Es importante que los jóvenes futbolistas aprendan a controlarse y a ser empáticos con los demás. Conseguir controlarse tiene un efecto positivo sobre el ajuste psicológico, sobre el rendimiento deportivo y sobre las relaciones sociales, y disminuyen también las conductas de agresión.

Roque es nuevo en el equipo y estaba llorando en el vestuario. Algunos de sus compañeros se habían estado metiendo con él, como hacían frecuentemente, y no había nada que le diera más rabia. Pero por mucho que les dijera, gritara o amenazara, no dejaban de hacerlo.

El entrenador, que lo había visto todo, se acercó y le dijo:

– Si quieres que no te vuelva a ocurrir eso, tendrás que llegar a ser como El toro Chispa Brava. ¿Te cuento su historia?

– ¡Sí!

– Chispa Brava era un toro de lidia que una vez pudo ver una televisión desde el prado. Televisaban una corrida de toros, y al ver cuál iba a ser su final, dedicó el resto de su vida a prepararse para aquel día, el de su corrida. Y no tardó en llegar.

Cuando salió a la plaza, recibió un primer pinchazo en el lomo. Era muy doloroso, y sintió cómo su sangre de toro le pedía a gritos venganza. Pero él sabía lo que tenía que hacer, y se quedó inmóvil. Pronto apareció el torero provocándole con su capote al viento y su traje rojo. Volvió a sentir las mismas ganas de clavarle los cuernos bien adentro, pero nuevamente, tragó saliva y siguió quieto. 

No importó que siguieran tratando de animar al torito con gritos, banderillas y muletas: siguió tan quieto, que al cabo de un rato, toda la plaza estaba silbando y abucheando, hasta que decidieron cambiar de toro, porque resultó el toro más aburrido que se recuerda. Así que Chispa Brava fue devuelto a su prado para seguir viviendo tranquilamente. Y nunca más trataron de torearle, porque todos sabían que claramente no servía para las corridas.

– ¿Y eso que tiene que ver conmigo? – preguntó Roque.

-Pues todo, chico. A Chispa Brava le llevaron a una plaza de toros porque querían divertirse a su costa. Cuanto más hubiera respondido al capote y las banderillas, más se habrían divertido, y no habrían parado hasta terminar la corrida. 

A ti te pasa lo mismo con esos abusones. Se divierten a tu costa porque ven lo mucho que te enfadas, y eso les hace una gracia macabra. Pero si hicieras como Chispa Brava, y no respondieras a nada, se aburrirían y buscarían a otro, o se irían a hacer algo que les resultase más divertido.

Roque no terminaba de creérselo. Pero en los días siguientes trató de hacer caso a su entrenador. Le costó mucho hacerse el indiferente las primeras veces que se reían de él, pero no fueron muchas, porque todo resultó como había dicho el chico, y en unos pocos días, los abusones habían encontrado cosas más divertidas que hacer que meterse con Roque.

Hay muchas explicaciones posibles acerca del comportamiento de los compañeros del equipo. Una razón puede ser que ellos siempre traten de esta manera a los nuevos miembros del equipo. Otra razón puede ser una cultura de equipo negativa, basada en el acoso y la crítica y, que a su vez, puede ser tolerada o incluso sea promovida. Sin embargo, la causa puede ser que algunos de los compañeros estén preocupados por la posible pérdida de liderazgo o tiempo de juego y, como consecuencia, respondan de esta forma negativa. 

Ante estas situaciones graves y complicadas hay que actuar con mucha cautela y hablar con calma con todos los implicados dándole la importancia que tiene, controlando que aquello se termine de forma definitiva. Hay que tomar medidas eficaces y contundentes que sean muy ejemplares para que no vuelva a ocurrir nunca más.

El entrenador volvió a hablar con Roque dándole estos consejos:

No importa las razones, no hay excusa para el acoso o la intimidación. Si las acciones de un compañero de equipo pueden hacernos sentir incómodo es necesario contárselo a alguien, es vital no permanecer en silencio. Por lo tanto,  es fundamental determinar la persona más adecuada para hablar en cada caso. Incluso cabe la posibilidad de hablar directamente con el compañero de equipo infractor. Además, es aconsejable tener en cuenta también al capitán del equipo, el entrenador o el director deportivo. Independientemente de si se trata esto con cualquier persona conectada con el equipo, es aconsejable que un padre u otro adulto de confianza sepan lo que está pasando. 

