Cuando la preocupación por los hijos resulta excesiva

Me dirijo directamente a ti, papá, con un hijo deportista, que sientes esta angustia interior al ver crecer a tu hijo y contemplarlo tan inseguro. Lo ves tan poca cosa que te planteas con terror qué será de su futuro.

  • Padres helicópteros

Actualmente, ese temor se ha acentuado mucho y se habla de padres “helicóptero” en referencia a aquellos que se muestran excesivamente protectores con sus hijos. ¿No serás tu uno de ellos? Normalmente me lo negarás, pero al final de este artículo posiblemente cambiarás de opinión.

He de decirte que si actúas así, tu comportamiento no tiene sentido. Estás invadiendo y controlando su vida y como resultado tienes un niño inmaduro. Sale a jugar al fútbol con mucha inseguridad.

Con el fin de protegerle y ayudarle, con toda la buena intención del mundo, ahorras a tu hijo situaciones incómodas que resultan imprescindibles para su formación. Si pierde en un partido, lo justificas con el árbitro, si ha desaparecido la camiseta del partido, pones verde al resto de sus compañeros porque se dedican a fastidiar e incluso le compras otra para que no tenga que pasar el trauma de investigar dónde puede estar.

Crees que estando tan encima de él, le preparas para la vida pero en realidad lo que haces es protegerle de ella. Eres un padre helicóptero, continuamente revoloteando sobre tu hijo. Te dedicas a resolver todos los problemas que tu hijo se va encontrando, te adelantas a sus deseos e incluso tomas decisiones en su nombre.

  • Consecuencias de tu excesiva protección

¿Te has parado a pensar si realmente puede hacerlo él solo? No, ya sé que tu piensas que es muy débil todavía. No te das cuenta de que con tu actuación lo único que consigues es debilitarlo todavía más. ¿Es eso lo que pretendes? Seguro que no, pero es el efecto que consigues con tu comportamiento.

¿Qué te pasa? ¿Es que no tienes nada más que hacer? Tu hijo necesita su espacio personal y no puedes invadírselo porque al final entenderá que no existe sin ti. Déjale que se caiga, que sufra, que pierda, que se enfade, que discuta, que fracase…ya se levantará…, tranquilo. Piensa que está experimentando algo que le va a permitir madurar. Vivir en esa burbuja que le estás construyendo le lleva a ser un niño blando, un niño bluff. Estoy seguro que no es eso lo que quieres para tu hijo pero es lo que estás fabricando inconscientemente.

Cuando aparece en los campos de entrenamiento un niño blando, sin iniciativa, sin responsabilidad y sin capacidad de aprender de los propios errores, siempre veo detrás un padre excesivamente protector y pienso que poco podemos hacer con el jugador pese a su talento a no ser que su padre cambie de actitud y eso es complicado porque normalmente cuesta mucho aceptarlo y reconocer el grave error.

Has mimado tanto a tu hijo que ya no puede adquirir de forma natural la autonomía y la independencia adecuada. Es tan blando que se derrite ante las dificultades que se presentan en el deporte y acude a tus brazos en cuanto descubre alguna dificultad.

Olga, una gran jugadora de 10 años, dijo no a un torneo internacional porque había que viajar con el equipo, lejos de su padre. Se perdió una experiencia increíble por la educación protectora de sus padres. Y me pregunto, ¿cuántas ocasiones más lanzará por la ventana por inseguridad? Entiendo tu preocupación por su poca autonomía ¡Qué pena ver a estos niños tan limitados por culpa nuestra!

En realidad estás demasiado preocupado en no herir los sentimientos de tu hijo. ¿A que viene que le des un premio cada vez que mete un gol? ¿No debería ser algo normal? Si su obligación es sacar buenas notas en el colegio, no necesitas darle incentivos para que lo consiga. Cualquier cosa que haga, recibe de tu parte halagos y aplausos con el fin de no dañar su autoestima. Pero lo que no sabes es que con esa actitud tu hijo se hace más susceptible e inseguro y creas en su percepción la idea de que, haga lo que haga, será siempre premiado.

