Régulo, un general que cumple con su palabra hasta la muerte

 

En la otra orilla del mar frente a Roma, hubo una vez una gran ciudad llamada Cartago. El pueblo romano nunca se llevó bien con los cartagineses y al final estalló entre ellos una guerra.

Durante largo tiempo fue difícil decir quién demostraría ser más fuerte. Primero los romanos ganaban una batalla y luego los hombres de Cartago ganaban otra, de modo que la guerra continuó durante muchos años.

Quizá has empezado la liga con tu equipo de fútbol y te encuentras luchando por la clasificación contra equipos de gran nivel. Unas veces ganas y otras pierdes con lo que no se sabe quién será el campeón hasta el final. Los pequeños detalles son los que decidirán la balanza hacia unos u otros.

Entre los romanos había un valiente general llamado Régulo, un hombre de quien se decía que nunca había faltado a su palabra.

En el fútbol siempre hay jugadores que demuestran ser más decisivos por su valentía, por su técnica, por su habilidad con el balón, por la capacidad de arrastrar a los demás del equipo. 

Pero quizá, uno de los valores más importantes de un futbolista o de una persona es la honradez. ¿Cómo andas tu en esta virtud? Quizá puedas animarte a mejorar en este aspecto si sigues con la historia de Régulo.

Fue un valiente general que venció en muchas batallas y era muy temido por los cartagineses pero al cabo de un tiempo, Régulo fue hecho prisionero y conducido a Cartago.

Enfermo y completamente solo, soñaba con su mujer y sus hijos pequeños que tan lejos estaban, al otro lado del mar, y no tenía demasiadas esperanzas de volver a verlos.

Puede ocurrir que tras uno de esos partidos decisivos, acabes derrotado y destrozado por la dureza del encuentro y pienses que todo el esfuerzo realizado hasta ahora no ha servido para nada. Tanto entrenamiento y tantas privaciones no han servido para conseguir la victoria.

Posiblemente a Regulo le pasó algo parecido pero reaccionó como un autentico deportista que no se rinde nunca a pesar de estar prisionero.

Amaba mucho su familia pero creía que su primer deber debía ser hacia su país, por eso lo había dejado todo para luchar en la cruenta guerra.

Había perdido una batalla, era cierto, y lo habían encarcelado. Sin embargó, sabía que los romanos estaban ganando terreno y que los cartagineses temían perder la guerra. Habían acudido a otros países a reclutar soldados para que los ayudaran, pero incluso con éstos no conseguían luchar durante mucho más tiempo contra Roma.

Piensa siempre en esta realidad. Puede ser que hayas perdido una batalla pero puedes conseguir vencer en el próximo partido si te rehaces a tiempo y descubres dónde están los errores para corregirlos y vencer en la próxima batalla.

Un día algunos de los soberanos de Cartago fueron a la cárcel para hablar con Régulo.

-Queríamos hacer las paces con el pueblo romano-dijeron-, y estamos seguros de que, si los soberanos de tu país supieran cómo está yendo la guerra, estarían contentos de pactar con nosotros. Te liberaremos y te dejaremos regresar a casa si accedes a hacer lo que te ordenamos.

-¿Y que es? –Preguntó Régulo.

-En primer lugar-respondieron-, debes hablar a los romanos de la batalla que has perdido y dejarles claro que no han ganado nada con esta guerra. En segundo lugar, debes prometernos que si no quieren firmar la paz regresarás a la cárcel.

-Muy bien-dijo Régulo-. Prometo que si no desean firmar la paz, regresaré a la cárcel.

Y de este modo lo dejaron marchar, puesto que sabían que un gran romano mantendría su palabra.

Que siempre puedan decir de ti que eres un apersona honrada. Que cuando juegas al fútbol no haces trampas, que procuras vencer siempre cumpliendo las reglas de juego.

Cuando llegó a Roma todo el pueblo lo recibió con alegría. Su mujer y sus hijos estaban muy felices, pues pensaban que ya no volvería a separarse. Los ancianos que dictaba las leyes de la ciudad fueron a verlo y le preguntaron por la guerra.

-Me envían desde Cartago para pediros que firméis la paz –dijo–. Pero hacerlo no sería sensato. Es cierto que nos han derrotado en varias batallas, pero nuestra ejercito gana terreno cada día. Los cartagineses están asustados y tienen motivos para estarlo. Seguid luchando un poco más y Cartago será vuestra. En cuanto a mí, he venido a despedirme de mi mujer, de mis hijos y de Roma. Mañana regresaré a Cartago y a la cárcel, pues lo he prometido.

Tendrás oportunidades como Regulo para conseguir ganar partidos, mintiendo al árbitro y haciendo trampas pero, si realmente eres sincero, ganarás la mejor batalla de tu vida.

Decídete a jugar limpio siempre aunque se presenten oportunidades para hacer trampas.

Entonces los ancianos del senado intentaron convencerlo de que se quedara a pesar de su promesa.

-Deja que enviemos otro hombre en tu lugar.

-¿No debe un romano ser fiel a su palabra?-Respondió Régulo-. Estoy enfermo y no me queda mucho tiempo de vida. Regresaré como he prometido.

Su esposa y sus niños lloraron, Sus hijos mayores le rogaron que no los dejara de nuevo.

-He dado mi palabra-dijo Régulo-. Que suceda lo que haya de suceder.

Tus compañeros de equipo, tu entrenador, tus amigos intentarán convencerte para que mientas o hagas trampas para conseguir la victoria de forma poco honrada. Pero tú mantente firme porque aunque ellos lo hacen porque te aprecian, la verdad tiene un valor superior a la victoria conseguida de forma ilegal.

No tengas miedo a las consecuencia que muchas veces lleva consigo la honradez. Aunque te critiquen, aunque se metan contigo, tú has hecho lo que tenías que hacer y eso te honra como persona y como deportista.

 

Se despidió de ellos y regreso con valentía a la cárcel y la cruel muerte que lo esperaba.

Éste es el tipo de valor que hizo de Roma la ciudad más grande del mundo.

Posiblemente las consecuencias inmediatas de tu honradez sea perder un partido, una liga o un campeonato del mundo pero recuerda que con tu ejemplo y tu actitud has dejado una huella imborrable en muchos corazones de deportistas que te observan y te imitan porque la verdad siempre prevalecerá sobre la mentira.

El ser un deportista honrado es lo que hace grande a una persona. Los goles y las victorias se olvidan pero las acciones honestas quedan para siempre.