Pido disculpas porque os he fallado

Estamos en las Olimiadas de Beijing en el 2008. Diego Hypólito ha conseguido clasificarse para las finales de gimnasia de suelo, su especialidad favorita con la que ha ganado muchas medallas a lo largo de su corta historia ya que solo tiene 23 años pero una larga experiencia.

Durante tiempo se ha ido preparando para conseguir el sueño de su vida que era ganar unas olimpiadas. Y ahora lo tenía muy cerca. El público que abarrotaba el estadio estaba expectante para ver en acción al favorito de la prueba. Diego había conseguido clasificarse para esta final con ejercicios muy completos y llenos de dificultad. Le quedaba el último ejercicio para hacerse con la medalla.

Le vemos concentrado en una esquina de la pista, respira hondo y se lanza con la máxima velocidad para dar un gran salto y una doble voltereta en el aire. Pero, cuando está a punto de aterrizar, pierde el equilibrio y se cae de espaldas.

El público que estaba en absoluto silencio, aguantando la tensión, suspira desolado al ver la caída de su héroe, que le privaba de ganar la medalla. 

Diego Hypólito se levanta dolorido porque sabe lo que significaba esa caída. Un único fallo le había llevado al puesto número 6 de la clasificación final. Sin medalla después de tanto esfuerzo. El público, aplaude al gimnasta mientras sale de la pista completamente destrozado por dentro. Su entrenador le consuela pero sabe que no es el momento de decirle nada.

¿Cuántas veces has sentido lo mismo después de prepararte muy bien para un partido importante que te va a dar la clasificación para el ascenso o para la victoria en un torneo? Una sensación inicial de rabia te llena por completo. Es lo normal, tras tanto esfuerzo, ves que tu sueño, tu ilusión se te escapa y desaparece. Esto es el deporte, hemos de tenerlo en cuenta y lo que importa no es esa primera reacción sino la segunda, una vez ha pasado todo. ¿Cómo reaccionas?

Diego se duchó y se despejó antes de salir a hablar con la prensa. Le estaban esperando ansiosos porque no se imaginaban este resultado. A Diego se le veía tranquilo y muy concentrado. La derrota le dolía. Ante las preguntas de los periodistas, Diego se puso muy serio y dijo:

––Pido disculpas a todos los aficionados brasileños que han venido a apoyarme porque os he fallado. Gracias porque he sentido muy cerca vuestro apoyo durante toda la competición y no pienso rendirme. Os prometo unas olimpiadas, seguiré entrenando duro para no fallaros otra vez.

Guauuu!!!! Me quedo impresionado por unas declaraciones como estas. Normalmente estoy acostumbrado a oír otro tipo de explicaciones cuando uno pierde en una competición:

––Es que el árbitro se equivocó o iba contra nosotros, es que tenían un delantero muy alto, es que el portero falló en el último momento. 

Procuramos darle la culpa de la derrota a otros antes de hacerlo con nosotros mismos, en lugar de reconocer mi fallo, mi falta de intensidad, mi individualismo, mis miedos, etc. 

No existen las excusas en el deporte porque eso no te permite mejorar ya que piensas que tu lo has hecho bien pero que has perdido por culpa de otras causas. Cuando reconoces que es por tu culpa estás empezando el camino correcto para conseguir ganar en la próxima ocasión.

El entrenador De Diego Hypólito se reunió con él en Brasil, a la vuelta de las Olimpiadas y charlaron con calma.

––Tienes toda una vida por delante para conseguirlo. No pasa nada. No eres peor por haber perdido. Eres mejor que antes porque tuviste un solo fallo y si lo corriges y  no te derrumbas, lo vas a conseguir, seguro.

Pero ¿cómo llegó Diego a ser tan gran deportista? 

Diego vivía en unas chabolas muy pobres, lleno de basura por todas partes, sin nada para comer en muchas ocasiones. Desde los 7 años iba al club de Gimnasia para entrenar. Muchos días llegaba al gimnasio sin haber comido nada en todo el día. 

Pero él tenía grandes cualidades para la gimnasia, igual que su hermana. Ya a los 5 años era capaz de hacer saltos mortales. ¿Eres capaz de hacer un mortal? ¿Lo has intentado alguna vez? Hay que ser muy valiente para conseguirlo. 

Ciertamente empezó a destacar mucho y se propuso desde ese momento llegar a las olimpiadas del 2008. Para eso tenía que entrenar fuerte y ser muy constante. 

¿Y tú? ¿Te has marcado un objetivo en el fútbol? ¿Cuál es tu sueño? Quizá te has planteado ser un futbolista profesional y jugar con la selección o con el Barça o el Madrid? Bien, me parece muy bien este sueño pero ahora queda lo más complicado que es entrenar muy duro para conseguirlo y ser muy CONSTANTE. Todos los días, aunque te duela la cabeza, aunque te de pereza, aunque te caiga mal el entrenador, aunque estés desanimado o lesionado. 

