Una vez has escogido la entidad donde va a jugar tu hijo, debes depositar toda tu confianza en el entrenador que va a dirigir el equipo. El entrenador es el máximo responsable deportivo de un equipo y su papel consiste en tomar decisiones y velar para que el funcionamiento del equipo marche correctamente. Debe intentar sacar el máximo rendimiento a cada uno de sus jugadores en los entrenamientos y en los partidos.

En una escuela de futbolistas tenemos muy claro que el entrenador es la pieza clave. Debe pasar por un proceso de selección muy exigente ya que somos conscientes de la gran responsabilidad que tiene. Debe estar muy bien preparado. No estamos de acuerdo en la postura de muchos clubes en la que a los jugadores más jóvenes se les coloca el entrenador menos cualificado cuando estos jóvenes jugadores lo que necesitan es un entrenador que les sepa transmitir todos aquellos conceptos que necesita en su aprendizaje. Por lo tanto, no hemos de infravalorar ningún periodo deportivo por jóvenes que sean los componentes del equipo.

El entrenador – formador debe preparar muy bien los entrenamientos y planificar adecuadamente los ejercicios. También debe conseguir actuar de forma imparcial cuando toma sus decisiones. Todas estas obligaciones del entrenador deben ser respetadas por los padres y permitir que pueda realizar su trabajo. 

Cuando entorpecen la labor del entrenador no están haciendo ningún bien a su hijo. Piensa que elegiste esta entidad deportiva con todas sus consecuencias y ahora no puedes quejarte si tu decisión no fue correcta. Si crees que el entrenador no está dando la talla, lo primero que debes hacer es respetarle y, luego, al final de la temporada cambiar de club, a un lugar donde enseñen bien a tu hijo. Además, está la figura del coordinador al que puedes acudir para transmitirle tus impresiones.

Frecuentemente, los padres tienen una visión imparcial por tratarse de su hijo y únicamente ven la forma en que pueda beneficiarse. No son capaces de colocarse desde un punto de vista más global como por ejemplo el que corresponde a los demás jugadores o la visión que posee el entrenador. Si el entrenador hace bien su trabajo pero no coincides con sus decisiones, por favor, acepta que otros pueden tener opiniones al respecto y respeta la decisión del entrenador. Hazlo por tu hijo y por cuidar el ambiente de la entidad.

En una escuela de futbolistas aconsejamos siempre que no se interrumpa para nada el trabajo del entrenador pero que si las cosas os parece que no van bien, puede hablarse por el conducto reglamentario y tener una charla personal con el entrenador o con el mismo coordinador ya que a todos nos interesa ayudar al chico, especialmente si pensamos que falta alguna información que el entrenador no posee. La idea es siempre trabajar en equipo: padres, profesores y jugadores.

Este punto es muy importante si realmente queremos que un equipo progrese al máximo de sus posibilidades. Hemos de conseguir una gran unidad entre todos que permita al equipo rendir al máximo nivel porque si está unido tiene mucha fuerza dentro y fuera del campo. El buen ambiente en el equipo y entre los padres es la clave del éxito deportivo.

Es cierto que hay entrenadores que no son objetivos, que no están preparados, que no tienen los objetivos claros. Esto no lo podemos evitar, pero lo que sí puedes hacer es elegir bien la entidad para no encontrarte con estos problemas. Si estás allí es porque tú lo has decidido así y no hay motivo para quejarse luego. La culpa es en parte tuya por no haber tomado una decisión adecuada.

Debe existir, por tanto, una cierta independencia para que el entrenador pueda trabajar con tranquilidad.

Muchas veces el problema es el papá entrenador. Es un personaje que no falta a ningún partido, asiste a todos los entrenamientos, hace estadísticas, filma en vídeo los partidos, da órdenes (a su hijo primero y luego quizá al resto de jugadores), no pierde detalle en los partidos y lo vive con tanta intensidad que a veces parece que ha jugado el partido con su hijo.

El motivo por el que el papá entrenador hace esto es porque está convencido de que su hijo es un diamante en bruto, una futura estrella del deporte. No está dispuesto a que se malogre, no permite ningún fallo en la educación deportiva de su hijo. Su hijo lo hace casi todo bien y para ese “casi”, siempre tiene excusas: el entrenador no lo entiende, sus compañeros son peores que él, le pasan mal o poco, el club es un desastre de organización…Siempre hay algo de qué quejarse. Su hijo sufre las consecuencias de ese “cariño” y protección paternal mal entendidos y, por supuesto, el entrenador también lo sufre.

Es muy difícil que un niño con este modelo de padre progrese correctamente. Poco a poco se convertirá en un niño inmaduro, consentido y diferente al resto del grupo ¡ Es tan difícil la educación de los hijos! La pasión muchas veces nos ciega y no hacemos más que entorpecer las cosas.

Menos mal que junto a este modelo está el de los padres coherentes, ante los que hay quitarse el sombrero: acompañan a sus hijos al fútbol, mantienen una actitud discreta de apoyo, animan a su hijo y al grupo, no crean presión innecesaria sino que ofrecen una enorme motivación y seguridad… En definitiva, saben disfrutar del deporte de sus hijos.