En la Fundación Marcet, de la misma forma que al jugador le marcamos objetivos deportivos y actitudinales a corto, medio y largo plazo, procuramos realizar un seguimiento individualizado de sus estudios. El fútbol es una motivación más para seguir estudiando. Si quieres seguir en la Fundación Marcet, hay que apretar en los estudios.

No creemos en los jugadores vagos, que no se esfuerzan en lo académico. Les marcamos objetivos a corto plazo de superación constante. Si has sacado un notable, debes llegar al excelente. Si te falla la lectura comprensiva, debes mejorar en este concepto.

Muchas veces son los propios padres los que nos piden ayuda porque a ellos no les hacen mucho caso y el entrenador tiene, en muchos casos, más fuerza motivadora que los mismísimos padres. Un consejo positivo comentándole lo mucho que esperas de él es suficiente para que se lo tome muy en serio. Más de lo que creemos.

Recuerdo aquel chico que en el primer trimestre me enseñó las notas. Eran muy buenas pero en inglés tenía ciertos problemas en un aspecto concreto. Tenía un 6 y marcaba mucho la diferencia con el resto de las notas. Le comenté que quizá esa nota debía trabajarse para la próxima evaluación. No le comenté nada más.

Al final de curso vino otra vez con las notas y me enseñó un 9 en lugar del 6. La madre me comentó que lo que yo le había dicho en aquel momento había sido suficiente para tomarse mucho más en serio la asignatura de inglés.

Lo que es importante para nuestros jugadores es que les hagamos el seguimiento de aquellos objetivos que les marcamos. También en los académicos. Porque somos muy dados a marcar metas pero luego nos olvidamos de lo que les hemos dicho y nunca más les preguntamos por ese objetivo. Es imposible olvidarse si realmente les queremos ayudar y no solo buscamos sus habilidades deportivas.

Me dirás qué pasa si un gran jugador falla en sus estudios. ¿Lo apartas del equipo?

Si lo que buscas realmente es ayudar al jugador, no hay vuelta de hoja, hay que apartarlo del equipo hasta que las notas sean mejores. Si lo que persigues es tu victoria personal, ganar por encima de todo, le permitirás jugar justificando su falta con excusas imperdonables.

He de puntualizar que el protocolo más lógico cuando esto ocurre debe tener unas fases cada vez más duras hasta llegar a la exclusión. La primera vez que se detecta este desfase académico, hay que hablar seriamente con el deportista para dejarle claro cuáles son las prioridades en su carrera deportiva: primero estudios y luego deporte. Debe ser una conversación seria pero motivadora para el jugador que realmente asuma el compromiso y se le pueda ayudar en sus dificultades para conseguirlo.

Si es reincidente es cuando ya se deben tomar las medidas más duras dejando claro que es por un tiempo limitado que coincidirá con su cambio de actitud ante los estudios. Hemos de pensar que si realmente queremos ayudar a un joven deportista a salir adelante en su vida, no podemos ser blandos porque no le conviene. Y esto también va para los padres. Somos muy poco exigentes con nuestros hijos en las cosas importantes donde nos jugamos mucho.

Y esto es lo que justamente está ocurriendo con estos chavales desperdigados por los mejores clubes del mundo. Les estamos robando parte importante por no decir fundamental de su formación simplemente por ser unos egoístas que priorizamos la victoria personal a corto plazo, a su éxito personal a largo plazo.

Viendo la entrega de medallas de las gimnastas españolas en las Olimpiadas de Río de Janeiro, se les veía felices con su plata. ¡Cuántas horas repitiendo los ejercicios hasta llegar casi a la perfección! ¡cuántos sacrificios!

Una de las comentaristas de la televisión nombra a la capitana del equipo, destacando de ella que es estudiante de tercero de medicina. Lo hace admirada y con curiosidad por saber de donde saca el tiempo. Son tan pocos los deportistas que se toman en serio sus estudios. Es muy difícil compatibilizarlos.

Por suerte, posiblemente estén en uno de esos Centros de Alto Rendimiento que se montaron en España para las Olimpiadas del 92 y allí tienen, en el propio centro de entrenamiento, un colegio para poder compaginar los entrenamientos con los estudios.¿ Qué será de estas niñas cuando dentro de 5 años terminen su carrera como gimnastas, si no han estudiado?

