Antes de los partidos.

Un ámbito donde los padres se extralimitan claramente en muchas ocasiones es antes del partido. Sin darse cuenta del daño que les hacen, se encargan de transmitir a sus hijos qué es lo que tienen que hacer, desde su punto de vista, sin tener en cuenta la opinión del entrenador y, como es lógico, aconsejando de forma contradictoria a lo que le va a indicar el entrenador en la charla previa al partido.

Lo que los padres conseguimos es crear en el chico un conflicto. ¿Qué hago? Lo que me dice mi padre o lo que me indica el entrenador. No quiere decepcionar a ninguno de los dos pero son cosas muy distintas lo que me piden. No nos damos cuenta del daño que les hacemos con estos comentarios. 

Por favor, no hables con tu hijo de la actividad deportiva que va a desarrollar. Tu misión es acompañarle a practicar su deporte favorito. Como padres, tenemos la oportunidad de estar junto a nuestro hijo y pasar unos buenos momentos junto a él. Si hablas demasiado del partido que va a realizar puede ser un momento de agobio para é. No le des demasiadas vueltas a la competición. No te debe importar si mete goles o los para, si gana o pierde. Lo importante es que disfrute y se esfuerce por conseguirlo.

Seguro que se te ocurren mil ideas para transmitirle antes del partido que te parecen geniales y que van a conseguir que tu hijo juegue mejor pero respeta el trabajo de los entrenadores, ellos son los que realmente tienen la palabra. Evita posibles conflictos que no ayudan para nada el desarrollo deportivo y personal de tu hijo. Limítate a ser su padre aunque tengas la formula perfecta para ganar el partido. Tu hijo es lo único que espera de ti, que le quieras como su padre.

Durante el partido

Si durante un partido, en lugar de contemplar el esfuerzo que realizan los chicos nos giramos hacia las gradas, podremos contemplar a los padres de estos jugadores con distintas actitudes. Es increíble lo que vemos en muchas ocasiones. Señores muy educados, tranquilos y serenos que se transforman en auténticos energúmenos descontrolados y violentos que gritan desesperadamente contra todo lo que ven sin objetividad alguna. ¿Qué está pasando?

En ocasiones, ellos mismos te comentan que es muy difícil controlar las emociones que genera un intenso partido en el que nuestro hijo juega con un complicado rival. Sin  embargo, queremos recordar que nuestro comportamiento va a influir directamente en el desarrollo de nuestros hijos a través del deporte. Hemos de darnos cuenta de la gran responsabilidad que tenemos con la educación de nuestros hijos. ¿Qué buscamos? ¿ganar un partido o formar personas que saben lo que es el respeto y la buena educación? ¿no importa? Sí importa y mucho. Lo pueden demostrar los padres que han adoptado una postura de control y respeto ante el deporte de los hijos. Ellos mismos lo pasan mucho mejor que antes cuando gritaban y se desesperaban por las injusticias del árbitro o por la patada de un defensa rival.

Tú, como padre, puedes ayudar mucho a tu hijo durante un partido si te comportas con la discreción de un espectador educado. Recuerda que los entrenadores y los jugadores tienen un trabajo que realizar. No interrumpas con comentarios, insultos ni cualquier otro comportamiento que pueda desviar la atención del jugador o del técnico. Una de las enfermedades más corrientes en el fútbol base es la de los jugadores que están más pendientes de su padre que del entrenador

Mantén la buena imagen del club. Tu hijo pertenece a un club y tu, como padre, lo representas. Si insultas al árbitro, discutes con espectadores, contradices las instrucciones del entrenador, haces comentarios despectivos en voz alta…es muy probable que dañes seriamente la imagen del club de tu hijo. ¿Es eso lo que buscas? Seguramente que no pero, sin desearlo, lo consigues. 

Anima cuando las cosas no salen bien en lugar de recriminar los errores o criticar las malas actuaciones de los otros. Es adecuado que animes, siempre de forma discreta, cuando a tu hijo no le salen las cosas bien y que le premies su esfuerzo y su intento por hacerlo bien. Así ayudas al equipo. Ademas, se sentirán más a gusto realizando la actividad deportiva, sin presiones, sin temores a fallar y se esforzarán más por hacer las cosas bien.

Manténte tranquilo. Si ves que no puedes hacerlo, aléjate del lugar para no transmitir esas sensaciones a tu hijo y al equipo. Si no te controlas es mejor que no asistas a los partidos. Es una buena manera de colaborar. 

Delega en el entrenador la labor de educar y de dirección de equipo durante el partido. Es la forma de ayudar al entrenador para que realice su trabajo por ser el máximo responsable del equipo. 

Anima a participar de acuerdo con las reglas de juego. El fútbol tiene unas reglas y tu hijo debe aprender a respetarlas en todo momento. El partido es un gran momento para que tu, como padre, le muestres a tu hijo que hay que convivir con el reglamento y, lo más adecuado es aprender a respetarlo. Empieza tu dando ejemplo de respeto al reglamento. Tu hijo tendrá el mejor modelo del mundo para seguirlo.

Deja que los deportistas tomen sus propias decisiones. El que juega el partido es tu hijo y él es el que debe decidir en todo momento lo que debe hacer durante el partido interpretando lo que el entrenador le ha indicado. Nada de colocarse detrás de la portería o en la banda donde está jugando tu hijo para darle instrucciones. No sabes lo bien que le va que se equivoque al tomar por si mismo una decisión. Maduran. Crecen más rápido porque tienen que preguntarse qué he de hacer para no caer en ese mismo error.

Después del partido.

Los niños le dan al partido el valor que le damos los padres. Si lo único que nos interesa es el resultado final, con eso se quedarán ellos. Si lo que los padres valoramos es el esfuerzo que hemos puesto para conseguir la victoria, eso es lo que ellos valorarán. Como estamos apreciando de forma constante, la actitud del padre es fundamental siempre. ¿Cómo nos dirigimos a ellos tras un partido? ¿cómo les miramos? ¿qué les preguntamos? ¿qué importancia le damos al resultado? 

En la Fundación Marcet aconsejamos a los padres que dejen a sus hijos disfrutar de sus emociones. No es momento para corregirles nada o explicarles cómo debía haber hecho tal jugada. No es momento nunca, pero menos ahora.

Si tu hijo se ha esforzado durante el partido, felicítale y valora la experiencia deportiva junto a él. A veces un simple abrazo cuando sale del vestuario es suficiente. Para él esto significa mucho más que todas las palabras que quizá hayas pensado decirle. De esta forma, él sabe que tu siempre vas a estar a su lado.

No discutas alguna jugada del partido con otros padres o espectadores delante de él. Deja que el partido acabe en el momento que el árbitro pita el final.

Por último, dejamos claro que tampoco es momento para hablar con el entrenador después del partido. Hay otros momentos en la semana que quizá el entrenador esté en mejores condiciones para atenderte.

Recuerda por tanto que tu hijo sólo ha jugado un partido, donde lo habrá hecho mejor o peor, habrá ganado, perdido o empatado. Habrá cometido errores o realizado aciertos pero sólo ha jugado un partido. No por ello es ni mejor ni peor persona, ni tampoco se sentirá más o menos querido por sus padres.