamente busqué la forma de ilusionarlo. Se le encendió de nuevo el rostro y me agradeció la conversación que habíamos mantenido.

Había conseguido apagar un fuego pero sabía que debía solucionar la causa del incendio: mi entrenador. Es complicado hacerle ver al entrenador que hay algo que no va bien en su actitud y en su forma de trabajar. Entre otras cosas, este no era el primer caso de intento de abandono en su equipo.

Por otro lado, hay que ser muy cuidadoso porque un comentario poco delicado puede afectar negativamente al entrenador y hacerle pensar que hace las cosas mal. Hay que enfocarlo por el lado de la experiencia. Destacar la cantidad de cosas que hace bien y que es bastante normal que esto ocurra a pesar de poner mucho esfuerzo por trabajar bien.

Como todo entrenador, hay que procurar buscar siempre la excelencia en la enseñanza y eso pasa por aceptar que vas a tener muchos errores a lo largo de tu carrera y que la diferencia entre un buen entrenador y uno malo es que lo sabes aceptar y te preocupas de verdad por mejorar.

También hace muy poco tiempo un jugador infantil me comentó que a él le gustaría estar con un entrenador concreto porque cuando va a sus entrenamientos se siente muy reforzado porque le motiva mucho. Es una pena, pero así es la realidad. Los chicos valoran mucho que les motives y comprobar que confías en ellos, en lugar de asustarles con gritos y con salidas de tono. No les va este modelo.

Debes conseguir que tengan ilusión por alcanzar esos objetivos ambiciosos en el deporte. Que pongan auténtica pasión por lo que hacen. Que su actitud en los entrenamientos y en los partidos sea siempre excelente, la máxima que puedan dar.

Debes conseguir que realmente se comprometan para alcanzar el objetivo. En el momento que llegas a un compromiso completo con tus jugadores, has llegado a lo máximo en su motivación personal.