Cuando leí un artículo en la prensa deportiva que se metía con la principal cantera de fútbol de la ciudad porque entre otras cosas no se preocupaba de que los jugadores instalados en su masía sacaran adelante sus estudios, me dio mucha pena porque realmente esos niños se merecen de los adultos mucho más que todo esto. 

Y pensé por un momento cómo estábamos tratando a nuestros alumnos residentes en la Fundación Marcet. Me dio mucha alegría comprobar que se seguían muy de cerca los estudios de cada uno de los jugadores, que se les ayudaba a superar aquellas dificultades que se detectaban en los estudios diarios, que se buscaba la tutoría y el apoyo del colegio para que cada uno de los chicos saliera adelante, que se les animaba individual y colectivamente a sacar buenas notas de forma prioritaria. Algunos habían reducido sus entrenamientos para sacar más horas de estudio. Todo esto ha servido para dejar claro a estos jugadores que no existe otro camino que no sea el de los estudios como principal objetivo.

Los padres somos los primeros que debemos hacerles ver a nuestros hijos que el fútbol, aunque puede ser muy beneficioso, no garantiza una profesión, y que debemos compaginarlo con los estudios.  Muchos lo dicen pero luego no lo demuestran con hechos y le dedican más tiempo a controlar cómo entrena y cómo juega que a su rendimiento académico. Ya sabemos que los niños aprenden no de lo que les decimos sino de lo que hacemos. Nuestra actitud es el reflejo de nuestras intenciones.

Si nos ven leer con frecuencia un buen libro, ellos se inclinarán por la lectura, si nos ven aprovechar el tiempo en todo momento, ellos lo harán. Si nos ven poner esfuerzo en las pequeñas cosas de la casa o del trabajo, superar dificultades con deportividad, entonces ellos lo harán porque sus padres siempre han sido un ejemplo de todo esto.

 Los padres debemos enseñarles a compaginar libros y fútbol, organización y aprovechamiento del tiempo de estudio, respeto a las horas de sueño y descanso. Si tienen un horario pactado, les será más sencillo rendir más en el deporte y en el estudio.

En ocasiones son los propios padres los que pueden originar el problema, prestando más atención al deportista que al estudiante, interesándonos más por el fútbol que por los libros. Posiblemente hayamos hablado durante más tiempo con nuestro hijo del partido del fin de semana que de las clases en el aula, de su entrenador que de su profesor. Seguimos a nuestros hijos en sus competiciones deportivas pero olvidamos las tareas escolares.

Intentemos hablar más con nuestros hijos de estudios o de otras cosas aparte del fútbol, de sus profesores y de sus compañeros de clase, acudamos a tutoría con frecuencia y hagamos seguimiento conjunto.

En la Fundación Marcet hemos notado siempre un gran impulso en los estudios de los jugadores que acuden a nuestras actividades porque somos un apoyo muy importante para los padres ya que muchas veces lo que les decimos desde aquí tiene un impacto mayor que lo que le puedan decir sus padres ya que somos para ellos una voz autorizada a la que hacen mucho caso.

Los entrenamientos y competiciones hacen que el joven renuncie a disfrutar de amigos y familia e incluso a, si no se organiza bien, a frenar sus estudios. La familia juega un papel fundamental, es clave en el dispositivo que necesita un adolescente deportista de élite, es imprescindible el apoyo al hijo en su deseo por el fútbol. Si los padres se implican correctamente, el resultado será el que buscamos. En muchas ocasiones, deberemos cambiar la rutina familiar por apoyar a nuestro hijo, horarios de trabajo, vacaciones, viajes e, incluso, en algunos casos de vivienda.

En realidad, la motivación que poseen los niños deportistas por conseguir rendimiento deportivo hace que acepten con entusiasmo esas metas ambiciosas en sus estudios imponiéndose ellos mismos una disciplina muy seria para conseguir buenos resultados en el colegio. Pero es necesario que los padres y los entrenadores les apoyen y les hagan ver con claridad su relevancia.

Así lo hemos comprobado en los joven estudiantes que tenemos en la residencia. El día a día de los entrenamientos y de la competición les había apartado a algunos de su objetivo en los estudios y, al detectarlo en los últimos informes del colegio, se les reunió para advertirles de que el éxito del proyecto del que participaban no era completo sin sus buenas calificaciones en sus estudios. De qué iba a servir ascender a división de honor si terminábamos el curso con algunas asignaturas suspendidas. Para la Fundación esto sería un fracaso. El reto estaba lanzado y la actitud de estos jugadores cambió radicalmente poniendo sus estudios en su lugar.

Cuando nuestros hijos dejan de entrenar por un examen, o por tener que estudiar, debemos preguntarnos si el empacho del último día sirve realmente para algo. De nada sirven las prisas de última hora y no es formativo eliminar el compromiso del entrenamiento porque tiene un examen. Hay que ayudarles enseñándoles a organizarse con tiempo los exámenes. Que se den cuenta que todo es compatible si nos organizamos bien.

Cuando los padres castigan a sus hijos con no jugar al fútbol, por unos malos resultados en estudios, deben saber que castigar sin deporte es una decisión errónea. Debemos considerar la practica del fútbol de nuestros hijos como una actividad extraescolar complementaria y beneficiosa para su formación, por lo tanto no les castiguemos con quitarles el fútbol. Castiguémosles no dándoles dinero el fin de semana, sin jugar a la videoconsola, sin ver la televisión o sin salir con los amigos.

Debemos hacer lo más conveniente para que los jóvenes saquen mejores notas y practiquen su deporte favorito, sin amenazas y como complemento de sus formación. El deporte es la mejor forma de reducir enfermedades, la mejor forma de despertar al chico perezoso y la mejor forma de que los jóvenes se mantengan alejados de malas adicciones como las drogas o el alcohol. El fútbol contribuye a que el joven ocupe su tiempo de diversión en algo positivo, reduciendo el peligro callejero o la pasividad del sofá.