a los egoístas del deporte

Manu es un corredor de grandes distancias por la montaña. Es un deporte que tiene cada vez más practicantes pese a la dureza de la prueba. Estamos hablando de recorridos de más de 100 kilómetros por la montaña, con desniveles muy pronunciados. ¡Y yo que pensaba que la maratón era una heroicidad por recorrer 42 kilómetros! Por cierto, ya se están corriendo en dos horas. Impresionante lo que puede hacer un ser humano.

Esta es una historia de una persona desconocida. No es un famoso que sale por la televisión. Es uno más de los muchos deportistas que existen en nuestro país que se dedica a correr de forma profesional sin ser ni mucho menos una profesión. Dedica su tiempo libre a correr, correr y correr.

Manu se había apuntado a una Ultra RAID en el Pirineo y se estaba preparando con mucha seriedad. Cada fin de semana se trasladaba al Pirineo y realizaba recorridos parecidos para irse habituando a la carrera. Los avisos de los organizadores eran todos referentes a la equipación para la carrera porque los pronósticos eran de mucho frío.

Cuando llegó el momento, se desplazó al lugar de la carrera con antelación, un día antes y se alojó en un pequeño hotel cercano. Procuró dormir bien y alimentarse adecuadamente. Todos estos detalles son importantes para el éxito de la carrera. 

¿Cómo te preparas antes de un partido? Si realmente te quieres tomar en serio tu deporte, debes cuidar dos cosas esenciales: dormir bien y comer bien. Si no descansas y no te alimentas adecuadamente,  lo harás bien pero en el momento en que las cosas se decidan por pequeños detalles, quizá esa falta de energía, ese cansancio, te impedirá ganar el partido o realizar ese último esfuerzo para robar un balón al jugador contrario.

Manu repasó el itinerario y revisó su equipaje. Lo tenía todo. Llevaba ropa de abrigo porque los pronósticos del tiempo eran de cero grados. Y además un viento de 45 kilómetros que bajaría más la temperatura llegando a menos 15 grados.

Se levantó muy temprano, desayunó adecuadamente, sabía que era muy necesario esto último, y se dirigió al punto de salida para registrarse. Allí se encontró con un cierto revuelo porque parece ser que los organizadores querían anular la carrera. Reunieron a todos y explicaron la situación. 

Tras una discusión entre los diferentes corredores, se acordó no anularla. La gente tenía ganas de correr porque venían de muy lejos y llevaban tiempo preparándola. Se pidió mucha prudencia y todos se dispusieron para la salida: había que ser muy cauteloso porque el tiempo no era nada favorable y era peligroso, sobretodo si no se iba bien equipado.

A las 8 de la mañana se da la salida ante la gran expectación de familiares y amigos que acompañaban a los corredores en esta aventura. Llamó la atención que algunos hicieron caso omiso a las advertencias de la organización y no salieron con el abrigo suficiente. Era su responsabilidad.

La carrera es muy dura porque no tiene zonas llanas, subes una montaña y luego la bajas para iniciar otra ascensión. A veces los descensos eran más peligrosos y duros que los propios ascensos, realmente agotadores. Hay varias zonas de avituallamiento a lo largo de la carrera que te permiten recuperar las fuerzas y aguantar físicamente el recorrido de más de 100 kilómetros de distancia.

Pero esta vez existía un enemigo más complicado: el frío. El reloj que llevaba Manu marcaba 0 grados pero una vez en la cima de la montaña, con vientos de 50 kilómetros, la temperatura disminuía a menos 15 grados bajo cero. Muy complicado correr en esas condiciones pero Manu iba bien equipado y se había preparado a conciencia para esta carrera. 

Aún así la carrera le estaba costando y en algún momento Manu pensó en renunciar pese a que iba bien colocado, entre los primeros. Las manos se le congelaban y tenía que moverlas constantemente para evitarlo. Llevaba la cara completamente tapada y eso le impedía respirar. Pero estaba muy bien entrenado y cuando le comentaron que ya solo quedaban 30 kilómetros para la meta, decidió poner el acelerador para ver si podía ganar la carrera. 