Sí, porque Diego, en el 2005 se lesionó en una competición y tuvo que estar seis meses sin entrenar, sin competir. Estaba muy enfadado porque se había frenado su programa de preparación para las olimpíadas del 2008. Quedaban solo 3 años para ese momento y no podía perder ni un segundo. 

Cuando le quitaron el yeso, empezó a trabajar en su recuperación con mucha insistencia, a las ordenes de su entrenador, con la ilusión de esta de nuevo en forma. Y vaya si lo consiguió: en ese mismo año participó en el Campeonato del Mundo que se celebraba en Melbourne (Australia).

Si quieres llegar a conseguir tu sueño, empieza por imitar a Diego. No dejes ni un solo día tu entrenamiento. Hay días que saldrán excusas como: tengo un examen o muchos deberes, llueve mucho o hace mucho frío, mi papá está de viaje y no me puede llevar, me duele un poco la pierna o la oreja. Si eres capaz de hacer el esfuerzo, aunque surjan estas excusas, tienes muchas posibilidades de llegar a tu objetivo.

En el año 2007 se celebraron los juegos Panamericanos en Río. Era como una prueba antes de las olimpiadas y Diego consiguió 2 medallas de oro en suelo y en caballete y tres de plata en caballete y por equipos. Estaba lo suficientemente preparado como para ganar las Olimpiadas del año siguiente.

Pero como bien sabes, como ya he contado al principio, un pequeño error le separó del premio quedando en sexto lugar, sin opción a medalla. Ahora conoces bien a Diego que no se rindió y decidió seguir adelante 4 años más, preparándose para la siguiente olimpiada.

Cómo te tomas tus derrotas? Es normal que te enfades inicialmente porque todos queremos ganar. Me interesa saber cómo sales después de la ducha. ¿A quién echas la culpa de tu derrota? ¿Reconoces que has fallado? ¿Cómo reaccionas una vez estás más tranquilo? ¿Te desanimas?, ¿Estás dispuesto a abandonar el equipo o a seguir luchando? 

Nos obsesionamos con la victoria cuando es algo que se lo merecen todos, el otro equipo también. Solo uno gana porque lo hace mejor que el otro. No podemos rendirnos si perdemos. Nuestra actitud debe ser la de Diego, seguir luchando, no rendirse.

Además, lo importante para un jugador que está aprendiendo no es ganar sino todo lo que aprendes en ese intento por ganar el partido. Si ganas, bien pero si no ganas, mejor, porque tienes la oportunidad de aprender de tu derrota y mejorar. Los que siempre ganan, piensan que lo hacen bien y no progresan. Los que pierden tienen la oportunidad de avanzar y mejorar. 

Diego así lo hizo y en el 2009 se puso a entrenar duro con la idea de preparase para las siguientes olimpiadas. Con tan mala suerte que en el Trofeo  de Brasil, mientras estaba calentando antes de su actuación, cayó de la barra fija y ya no pudo participar en la competición. Lo llevaron a un hospital para operarle. Una vez más nos encontramos a Diego lesionado antes de unas Olimpiadas. 

Por suerte quedaban tres años para el evento y cuando se recuperó de la operación inició la cuenta atrás para llegar bien preparado a las olimpiadas que se celebraban en Londres en el año 2012. Y por fin llegó a ese momento. 

Estaba en perfectas condiciones y consiguió clasificarse para la fase final. Tenía 27 años y sabía que ésta era su última oportunidad. No podía desaprovecharla. Igual que en la última ocasión, realizó los ejercicios perfectamente y era el favorito para el oro. Quedaba el último movimiento. Si esta vez no se caía, tenía asegurada la medalla. 

No se le veía nerviosos pero en el último giro, cayó de nuevo. El público enmudeció. ¡No puede ser! ––pensaba en su interior ––¿Cómo es posible que vuelva a suceder cuando ha estado haciéndolo perfectamente a lo largo de las fases clasificatorias? 

Resuenan los aplausos del público agradeciendo la gran actuación de Diego y apoyándole ya que imaginaban que debía de estar destrozado. Era su última oportunidad, ¡lo tenía tan cerca!… y se ha esfumado. No sabía donde ponerse. Se apoyó en unas colchonetas ocultando sus lágrimas. Al final consigue el puesto 59. Había ido hacia atrás.

