En la Fundación Marcet tenemos muy claro que el respeto a los árbitros es un punto vital para la formación del niño. A los padres que acuden a nuestros cursos les dejamos muy claro que los niños van a imitar en este tema lo que hagan los padres por lo que es de gran responsabilidad comportarse con un inmenso respeto hacia el trabajo que realiza el juez del partido. 

Aceptamos que en muchas ocasiones, la decisión del árbitro será fundamental para el resultado del partido. El árbitro hará que ganen o pierdan partidos, se equivocará más o menos o incluso alguna vez parecerá que ha pitado a favor de un equipo. En todas estas situaciones, hay comportamientos que pueden ser más adecuados que otros y muchos que no conducen a nada positivo.
En la Fundación Marcet, donde la formación está por encima del resultado, aconsejamos vivamente que los padres aprendan a aceptar que la gente comete errores, nadie es perfecto y que todos nos equivocamos muchas veces. El delantero fallará un gol, el defensa será desbordado por un atacante, el entrenador se equivocará en un cambio, todos erramos. El árbitro, como un elemento más del juego, también se equivoca. El fallo del colegiado es un elemento más del juego del fútbol.
Los padres hemos de saber aceptar que no siempre salen las cosas como uno quiere. Lo sabemos porque la vida nos ha deparado muchas circunstancias en las que no nos han salido las cosas como nosotros deseábamos y, sin embargo, hemos de asumirlas. En el arbitraje ocurre algo parecido. Cuando el árbitro señala una falta que no es del agrado del deportista, el niño se enfrenta a una situación similar que se repetirá muchas veces a lo largo de su vida cuando las cosas no salen como uno quiere. Es importante que acepte esta situación como parte integrante del juego y la resuelva de la mejor manera posible a pesar de que esto no le favorezca en el partido o considere que es una decisión injusta. Si nosotros, los adultos, protestamos de forma airada la decisión, ¿qué es lo que conseguiremos de nuestros hijos? En primer lugar, un mal ejemplo por nuestra parte y seguidamente que a nuestros hijos les cueste mucho más aceptar esta situación que es muy enriquecedora para su formación como persona.
Los padres hemos de aprender a aceptar a la autoridad. Nos cuesta porque no nos gustan las “injusticias” pero por encima de nuestras opiniones, hemos de pensar que al igual que no le gritamos al policía que nos pone una multa, no podemos gritar o poner en duda las decisiones de un árbitro que es la máxima autoridad en un partido de fútbol. Podremos discrepar de sus decisiones, pero es importante que los jugadores entiendan que el árbitro es el que manda. Y somos nosotros, los adultos los que hemos de dar ejemplo en esto de forma muy especial. 
Ayudemos a nuestros hijos a que aprendan esta lección tan importante que nos ofrece el fútbol y que tantas veces podrán aplicar en su propia vida. Si queremos que nuestros hijos se comporten de forma adecuada, seamos el modelo adecuado. Si insultamos al árbitro, ellos también lo harán. Si un padre respeta a las personas que rodean el entorno deportivo, seguramente su hijo también lo hará. Seamos un modelo positivo para nuestros hijos.
Los árbitros con los que nos vamos a encontrar en esta competición deportiva, están en proceso de aprendizaje, igual que nuestros hijos. Cuando vemos a nuestro hijo fallar comprendemos que está aprendiendo y no nos enfadamos. Lo mismo ocurre con los árbitros y muchas veces este aspecto no se tiene en cuenta.
Por tanto hemos, los padres y entrenadores hemos de fomentar el respeto al árbitro. A todos nos gusta que nos respeten. Los árbitros, como personas que son, por más injusticias que pensemos que nos están haciendo, merecen ser respetados. Si queremos que nos respeten, hay que respetar. El papel de los padres es importante en este aspecto. Debemos explicarles a nuestros hijos lo conveniente que es aceptar los errores de las personas, que las cosas no saldrán siempre como uno quiere y si salen en contra, hay que levantarse y seguir intentándolo.
Siempre comentamos que si un padre no respeta al árbitro en los partidos y le grita, no puede sorprenderle que un día se encuentre a su hijo faltándole al respeto a su padre. Se lo ha ganado a pulso y simplemente está actuando como su padre le ha enseñado.