Uno de los programas más importantes que la Fundación Marcet ofrece a jugadores y porteros de todo el mundo es el Programa Profesional.

http://marcetprofessionalprogram.com

Actualmente hay alrededor de 150 alumnos de más de 40 países diferentes. Vienen de China, Japón, India, Indonesia, Australia, países sudamericanos, USA, Canada y múltiples países europeos. También acuden jugadores de las distintas ciudades de España. Es una mezcla de razas y culturas extraordinaria.

Todos vienen con un mismo interés: ser jugador de fútbol profesional. Es el sueño de tantos jóvenes en el mundo entero. Podríamos plantearlo como un gran negocio y buscar únicamente los ingresos por un servicio tan buscado. Sin embargo, desde el primer momento sientes la gran responsabilidad y las enorme oportunidad que se presenta.

¿Por qué no aprovechar esta gran ilusión por triunfar como futbolista para plantearles metas más interesantes? Qué fácil es decir a un jugador de 16 años: te voy a convertir en un gran jugador. Me preocupo de enseñarte noche y día todas las técnicas y estrategias que te ayudarán a conseguir este objetivo y luego, ya veremos si llegas. Dependerá de ti.

Sin embargo en la Fundación Marcet decidimos, en su momento, complicarnos un poco más la vida e intentar lo mismo pero anteponiendo sus estudios y aclarando que sin un interés por sacarse una titulación académica, todo lo demás es inútil. No vale para nada por lo ya comentado al principio del artículo.

Igual que existe el departamento de análisis, el psicólogo deportivo, el fisioterapeuta, el preparador físico, etc, por encima de todos estos está el departamento académico, formado por especialistas que trabajan exclusivamente para que todos nuestros alumnos se tomen en serio sus estudios y estén motivados para alcanzar también el máximo rendimiento posible en sus calificaciones.

Y me paro aquí para contar un caso bastante habitual. Muchas veces coincide, no siempre, que los jugadores mejor dotados, no tienen buenas condiciones para los estudios. ¿Qué podemos hacer con ellos? Explicaré dos casos reales cambiando sus nombres y edades para no dar pistas que pueden aclarar mi asombrosa afirmación.

José es un niño prodigio del fútbol, quizá el jugador con más talento que ha pasado por la Fundación. Recogido en la calle donde pasaba su infancia adquiriendo una experiencia de vida prematura. Los libros no le conocían. Los padres trabajan por las tardes y no podían atenderle. Cuando pasó a vivir en la residencia participando en el Programa Profesional, la primera dificultad con la que se encontró fue su falta de hábitos  en los estudios.

De repente pasó a tener una hora de estudio diaria y unos profesores que se preocupaban de él porque veían que nuestro seguimiento era constante y que con la ayuda de todos podíamos cambiarle esta ausencia de vida académica. Los niños son esponjas y son capaces de adquirir más conocimientos de los que pensamos. Pero era evidente que este gran jugador iba muy retrasado con respecto a los niños de su edad por sus especiales circunstancias.

Podíamos haber desistido ya que al principio los informes de los profesores eran muy negativos, aunque nunca desalentadores, por tratarse de grandes profesionales que lo dan todo por cada uno de sus alumnos. Lo fácil hubiera sido decidir que se dedicara al fútbol y que fuera haciendo lo que pudiera en sus estudios. Muy parecido a lo que relataba Ignacio Martín en su estancia en el fútbol base del Real Madrid.

Pero no fue así. Conscientes de que nos jugábamos ahora el futuro del chaval, pusimos en la Fundación Marcet todos los medios posibles para ir cambiando su actitud en los estudios. Le proporcionamos un profesor de apoyo complementario, mantuvimos reuniones constantes con el colegio y le animábamos cada vez que conseguía un éxito académico aunque fuera muy pequeño.

Aunque no llegamos a tiempo por las inmensas lagunas en matemáticas y en lenguaje, nos dimos cuenta de que con paciencia podíamos conseguirlo. Repitió curso pero nuestras esperanzas en una mejora estaban completamente abiertas. Mientras su progresión deportiva era impresionante.

Efectivamente, este curso empezó de otra manera. Los informes en el colegio eran muy positivos. Mostraba mucho más interés y poco a poco esas lagunas desaparecieron. Ha terminado el curso con buenas notas. El niño es otro. Ha adquirido confianza en si mismo y unas hábitos en los estudios que prometen: ya no se olvida los deberes en el colegio, es capaz de permanecer una hora estudiando sin moverse de la silla, no evita el esfuerzo de memorizar las cosas, dedica tiempo a la lectura, etc.

