Si tienes un hijo entre los 3 y los 10 años, debes saber que es el mejor periodo para enseñarle esta gran cualidad ya que son las edades donde manifiesta una mayor sensibilidad ante esta virtud.

Esto no significa que no haya que seguir trabajando este valor en los años siguientes y durante toda la vida.
Cuando en los entrenamientos de la Fundación Marcet explicamos la historia de Klose, nos damos cuenta de lo importante que puede ser asumir un valor como es el de la honestidad.

En Alemania, los rivales le respetan, los árbitros le adoran, los compañeros se enorgullecen de tenerle a su lado y los aficionados del Werder fardan de tenerle en sus filas. Todo ello desde que un domingo Klose resbaló dentro del área del Arminia Bielefeld. El árbitro señaló penalti y todo el estadio lo celebró a pesar de que la mayoría de los presentes sabían que era injusto. Klose, en vez de dirigirse al punto de los once metros, se levantó, se fue a hablar con el colegiado y le convenció de que había resbalado y que el defensor rival no le había tocado. Ante el pasmo de todos, el colegiado cambió su decisión y señaló bote neutral. A partir de ese día, Klose unió a su fama de goleador eficaz, la de una gran persona.

Desde que son pequeños, chicos y chicas distinguen entre la verdad y la mentira. Saben que mentir es algo que no debe hacerse aunque el motivo no es más que porque de esta forma sus padres y profesores les quieren más, les ayudan y no les castigan.

Pero, cuando llegan al uso de razón, comienzan a entender la importancia de la sinceridad y su valor moral: lo bueno es decir la verdad. Será entonces cuando se esfuercen por vivirla aunque les cueste en ocasiones. Y ejemplos como el que hemos puesto más arriba facilitan y motivan a nuestros hijos o a nuestros alumnos o jugadores.

Los niños tienen una gran sensibilidad a ser engañados y una gran capacidad para captar la sinceridad de sus educadores. Ten cuidado con las bromas. Que sepan siempre si lo que dices es una broma o es verdad. Si no saben distinguirlo, pueden pensar que les estás mintiendo.

Presentarles modelos positivos, beneficiará en gran manera la aceptación de este valor. Cuanto más mayores sean, los modelos deben ser más reales y cercanos. Las mentiras de los niños preocupan a los padres y educadores. Sin embargo lo importante es conocer la razón por la que los niños mienten ya que el motivo de la mentira nos permitirá conocer el camino de la corrección.

Veamos algunos ejemplos en el deporte y sus causas:

  • Me preguntan por qué no he ido a entrenar y respondo que tenía un examen para quedar bien cuando la verdad es que ese día no tenía ganas.
  • Estoy en el colegio y comento a mis amigos que este fin de semana he metido cuatro golazos y dos por la escuadra para quedar bien delante de ellos.
  • Se ha roto algo en el vestuario y cuando preguntan si has sido tú, respondes que no por miedo al castigo.
  • Un chico se ha comprado unas botas nuevas y le dices a tus padres que el entrenador ha dicho que hay que utilizar esas botas y que se las compre. Es por envidia.
  • El entrenador pregunta quién ha sacado buenas notas en el colegio y tu respondes que las tuyas son muy buenas aunque no lo son para quedar bien.
  • Termina el partido y has fallado un penalti y como excusa dices que tienes una herida que no te ha permitido tirar bien.
  • Al perder en un partido echas la culpa al árbitro. Hay que ser humildes y reconocer que a veces fallamos.

Lo difícil es precisamente esto, detectar la razón de la mentira. No es tan sencillo ya que en muchos casos confluyen diversos motivos.

Es interesante que los educadores hablen mucho con sus alumnos. Eso les permitirá en mejores condiciones razonar con ellos y corregirles. En la medida que los profesores consigan ganarse la confianza de sus hijos facilitaremos su sinceridad.