Aunque los corredores estaban muy distanciados unos de otros, consiguió pasar a varios que estaban como él, sufriendo mucho por el frío. Según la información que tenía en esos momentos, cuando pasó el último avituallamiento, iba tercero pero muy cerca de los dos que iban en cabeza,  con lo que empezó a pensar que si mantenía ese ritmo podía ganar la carrera. Nunca lo había conseguido. Su objetivo solía ser participar y llegar, sea como sea, pero en esta ocasión las cosas se pusieron a su favor. 

Mientras corría, iba visualizando su llegada, la medalla de oro, la familia abrazándole, el premio en metálico de casi 6.000€ para el campeón, la prensa, ¡tantas cosas llegaban a su mente! que eso le dio alas para intensificar su zancada e intentar atrapar a los dos que iban por delante. 

Calculaba que estarían muy cerca, iban más lentos que él, seguro, y podía alcanzarlos en breve. Apretó los labios y puso una marcha más. Era un descenso con lo que los músculos estaban en máxima tensión para amortiguar cada paso que daba.

De pronto se encuentra a un lado del camino a dos corredores ––debían ser los que iban primeros–– que se habían refugiado en unas rocas protegiéndose del frío. Estaban como moribundos, a punto de coger una hipotermia. Iban muy mal equipados, con una camiseta de tirantes y pantalón corto. Manu no entendía qué había pasado pero imaginaba que eran corredores de élite acostumbrados a correr con frío pero esta vez les había sorprendido ese viento endemoniado.

Por un momento le pasó por la cabeza una duda. ¿Qué hago? Si continúo, posiblemente gane la carrera, los 6.000€, mi familia estará feliz. ¿Por qué tengo que parar? Me he preparado muy bien para esta carrera, le he dedicado muchos entrenamientos y jamás he podido ganar una. ¿Voy a tirar todo esto por la borda? Además, la culpa es de ellos por no ir bien equipados pese a que nos lo han advertido al principio.

Por otro lado me parece que están pasándolo muy mal y quizá, si no les atiendo rápido, pueden fallecer del frío. ¿Y si les ayuda alguien de los que pasarán más tarde? Quizá para es e momento ya estén muertos. 

Manu dudaba y sabía que tenía que decidir algo: o hacer que no he visto nada y seguir la carrera, o intentar ayudarles con lo que posiblemente les salvo la vida. Según la decisión que tomara, perdería la posibilidad de ganar casi 6.000€ del premio y una oportunidad única para ganar una carrera. 

Te pregunto a ti que estás leyendo este relato. No digo que me respondas para quedar bien sino que me digas la verdad. Ponte en su lugar y piensa qué es lo que harías en ese momento. No me digas que puedes darle la chaqueta y seguir corriendo porque con esto no salvas la vida a nadie.

Cuando les formulé la misma pregunta a un grupo de chicos de 11 años deportistas, me sorprendieron con una respuesta muy sincera. Todos coincidían que iban a seguir la carrera porque era un premio muy importante y que harían como que no habían visto nada y seguirían corriendo. Solo uno respondió que él se pararía a ayudar a los dos corredores porque una carrera no tiene el mismo valor que unas vidas. Así lo dijo. Y que además, podía correr más adelante otras carreras en cambio las vidas de estos dos hombres quizá no podrían recuperarse nunca si no paraba.

Me quedé completamente sorprendido de la sinceridad y frialdad de estos chicos que preferían ganar una carrera a salvar la vida a dos personas en peligro. Me ha hecho pensar mucho esa respuesta. La versión más positiva de mis conclusiones es lo importante que es llenar de valores el vacío que hay en la sociedad actual. Tenemos mucho trabajo.

Manu, pese a sus dudas, decidió parar y acudir en su ayuda. Se acercó a ellos. Estaban agarrados el uno al otro para intentar trasmitirse el calor del cuerpo, sin fuerzas y a punto de morir de una hipotermia. Manu actuó rápido, se quitó su chaqueta para dársela al que peor estaba. Luego sacó de su mochila un corta vientos que se lo colocó al otro corredor. Ambos iban con camiseta de manga corta y pantalón corto. Sacó toda su comida y les obligó a comer pese a que casi no podían mover sus músculos por el frío.

¿Quieres saber si eres un egoísta o un buen compañero? No tienes más que responderme a esta pregunta que te voy a formular. ¿Recuerdas a ese compañero de equipo que se lesionó y no pudo jugar durante un tiempo? Te dio pena ¿verdad? Pero ¿fuiste capaz de llamarle en algún momento por teléfono para saber cómo estaba o simplemente le dijiste “hola” cuando volvió a los entrenamientos? 