Esto me recuerda otro relato de Javier Sacristán que te hará reír y a la vez pensar:

Enfadator era el nombre del proyecto secreto destinado a crear la máquina de discusión perfecta, un robot capaz de vencer cualquier disputa. En su desarrollo se habían utilizado las más modernas tecnologías, y poseía un sistema único que le permitía aprender de situaciones anteriores, y de todos los enfados que presenciaba.

Desgraciadamente, Enfadator se perdió y durante años estuvo desaparecido sin que nadie supiera nada de él, hasta que fue encontrado por casualidad.

Intrigados por cómo se habrían desarrollado las habilidades de discusión de Enfadator durante ese tiempo, los responsables del proyecto prepararon una dura prueba para el robot. Disfrazado como un maleante, lo llevaron a una oscura taberna, de esas llenas de delincuentes en las que cada noche se suceden numerosas broncas y peleas. Y ocultos en una esquina, esperaron a ver sus reacciones.

No tardó en aparecer un grandullón de aspecto fierísimo con ganas de pelea, que sin venir a cuento empujó a Enfadator con malos modos.

¡Qué emocionante! Desde su esquina esperaban ver cómo el robot hacía picadillo a aquel bruto, pero no ocurrió nada de eso. Es más, no ocurrió nada, y el bruto comenzó a enfurecerse y a gritar cada vez más. Enfadator seguía quieto, completamente parado, y sus inventores pensaron que estaba definitivamente averiado.

Pero entonces, cuando más furioso parecía aquel tipo enorme, Enfadator comenzó a moverse. Se estiró cuanto pudo, haciéndose más grande, extendió dos enormes brazos y levantó la cabeza para mirar al provocador. Sus ojos no eran como el fuego, ni como rayos láser, ni siquiera tenía la mirada del tigre. Al contrario, Enfadator parecía… ¡un angelito feliz! y era la viva imagen de la dulzura, el cariño y la comprensión. Y antes de que el bruto pudiera darse cuenta, estaba dándole un gran abrazo a aquel tipo con ganas de pelea, mientras le decía: “tú lo que necesitas es un buen amigo y un poco de cariño, ¿verdad?”

Y probablemente fuera verdad, porque una vez recuperado de la sorpresa inicial, el grandullón se mostró mucho más amigable, y estuvo charlando amistosamente con Enfadator durante un buen rato.

Y así descubrieron cómo resolvía el temible “Enfadator” todas las discusiones, pues de sus viajes por el mundo había aprendido que cuanto más enfadada está una persona, mejor le sienta un poco de cariño. 

Serenidad, afecto y comprensión son los antídotos que debemos aconsejar a los futbolistas con demasiado carácter. Tenemos ejemplos muy claros en el cabezazo de Zidane en la final del Mundial de Alemania 2006 en el que Italia se impuso a Francia en los penaltis, más recordada por el cabezazo de Zidane a Materazzi que le costó la expulsión al futbolista galo en su último encuentro oficial antes de retirarse.

Desgraciadamente se dicen muchas cosas en el campo de fútbol que son una falta de respeto y que confirma que el fútbol profesional no es ningún ejemplo para nuestros jóvenes. Es injustificable la actuación de Materazzi provocando a Zidane con insultos irrepetibles en este medio y también está muy mal la reacción de Zidane, que debería haberse controlado.

Lo que está claro es que nuestros jóvenes jugadores se encuentran en muchos casos situaciones como la de Zidane con la intención de desconcentrar al jugador. Lo que se pretende es que no juegue bien, se enfade y pierda el control del partido. Si enseñamos a nuestros jóvenes jugadores la postura de Enfadator, jamás conseguirá nadie distraerles de su juego y, por lo tanto, rendirán al máximo durante todo el partido y, lo que es mejor todavía, el Materazzi de turno no se saldrá con la suya.