Jugadores que no avanzan

 La madre de Enrique es de Costa Rica y el padre es andaluz. El niño es un portento como futbolista y los padres decidieron en su momento dejarlo en manos de la Fundación Marcet. El entrenador enseguida se dio cuenta de la calidad del jugador, con un potencial enorme. Inmediatamente se puso en marcha diseñando un programa personalizado con el objetivo de conseguir a largo plazo un desarrollo completo como persona y como jugador.

Los primeros días todo iba fenomenal pero, poco a poco, conforme se iba asentando en la Fundación, fuimos detectando algunos problemas en su personalidad que nos empezaron a preocupar. En los entrenamientos, no se esforzaba al máximo sino que iba un poco sobrado. Descubrimos en él, una actitud algo perezosa buscando siempre el mínimo esfuerzo excepto cuando jugaba los partidos que entonces era un terremoto. Se transformaba sacando toda su personalidad.

El entrenador se dio cuenta de que no escuchaba mucho los consejos que le daban, iba como diciendo qué me vas a contar a mí. Sin embargo es un chico inteligente y muy maduro. Se despista con todo lo que tenía alrededor pero no por defecto sino por su gran capacidad de querer saberlo todo, incluso lo que ocurre en otros grupos.

Como el niño tiene mucha calidad, realiza partidos extraordinarios y, como es listo, se daba cuenta de que es muy bueno. Sus compañeros se lo reconocen. Los jugadores mayores de la Fundación Marcet, cuando le ven pasar le saludan afectuosamente y le recuerdan lo bueno que es. Sus padres y familiares que vienen en abundancia a verle, le rodean y le ponen en una nube. No os podéis ni imaginar el daño que esto le ocasiona.

Realmente es un problema lo que estoy describiendo porque todos los entrenadores de la Fundación nos damos cuenta de que este niño no está rindiendo todo lo que puede rendir. Que el entorno no le es propicio para mejorar y que hay un deficit importante de actitud personal. Consideramos que el jugador talentoso no llega al éxito si no hay detrás esfuerzo, sacrificio, humildad, etc.

Muchos jugadores virtuosos, no avanzan lo suficiente porque aparecen en su trayectoria una serie de obstáculos que no sabemos descubrir y que le atenazan y no le dan la posibilidad de crecer todo lo que uno podría hacerlo. Es como el niño que lleva siempre flotador para nadar y no nos atrevemos a quitárselo porque se puede ahogar.

Cuentan la historia de un niño que tenía una colección de gusanos de seda y llegó el momento en que cada uno fue elaborando su capullo. Dentro del capullo, se producía una metamorfosis y, llegado el momento, rompían el capullo y salían las mariposas abriendo sus alas y empezando a volar en pocos minutos. Pero uno de los gusanos no conseguía salir del capullo y el niño pensando en ayudarle, con una pequeña hoja de afeitar abrió un orificio por donde la mariposa pudo salir con facilidad. Cuál fue el disgusto del niño cuando apreció que la mariposa no conseguía volar con sus preciosas alas.

Parece ser que dentro del proceso de maduración de la mariposa está la dificultad de romper el capullo para salir de él. Si no realiza ese paso ahí dentro ella sola, luego le falta la fuerza y la energía para volar. Un proceso parecido ocurre en los niños deportistas. Si los protegemos demasiado, si sufrimos cuando ellos lo pasan un poco mal, si enseguida corremos a solucionarle sus problemas, nunca abrirá sus alas para volar. Se quedará en el suelo pensando qué me está pasando. Los demás siguen progresando y yo me estoy quedando. Dónde están aquellos halagos y aquellas palmaditas a la espalda después de cada partido.

No sé cómo terminará la historia de Enrique pero es uno de los muchos niños con talento que no avanzan ni llegan a ser nada en el mundo del fútbol porque su entorno familiar no ha sido el apropiado para ese crecimiento. Desde aquí hago una nueva llamada a esos padres que se saltan las barreras con el afán de ayudarles pero que lo único que consiguen es destruir su enorme potencial.

Víctor es un jugador con bastantes cualidades: inteligente, ágil, con una buena planta. Todo lo que un niño puede desear para jugar al fútbol. Viene de Australia y su idea es poder seguir el programa de la Fundación Marcet para futbolistas. Cuando empezamos a conocerle, nos llamó la atención las condiciones físicas que Victor poseía. Era además, campeón de natación, campeón de ajedrez, tocaba a las mil maravillas el violín y tenía unas notas formidables en el colegio. Lo tenía todo para triunfar como futbolista si se lo proponía. Y el ambiente de la Fundación era ideal para conseguir una enorme progresión.

Pasaron los días, pasaron los meses y el niño no solo no avanzó sino que se iba quedando atrás. Estábamos completamente sorprendidos de la situación del niño. Entrenaba a desgana, en los partidos no corría, se enfadaba con sus compañeros…algo le estaba pasando a Victor que no habíamos detectado. Su padre pensaba que tenía un super niño en su hijo y no paraba de hacerle indicaciones con respecto a su actitud en el campo, en el entrenamiento. Sin darse cuenta se había convertido en una especie de manager de su hijo y se había olvidado de que simplemente era su padre.

Cuántos managers y entrenadores veo entre los padres de los niños que juegan al fútbol. Piensan que su hijo jugará mejor porque le indican cómo lo tiene que hacer sin confiar en la labor que realiza el entrenador. A veces se da la situación cómica aunque lamentable de escuchar en un partido a tantos entrenadores como padres hay dentro del campo. Alguna vez me he atrevido a comentar la situación al entrenador del equipo contrario  y la respuesta es que ha tirado la toalla desde hace tiempo y que no sabe cómo evitarlo.

Victor no aguantaba más la presión y para demostrarlo, lo hacía todo al revés de como lo quería su padre. Era como una forma de protesta. No quería nadar, ni tocar el violín, ni nada de lo que su padre le había estado imponiendo durante tantos años. Quería disfrutar del fútbol como un niño más y para demostrar su desacuerdo no entrenaba, no corría, no luchaba.

En cuanto conseguimos convencer al padre de la necesidad de ser solo padre, el niño cambió de actitud y empezó a rendir como un niño más. Tiene cualidades y conseguirá estar entre los mejores del grupo pero estaba claro que había algo que no le permitía avanzar.