Los padres que protegen mucho a sus hijos son la causa un problema grave ya que les privan de una formación importante dentro del mundo del deporte y, también en la vida, que es el adquirir el hábito o la virtud que denominamos espíritu de superación. Es un elemento fundamental para todo aquel que está aprendiendo y, los niños, en el fútbol están en esa situación de aprendizaje.
Últimamente he podido escuchar de forma repetitiva una conversación con un padre y con otro que va enfocada de la siguiente forma:
–Me llevo a mi hijo de aquí porque no le habéis valorado lo suficiente. Estoy muy contento con los entrenamientos y con el ambiente y los valores que se transmiten pero creo que se merece jugar en una categoría más alta.
–A mi hijo lo han llamado para jugar en la máxima categoría, ¿qué me ofreces tu aquí?
–Mi hijo no puede jugar en una categoría inferior cuando se esperaba jugar en una superior. Esto le va a hundir. Se ha pasado toda la noche llorando. Me lo llevo.
Tenemos un problema grave que se llaman PADRES proteccionistas. Están haciendo mucho daño a sus hijos porque van paseándolos por todos los clubes de la ciudad y extrarradio hasta dar con uno que lo acepta en el lugar que ellos buscan. Pero lamentablemente, el niño no puede dar de sí más de lo que tiene y entonces surge de nuevo la crisis al final de la temporada si no es antes.
Niños de 8 y 9 años que ya se han paseado por todos los clubes de la ciudad. En ninguno se ha mantenido pero el padre lo sigue sacando de allí porque unas veces el entrenador no le ha comprendido, otras son las envidias de los padres, o los compañeros que lo han rechazado. Toda la culpa recae en los demás. 
Este padre es incapaz de pensar que quizá tiene demasiada prisa y que no ha tenido la paciencia suficiente para dejarle progresar al niño a su ritmo. Lo quiere ya un campeón y si no llega o surgen problemas es porque el entrenador que tiene no trabaja bien. 
Aprovecho estos días para charlar con los padres de estos deportistas y exponerles algo que puede ayudarles a darle la vuelta a todo esto. Quizá te pueda servir también a ti, estimado lector.
–Mira, tu hijo tiene un problema. Lo está pasando mal pero no es por nada malo en sí. Le han dicho que juegue en una categoría inferior. En lugar de ayudarle a afrontar el problema que tiene, te lo llevas. Eso no es formativo para tu hijo. Tiene que ser capaz se superar las dificultades que le vayan surgiendo a lo largo de su vida y si ahora lo hace, cuando sea mayor estará bien entrenado para afrontar con éxito otras situaciones mucho más dolorosas.
Posiblemente no soportamos que nuestro hijo sufra. Correcto. Sufre pero es algo superable si sabemos apoyarle para que se levante y siga luchando. El deporte es así. Tiene momentos muy buenos cuando todo va de cara y momentos muy malos. Hay que quedarse con los buenos y superar los malos: Una derrota se afronta quejándose del árbitro (protección) o reconociendo los fallos (superación). Una eliminación se afronta abandonando (protección) o empezando de nuevo de cero (superación)
¿Qué estamos haciendo con nuestros hijos? ¿queremos realmente ayudarles? Pues no les protejamos tanto y seamos capaces de verles pasar esos malos momentos con la fortaleza necesaria. 
Si le ponen en una categoría inferior, posiblemente sea porque no le entienden, porque hay favoritismos (proteccionismo) o quizá hay algunos aspectos que ha de mejorar para volver a estar allí arriba (espíritu de superación)
En definitiva, tu hijo lo que tiene que hacer es seguir en el equipo, ser un poco más humilde, reconocer dónde puede estar fallando (que eso le ayudará a mejorar) y tirar para adelante sin más complejos. No le haces ningún bien huyendo a la primera de cambio. Lo único que haces es intentar protegerle y eso a la larga le hará mucho daño.
Ayer tuve la suerte de poder hablar con un padre que le ocurrió todo esto que he comentado y que tras pasar por varios clubes de renombre se ha dado cuenta que ha perdido un tiempo importante y que el mejor lugar donde podía estar es aquí, donde salió en su momento. Reconoció su error de amor de padre que le cegó en su actuación. De padre proteccionista ha pasado a ser un padre donde lo que realmente le interesa es la formación de su hijo independientemente de las categorías.
Hace dos días estuve hablando con un gran jugador de un equipo de primera fila nacional de la categoría juvenil. Le acaban de dar la noticia de que no contaban con él para la próxima temporada. Un golpe muy duro para el chaval. Sin embargo me llamó la atención su fortaleza mental. A pesar de estar destrozado moralmente, seguía confiando en sus grandes cualidades, que las tiene e intenta, con toda su energía, superarse en su truncada carrera futbolística.
Me alegré mucho por él porque otros abandonan para siempre y tiran la toalla. Sus padres han sabido educarle correctamente y para él esta situación es una más que tiene que superar. Sin lágrimas ni sentimentalismos. Con energía y con espíritu de superación.