Si esto no es preocuparse del futuro de un jugador, apaga y vámonos. Como futbolista, es un portento pero no estaríamos haciendo las cosas bien si no le apoyamos en el aspecto académico. En muchos lugares esto no puede hacerse por la falta de tiempo, porque los padres no tienen la fuerza necesaria, porque tienen que dejarles solos en casa para poder trabajar y traer el pan a casa, etc.

Por otro lado, hago una llamada a los entrenadores de todo el mundo que trabajan con niños.

No sabes la gran responsabilidad que tienes cuando os confían ese grupo de jugadores que forman vuestro equipo. No valoréis únicamente su talento deportivo. Preocúpate también de su vida académica y de su formación como persona.

¡Tenéis tanto por hacer! Después de los padres sois posiblemente los que más podéis influir en ellos. Con vuestro buen ejemplo, con vuestros comentarios, con vuestras actuaciones.

Dedicadles tiempo. Es la mejor medalla que podéis ganar: que os recuerden como una de las personas que más ha influido en su vida.

Pero existen otro tipo de casos que se podrían sintetizar con la historia de Rafa.

Rafa es un alumno que entró en el programa profesional de la Fundación Marcet con 16 años. En la reunión que mantuvimos con el padre manifestó que estaba en un periodo de adolescencia total y que no querías estudiar. Lo único que deseaba era jugar al fútbol. ¿Te suena esta historia? Quizá sea la de tu propio hijo.

Otro padre le aconsejó la Fundación Marcet:  quizá ellos pueden conseguir ilusionar a tu hijo por los estudios participando en el programa profesional. Ellos le harán ver que para llegar a ser futbolista debe cuidar su nivel académico.

Desesperado nos lo entregaba, en busca del milagro que él no había podido conseguir. Lo único que había obtenido con su insistencia en que estudiara es una ruptura total en la relación entre padre e hijo. La situación estaba siendo muy crítica y estaba bastante desesperado.

Tras hacer un estudio serio de sus condiciones intelectuales, nos dimos cuenta de que con 16 años estaba muy limitado y no todos los chicos hay que apretarles para que estudien algo que es imposible alcanzar por sus condiciones intelectuales y sus hábitos. Sin embargo, existen otras posibilidades que no pueden desperdiciarse para cubrir sus espaldas en un futuro no muy lejano cuando se de cuenta que quizá ya no sirve ni para el fútbol ni para estudiar.

Existen profesiones dentro del fútbol y fuera de ellas muy atractivas. Rafa destacaba por sus buenos conocimientos del ordenador y su capacidad de leer los partidos en el campo. Pensamos que podría aprender la técnica de análisis de partidos a través del programa que utiliza la fundación para asesorar a los jugadores.

Si a los 16 años empieza a dominar está incipiente tecnología del deporte, con 25 o 30 años será un auténtico experto. Hoy en día es una buena salida profesional para aquellos que se dedican al deporte. Quien dice esto, si lo que se aprecia en la persona es una cierta habilidad formativa, se le puede orientar para que se saque la titulación de entrenador nacional que le permite trabajar durante mucho tiempo después de su periodo como futbolista. Otros pueden especializarse en el arbitraje, en la fisioterapia, la preparación física, el periodismo deportivo, etc. Incluso podemos detectar habilidades manuales para la pintura, la mecánica, la electrónica, etc.

Rafa ahora está mucho más centrado porque ya no solo piensa en fútbol sino que se le ha presentado la oportunidad de hacer algo que también le gusta y que puede serle muy útil a largo plazo. Además, dentro de la gran disciplina que exige el deporte. No hay duda de que en dos o tres años su actitud y la relación con su padre habrá cambiado gracias al fútbol y en todo lo que hay alrededor suyo.

Qué diferente es todo esto a lo que describíamos más arriba. ¿Vale la pena el esfuerzo realizado? ¿vale la pena cambiar la orientación de tantos jóvenes deportistas para que en lugar de sacrificarlo todo por el fútbol, puedan combinar este bello deporte con una preparación profesional o académica que les ayude a salir adelante en un futuro no tan lejano?