Los más pequeños, cuando mienten lo hacen por llenar un vacío interior y acuden a la fantasía distorsionando la realidad todo lo que pueden. Esto es muy normal entre los 3 y los 6 años y no debe considerarse una mentira. Creen en la fantasía como algo real. De todos modos es importante que vayan diferenciando el mundo real y el de su imaginación. Los niños también suelen mentir para quedar mejor delante de sus compañeros. Suelen falsificar la situación de sus padres, de sus posesiones, dónde han estado de vacaciones, etc.

No es fácil encontrar una solución a esto. Hay que estar muy atento en el Plan Marcet, cuando un niño alardea de sus posesiones o de su situación. Convendrá hablar con los padres pues quizá se esté dando demasiada importancia al tener.

Hay que razonarle con cariño lo que él vale, independientemente de los bienes materiales que posea. Y también hay que hablarle sobre lo que valen sus compañeros y las personas con las que convive. Cuando se hace por evitar un castigo, es más preocupante y debe atajarse con firmeza porque es fácil que termine en convertirse en un hábito. Hay que conseguir demostrarle que ser sincero compensa. Hacerle ver que no le vamos a castigar por haberse peleado con un compañero. Eliminarle la necesidad de mentir.

No es bueno empezar a razonarle y a demostrarle que ha mentido. En este sentido no es bueno imponerle castigos. Lo ordinario será agradecer la sinceridad y pensar juntos como puede resolverse la situación. El esfuerzo por reparar el daño es suficiente correctivo. El problema está en que para el padre o educador esto es más costoso ya que hay que dedicarle más tiempo. Lo sencillo es castigar, pero no es lo eficaz.

En el caso de que haya que castigar aunque se haya sincerado, es bueno suavizarlo para que él valore el mérito de su sinceridad. También hay que ayudarles a rectificar sin que resulte humillante para ellos.

Puede ocurrir que mientan por orgullo, por no admitir una limitación o tropiezo. En este caso, se tratará de ayudarles a comprender lo que ellos mismos valen tal como son y no tal como quieren aparentar ser. Se puede insistir en no hacer trampas en los juegos o en no buscar excusas.
Hay que tener en cuenta que en la adolescencia será muy necesaria esta virtud y si no lo consiguen ahora, luego será más difícil, mucho cuidado con la espontaneidad:

Hay personas que dicen que la espontaneidad es un signo de sinceridad. Pero echar fuera lo primero que a uno se le pasa por la cabeza sin apenas pensarlo o dejar escapar impulsos y sentimientos, no puede considerarse un acto virtuoso de sinceridad.

No puedes decir todo lo que piensas porque puede herir a los demás. Hay que ser muy prudente en esto y no es un falta de sinceridad sino una forma responsable de vivir el compañerismo.

¿Que consejos puedes dar a tus jugadores o a tus hijos deportistas?

Posiblemente no haga falta que enumere muchos consejos porque son de sentido común pero, por si te sirve, te adelanto algunos relacionados con la espontaneidad y con la sinceridad:

  • Pedir perdón cuando se ha molestado a alguien y compensarle de alguna forma.
  • Evitar los motes y los gestos hirientes.
  • Evitar el ridículo a los demás.
  • Hablar confiadamente de sus preocupaciones.
  • No mentir en los juegos, no hacer trampas.
  • Participar en las conversaciones del grupo.
  • No acusar a los compañeros.
  • Avisarles para que puedan rectificar.
  • No hablar mal de los compañeros.
  • Admitir el error o equivocación sin excusarse.

Como profesor o como padre puedes ayudarle mucho a tus jugadores o hijos con ciertas actitudes. Enumero algunas de ellas:

  • Conseguir que haya una gran comunicación.
  • Escuchar lo que dicen sin juzgarlo todo.
  • En el caso de que haya que reprender, buscar el momento adecuado, estando a solas y procurando no humillarle. Dejarle una salida airosa.
  • Mostrar afecto y seguridad de que va a mejorar.
  • Alabar todas las situaciones de sinceridad que se produzcan en los alumnos.

Piensa en todo ello. Educar en lo positivo, tiene unos resultados muy eficaces. En la Fundación Marcet entendemos que no existe otro camino más eficaz que conseguir que nuestros jugadores se den cuenta que vale la pena poner esfuerzo en ser sinceros y honrados en el deporte y en la vida.