  • Ocupado al máximo

¿Qué haces sobrecargando el tiempo libre de tu hijo con tantas actividades extra académicas que no hacen más que saturarle por completo? Estás obsesionado con el éxito y le estimulas hasta el agotamiento. Quiero que sepas que esta estrategia no tiene buenos resultados.

Tanta exigencia contrasta con la condescendencia que muestras en otros aspectos y es muy perjudicial para la salud mental de tu hijo. Estás, sin darte cuenta, transformando a tu familia. Lo que antes era un lugar de descanso, ahora es un espacio estructurado, parcelado y organizado y repleto de actividades.

La jornada de tu hijo está repleta de actividades impuestas por ti, todo son deberes y te conviertes en asistente de tu hijo siendo imposible que pueda realizar tareas domésticas de colaboración, que se distraiga en juegos poco productivos, para que se centren única y exclusivamente en el ambicioso objetivo que le has marcado sin contar para nada con él.

Las consecuencias de todo esto es que tu hijo tiene como destino asegurado una sensación de ansiedad constante junto a altas posibilidades de frustración por tu parte y por la suya. Esta ansiedad y frustración se produce en el momento en que los objetivos no los consigues y piensas que has fracasado con tu hijo.

Te has tomado el fútbol tan en serio que parece que seas tu el que juegas, tu eres el que decides, tu el que toma la iniciativa, convirtiendo a tu hijo en un inútil que no es capaz de hacer nada por si mismo.

Te pinto la realidad tal como es aunque no te lo creas. Ciertamente esto es así aunque ya sé que tu piensas que esto no te va a ocurrir a ti, les pasa a los demás padres por no saber medir bien su actuación frente al hijo. Pero estoy hablando de tu hijo, no del vecino, aunque no lo aceptes.

Tu actuación es bastante incoherente. Muy indulgente en las cuestiones relacionadas con el carácter de tu hijo y por otro lado muy desorbitado en cuanto a sus expectativas deportivas.

  • Es necesario un cambio de actitud por tu parte

Te animo desde aquí a que cambies tu forma de actuar. Permítele que tome decisiones por sí mismo aunque seas consciente de que se puede equivocar fácilmente. Ayudarles no equivale a hacer todo por ellos. No hagas nunca nada que pueda hacer él sin tu ayuda. En poco tiempo podrás comprobar los buenos resultados de tu cambio de actitud.

Practica una sana desatención que demostrará que confías más en él. Evita controlarle y no atosigarle. Te has tomado demasiado en serio el fútbol de tu hijo y eso pasa factura. Lo único que consigues con tus excesos es coartar su aprendizaje, impedir su posibilidad de ser más responsable y, por último, la imposibilidad de progresar.

Permítele jugar al fútbol con total libertad. De esta forma desarrollará virtudes y destrezas, aprenderán a manejarse en el entorno y a relacionarse con los demás, se habituará al esfuerzo y ejercitará la generosidad y la paciencia. Jugar con esa libertad es una inversión para la vida.

Esta sobreprotección que has implantado en tu familia, en el deporte y en todos los ámbitos con tu hijo, puede complicar su autonomía intelectual, dañar los procesos por los que elabora opiniones propias y debilitar su pensamiento crítico. No es cualquier cosa lo que produces con tu obstinada actitud helicóptero.

Y esto lo notamos en los entrenamientos y en los partidos. Son niños que esperan que todo se les de hecho, incapaces de esforzarse, sin criterio propio a la hora de tomar decisiones deportivas en el equipo. Te estás cargando las posibilidades de progresar de tu hijo sin darte cuenta.

En definitiva, te repito lo que en una ocasión escribió un gran personaje:

No hay otro camino para la madurez que aprender a soportar los golpes de la vida.

-William Shakespeare.