En esos momentos lo único que pensaba es que era un inútil, sin talento para ganar una olimpiada. Que debía abandonar porque no era capaz de hacerlo bien cuando llegaba el momento de la verdad. ¿Quizá me había equivocado pensando que debía dedicarme a la gimnasia? Pero, ¿y la cantidad de victorias que había conseguido? ¿Tan fácil parece llegar a una olimpiada? No me puede vencer esta derrota. He de ser positivo y optimista aunque ahora lo vea todo tan oscuro. Seguiré luchando aunque no pueda alcanzarlo nunca.

¿Tú quieres ser un gran deportista? Pues tendrás que pasar por esto: llegarán muchas derrotas y algunas serán muy duras como la de Diego, en la final de unas Olimpiadas. Pero has de ser muy fuerte en esos momentos porque te vendrán muchas dudas de si vale la pena, si valgo como jugador, si me habré equivocado, si en realidad no soy tan bueno como me pensaba, etc. Has de aceptar que llegarán esos momentos oscuros y duros y has de estar preparado para sacar en esos momentos el mayor de tus optimismos. Fíjate en la reacción De Diego. Te lo cuento ahora.

Diego vuelve a su casa y empieza a pensar en todo lo que ha hecho para llegar preparado a estas Olimpiadas de Londres. Estos 4 años de tanto sacrificio parece que no han servido para nada. Por su imaginación empiezan a pasar imágenes de su esfuerzo por levantarse cada día del año a las 6 de la mañana, sin fallar ni una sola vez, haga frío o calor, esté mejor o peor, sin excusas. 

Su imaginación se paseaba por el gimnasio donde pasaba todos los días 3 horas por la mañana y 3 por la tarde, con sesiones agotadoras de las que acababa destrozado. No se permitía ningún gusto en las comidas ya que seguía una dieta muy rígida marcada por su médico especialista en nutrición: nada de helados, ni dulces, ni fritos ni nada de lo que el deseaba comer pero lo hacía porque sabía que su cuerpo era su vida, debía estar bien preparado. 

Cuando sus amigos le llamaban para quedar les tenía que decir que no podía porque debía entrenar o salír de viaje a un torneo o porque debía descansar las horas prescritas. 

Si tu objetivo es ganar una medalla en las olimpiadas no te pienses que esto se gana con una sonrisa y ya está. No, detrás hay mucho sacrificio, muchas horas de entrenamiento, mucho esfuerzo. No sé si tu estas dispuesto a lo mismo. Que sepas que no vas a conseguir nada regalado en la vida. Te lo tienes que ganar con tu sudor y no es nada fácil, te lo aseguro.

Diego Hypólito estuvo hablando con su entrenador con el que tenía una gran confianza. El entrenador, después de hacerle ver la cantidad de cosas buenas que había conseguido en este tiempo, le dijo algo que le impactó y le ayudó mucho:

––Mira Diego, cuanto mayores son las dificultades, mayor es el éxito. 

Diego estaba muy agradecido a su entrenador porque siempre había confiado en él y le aclaró algo que tenía muy claro:

––Que sepas que ésta última derrota me ha dolido mucho pero es simplemente un nuevo obstáculo en mi vida que voy a intentar superar. No existe la palabra fracaso en mi vocabulario. El deporte me ha enseñado muchas cosas. He tenido importantes derrotas y victorias en mi vida. He aprendido a seguir luchando con optimismo cuando pierdo, a levantarme cada vez que me caigo. Cada caída me hace más fuerte, siempre que me levante. Debo creer en mí mismo y seguir adelante, una vez más.

Diego había decido presentarse a las siguientes olimpiadas pese a que tendría 31 años y era muy complicado con esta edad poder hacer un buen papel en gimnasia. Significaba 4 años más de sacrificio por conseguir su sueño: una medalla olímpica.

De nuevo con una constancia increíble, comenzó sus rutinas de levantarse a las 6 de la mañana, 6 horas de gimnasio, una comida adaptada, ir a dormir pronto. Mucha disciplina. 

¿Cómo te tomas tú los entrenamientos? ¿Vas a pasar el rato o los aprovechas al máximo? Si realmente quieres ser bueno ya puedes espabilar porque debes comprometerte contigo mismo a llegar muy puntual, aprovechar al máximo los 90 minutos de entrenamiento tomándolos muy en serio, dar lo máximo de ti, prepararte a conciencia, ser muy disciplinado en tus comidas y en el descanso. Debes escoger disciplina o no. Sacrificio o no. Constancia o no. Optimismo o no. Sin estos conceptos bien asumidos es imposible que consigas ese éxito que buscas.

Diego superó esos 4 años hasta las próximas olimpiadas que se iban a celebrar en su país, en Río. Iba a tener a su público mucho más cercano, apoyándole. Pese a tener 31 años, estaba muy en forma. Se había cuidado mucho y había trabajado muy bien. 

