Busco entrenadores implicados

El buen entrenador está comprometido con su equipo y su entidad. No elude responsabilidades de ningún tipo ni pone pegas en su cumplimiento. Ama su profesión. Su compromiso formativo guía su vida profesional y personal. 

Por el contrario, el entrenador no implicado, evita esfuerzos y tiempo, rehúye a los jugadores de su equipo, se desentiende de las tareas no deportivas que debe realizar ––que a nadie le gustan pero que son necesarias para la buena marcha del club––, se queja continuamente, no sigue los acuerdos tomados en las reuniones periódicas, y no respeta los objetivos de la entidad deportiva en la que desempeña su labor. 

El entrenador no implicado no siente como suyo el club en el que trabaja, no lo lleva en su corazón. Carece de motivos por los que excederse en los quehaceres diarios y mucho más cuando se presentan los extraordinarios, tan frecuentes en cualquier centro deportivo y que siempre piden un esfuerzo personal añadido.

Como bien sabemos todos, el compromiso es un medio excelente para mejorar y perfeccionarnos como entrenadores. Nos permite darnos cuenta  del deber de actualizar nuestros conocimientos para mejorar nuestra actividad deportiva. 

Ser o no un entrenador comprometido repercute enormemente en sus jugadores –futuros adultos– y en sus familias. Desde esta perspectiva, podemos afirmar que la responsabilidad del entrenador, su compromiso, es un elemento transformador de personas y en consecuencia de la sociedad. 

Un entrenador comprometido entusiasma y persuade a sus jugadores con su visión de las cosas, en particular con su visión del fútbol. Parafraseando a Saint- Exupéry, nos gusta recordar que el valor de una persona puede medirse por el número y la calidad de sus compromisos libremente adquiridos. 

Para bien o para mal, los entrenadores determinan la calidad de los miembros del equipo. Por desgracia existen entrenadores más interesados por sus resultados deportivos que por sus jugadores. Y eso repercute fatalmente en el equipo.

En muchas ocasiones esta situación la generan las mismas entidades deportivas que rigen el deporte. En las escuelas de entrenadores no se imparte una buena formación y, por desgracia, faltan entrenadores especialistas, con cualificación adecuada. Hoy en día, cualquiera puede tener el título de entrenador y cuando los observas en el campo, te das cuenta de esa carencia.

Ser entrenador es una opción para gente valiente. Los mejores entrenadores son los que están comprometidos, son apasionados y se muestran capaces de mantener ese compromiso y esa pasión a lo largo del tiempo. Está muy claro que son algo más que ganadores de partidos. 

En la actualidad, el entrenador desempeña papeles más complejos. Debe desarrollar en sus jugadores la creatividad, la curiosidad, la inteligencia práctica y los valores que el deporte trae consigo. 

También tiene, el entrenador, la clave del incremento o la disminución de la autoestima y el rendimiento mediante su compromiso, conocimientos y destrezas. 

Cuando un entrenador se da cuenta de todo esto, es imposible no implicarse del todo porque se da cuenta de la gran responsabilidad que ha recaído sobre él al depositar el club este grupo de jugadores en sus manos.