Es posible que tus jugadores hayan tenido la suerte de encontrarse con un entorno que les ayude a progresar en su juego y que hayan podido dominar su carácter con una mentalidad fuerte y constante. Eso les permite aprender.
Si además están motivados porque tienen muy claros sus objetivos y están dispuesto a ponerlo todo para conseguirlos, creo que van a progresar mucho. Sin embargo, no todo está conseguido. Existe un tercer nivel en su escalada hacia el éxito que es aprender de los errores.
En los entrenamientos y en los partidos acertamos y fallamos muchas veces. Existen dos posibilidades ante los errores: buscar excusas o aceptarlas, analizarlas y buscar soluciones que nos lleven a cambiar ese error en un nuevo acierto. Se llama humildad.
En una escuela de futbolistas no existe la expresión “es que”. Lamentablemente los jóvenes deportistas buscan con frecuencia una excusa para justificar su fallo. Lo consideramos un peligro grande para su desarrollo deportivo porque, lamentablemente, llegan a creer lo que dicen y sus consecuencias son nefastas ya que no van a poner esfuerzo en corregir ese error porque no lo reconocen.
El fútbol es un deporte de equipo y a nadie le gusta reconocer que el fallo ha sido personal. Es complicado aceptar que la derrota o el error no tiene nada que ver con el árbitro del partido, el estado del terreno de juego, la lluvia, las botas, ni el cansancio. Son todo excusas para no quedar retratado delante de sus compañeros.
El futbolista que es capaz de reconocer sus errores, empieza a ser mejor ya que puede analizar esa situación y buscar soluciones para no volver a cometerlos. Estos jugadores aprenden más rápido que los demás y son capaces de todo. Si esta humildad la conseguimos con todos los jugadores, estamos formando un equipo campeón que constantemente aprende de sus errores y que progresa enormemente en el día a día de la competición.
El filósofo del fútbol Jorge Valdano tiene mucha razón cuando afirma: “los perdedores se quejan, los ganadores aprenden”  Son, como vemos, dos posturas muy diferentes que nos permite ver con más claridad la existencia de un solo camino para llegar al éxito deportivo que pasa por saber aprender de tus errores.
Michael Jordan comentaba al final de su carrera deportiva algo que nos puede ayudar a reflexionar en todo lo que estamos diciendo ya que sale de la boca de uno de los mejores deportistas de todos los tiempos:
“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para lanzar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi carrera deportiva y es eso por lo que tengo éxito”
Este fenómeno del deporte nos está diciendo que si no tienes errores, si siempre ganas, si convives con el éxito de forma continua, no aprendes porque cada derrota, cada paso en falso, cada fallo que tengas, te da la oportunidad de conocerte mejor, descubrir tus puntos débiles y, con esfuerzo y constancia, mejorarlos y perfeccionarlos para no fallar en este punto nunca más.
Cuantas veces vemos a jóvenes deportistas que cuando pierden o fallan se ponen histéricos y se desaniman y se rinden con facilidad en lugar de darle la vuelta y pensar en la causa de ese error para evitar fracasar la próxima vez.
Los campeones son capaces de adaptarse y aprender de estas situaciones. Los perdedores buscan excusas para no seguir luchando.
Hoy le han tenido que decir a un jugador  que va a pasar a un equipo de una categoría inferior. Ha sido muy duro y más cuando le han salido las primeras lágrimas. Le han tenido que explicar la verdad: arriba solo están los mejores y tu no estás entre los mejores. Te falta más seguridad cuando sales al campo. Sales con miedo a fallar. Esa confianza que demostraste en la pasada temporada la has perdido pero sabemos que tu puedes llegar a estar con los mejores. Depende de ti. Recupera esa condición física que tenías. Dalo todo en cada uno de los entrenamientos y lidera el nuevo equipo donde vas a jugar y en poco tiempo estarás otra vez arriba. Confiamos mucho en ti.
La reacción del jugador ha sido en un principio negativa. Se siente frustrado. Empieza a pensar que no sirve para el fútbol y piensa en abandonar. Pero esto es de cobardes, de perdedores. Cada fracaso, cada paso para atrás es una oportunidad para pensar en serio que esto no te va a ocurrir nunca más. Me he dormido. Me he relajado. Es lógico que no cuenten conmigo porque no estoy dando la talla. Voy a cambiar, voy a reaccionar, voy a prepararme para estar con los mejores otra vez y no pararé hasta conseguirlo.
Esta es la reacción de un campeón. Esto es lo que hace que un deportista crezca y aprenda de verdad. Sin ese esfuerzo, sin esta motivación, sin esa fe en que uno puede hacerlo, es imposible mejorar y corregir los errores.
“Hay dos clases de deportistas: los que buscan una excusa para poder fallar y los que buscan una solución para poder acertar”