Realizó las fases clasificatorias con gran perfección. Consiguió de nuevo estar en las finales y ahora había que esperar a que no hubiera ninguna caída. Era la tercera olimpiada y no podía fallar. Había repasado durante estos años todos los pequeños detalles por los que había caído y necesitaba hacer una actuación casi perfecta.

Llegó el momento, el gran día, la gran final. El estadio estaba repleto de brasileños que le animaban a rabiar. Los jueces perfectamente colocados para realizar la puntuación de sus saltos. Las cámaras de televisión, retransmitiendo para todo el mundo este gran acontecimiento. Todos conocían la historia de Diego y sentían un cierto cariño por un atleta que había sufrido tanto y que seguía ahí, preparado para intentarlo una vez más. ¿Sería capaz de conseguirlo?

Vemos un primer plano de las cámaras de televisión captando el rostro de Diego, muy concentrado en lo que iba a realizar. No era un simple ejercicio, era el resumen de toda su vida dedicada al deporte reducida a unos segundos, que llegaban ya. No se le veía preocupado en absoluto, ni nervioso. Había aprendido a trabajar todo esto, no era un primerizo.

Un futbolista profesional se pone también nervioso ante una final o antes de iniciar cualquier partido. Pero es capaz de controlar ese miedo porque sabe que es algo que si te domina, estás completamente perdido porque te bloquea y no eres capaz de salir adelante ni hacer nada bien, pese a que lo sabes hacer, no te sale nada porque estás agarrotado. 

Diego respira hondo antes de iniciar el ejercicio. Cierra los ojos para visualizar todos los movimientos por última vez. Por fin se lanza iniciando una carrera a gran velocidad para poder ejecutar un salto con dos mortales que le llevan a un aterrizaje perfecto, con los brazos en cruz. Ya tiene la primera fase del ejercicio superada. Le quedan dos recorridos más y la medalla será suya. Pero nada le distrae ahora. Está muy concentrado en el doble tirabuzón que realiza a la perfección elevándose a gran altura. Los aplausos son ensordecedores. Le queda el último tramo. Diego sabe que ese es el momento donde ha fallado en las dos últimas olimpiadas. Pero no se lo piensa ni un segundo y se lanza para realizar la pirueta más increíble y difícil, para conseguir impactar a los jueces, a pesar del riesgo que eso lleva consigo. Está finalizando y todos están expectantes por ver cómo sus pies contactan con el suelo. Si consigue caer correctamente la medalla es suya. 

Y Diego aterriza en el suelo a la perfección mientras levanta los brazos hasta ponerlos en cruz. Su cara se transforma porque sabe que lo ha conseguido. El público se da cuenta de la hazaña y se levanta de sus asientos para premiar a su héroe. Lo ha conseguido. Ha necesitado tres olimpiadas para conseguir su sueño pero a base de mucha constancia, ahora se siente feliz, muy feliz.

No te rindas nunca. Cada derrota que tengas debe servirte para aprender a levantarte y esforzarte por corregir tus errores y seguir luchando de nuevo. Sé optimista y mira las derrotas como lo que son: oportunidades para seguir aprendiendo, para seguir creciendo. 

Las derrotas importantes, esas en las que tenías puesta toda tu ilusión son las que más te van a enseñar y si eres constante y sigues luchando, llegarás a estar tan entrenado que al final siempre llega una victoria.

Pero ¿qué hubiera pasado si Diego no hubiera conseguido la medalla de plata en esas Olimpiadas? ¿Podría sentirse un fracasado? Quizá no hubiéramos escrito su historia. Ciertamente hubiera sido un fracaso en el sentido de que la medalla no iba a estar en su vitrina de trofeos, pero quizá sí gana algo más importante y que el cuenta detalladamente:

––Gracias al deporte yo he sido feliz. Pero la felicidad no me la han dado las medallas que he ganado sino que he tenido el privilegio de conocer el mundo entero gracias a las competiciones, y he podio ampliar mi cultura en contacto con personas de todas partes. Además el deporte me ha hecho mejor persona porque me ha enseñado a ser ordenado, muy disciplinado, humilde, trabajador. Eso se lo debo al deporte y vale más que mil medallas. 

El deporte me ha dado también la satisfacción de saber cómo vivir para superarte constantemente. Fallé muchas veces y aprendí a levantarme con la cabeza bien alta porque sabes que cuando caes hay que levantarse si quieres seguir y sabes que pasará más veces. He aprendido algo que he podido comprobar personalmente: que nada es imposible, que tienes que creer en ti mismo y seguir adelante.

La historia de Diego Hypólito no es una historia de una medalla en las olimpiadas sino un relato de una vida llena de esfuerzo y constancia.