No me sirve la excusa de que no tienes tiempo, que no tienes su teléfono, que no te cae bien. Di la verdad, en realidad eres un egoísta que solo piensas en ti, en tus goles, en tus celebraciones  ridículas y no tienes tiempo para pensar en los demás porque solo haces lo que te apetece. 

Llamar por teléfono cuesta porque es dedicar tu tiempo a un compañero y es hacerle pasar un buen rato por el teléfono simplemente demostrarle que le aprecias y que deseas que se recupere pronto. Seguro que no tienes su teléfono pero tu padre te lo puede conseguir o el entrenador. Con lo que si no le has llamado tienes un problema. Ya sabes que puedes hacerlo mejor la próxima vez, aunque te cueste.

¿Puedo seguir preguntando? Porque quizá me digas que nunca has tenido un compañero lesionado con lo que no has tenido la oportunidad de comprobar qué hubieras hecho. Imagínate que ha terminado el partido y hemos perdido. Sin embargo hemos jugado un buen partido. Mi pregunta es si has sido capaz alguna vez de felicitar a un compañero tuyo destacando algo que ha hecho muy bien. 

¿O quizá solo esperas que el entrenador te felicite a ti y cuando lo hace con otros, sientes envidia? Es más, ¿alguna vez has felicitado a un jugador del equipo contrario porque ha jugado bien? O tienes envidia de él porque juega mejor que tú y por eso le ignoras o incluso le odias. 

Tus rivales, en cuanto termina el partido, son compañeros y es bueno valorar su juego y, si es justo, ¿por qué no decirles algo positivo? ¿No te gustaría a ti recibir un alago de un jugador del equipo rival? Pues entonces, no lo dudes. Hay muchas cosas que cambiar en tu actitud en el fútbol. Pero no lo dejes para otro día, quizá sea hoy el momento de ponerlo en práctica.  

Una vez que Manu se dio cuenta de que los dos moribundos habían entrado en calor y estaban bien alimentados, les obligó a moverse de una lado a otro hasta que se cercioró que estaban mejor. Esa parada de 15 minutos les había salvado la vida a los dos corredores que sonreían ahora agradecidos intentando rehacer la carrera y llegar a la meta como pudieran.

Manu vio que ya no podía hacer nada más por ellos y salió corriendo montaña abajo para intentar llegar cuanto antes a la meta. Cuando llegó, pudo comprobar que habían pasado ya muchos corredores por delante. 

Sus familiares, cuando le vieron llegar, le aplaudieron y vitorearon como a un héroe. ¡Había conseguido llegar hasta el final! Estaban preocupados porque las noticias de la carrera eran nefastas ya que se habían enterado de que algún corredor había fallecido: no habían soportado la dureza de la prueba. Pero Manu estaba ahí, vivo y en la meta.

Tras atravesar la línea de llegada, abraza a sus familiares. Estaba exhausto pero muy contento de haber llegado. Enseguida les contó lo que le había pasado. Nadie se había enterado. Quizá él podía haber sido el ganador de la carrera pero no pudo ser.

Manu estaba contento porque había tomado la decisión adecuada. Ahora mismo dos hombres estaban vivos gracias a su compañerismo. Regaló su victoria por salvar unas vidas. Sin darse cuenta había ganado una victoria mucho más valiosa. Eran 6.000€ a cambio de dos vidas, no había color. Esa era su victoria. Una hazaña que nadie conocería si no fuese porque alguien se enteró y se publicó en una revista y es así como ahora conocéis la historia.

Ya estaban arrancando el coche cuando dos personas se pusieron delante impidiéndole avanzar. Manu identifica las dos caras rápidamente: son los dos corredores a los que había salvado la vida. Habían bajado lo más rápido posible y lo primero que hicieron es buscarle: ni agua, ni descanso, ni nada. Buscaron a Manu para agradecerle lo que había hecho por ellos. Devolvieron la ropa que les había prestado e intentaron darle dinero por los gastos de la comida, pero no lo aceptó.

Ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, te hace feliz: es el mejor premio que podemos obtener en la vida. Ninguna medalla y ningún dinero puede igualarlo.