Para ganar hay que saber perder muchas veces

Uno de los momentos más duros del futbolista es el final del partido. Unos ganan y otros pierden. El que gana está siempre feliz y el que pierde pasa por una situación desagradable que va desde el enfado, el disgusto o la decepción. Quiero demostraros en estas líneas que perder significa muchas veces ganar. Pero para eso hace falta saber perder.

Vengo de un gran Torneo y quiero reproducirte la conversación que pude mantener con uno de los jugadores tras finalizar el campeonato. Pablo es muy buen jugador. Tiene 11 años y su progresión está siendo excelente. Como es muy hablador y extrovertido, hablo frecuentemente con él y la conversación no tuvo desperdicio. Como me ha autorizado a contarla, os la entrego al detalle.

El torneo tiene una fase previa en la que te enfrentas a cinco equipos más y, si quedas primero de grupo, juegas la fase final contra equipos importantes de la liga nacional. El reto era grande y se formó un equipo muy bueno para acudir a esa competición. Lamentablemente no consiguieron clasificarse y ese es el motivo de mi escrito. Describirte qué es los qué piensa un niño de 11 años tras una derrota como esta. Y si te sirve quiero explicarte cómo afrontar las derrotas en el fútbol formativo.

Ha terminado el último partido con un empate que no nos permite clasificarnos. Los jugadores, desolados, saludan a los ganadores. Caras largas, algunas lágrimas, lo normal tras una derrota. El entrenador les anima y les felicita por su gran actitud en todo el torneo. Me parece que no le escuchan mucho pero algo queda.

–¿Qué tal Pablo? ¿cómo estás? –le digo con una sonrisa mientras le doy la mano para saludarle.

Pablo está agotado del partido y sudoroso pero me sonríe y me comenta algo que sale de su corazón.

–Te puedes imaginar: destrozado. Podíamos habernos clasificado, nos ha faltado un gol. La verdad es que me siento un poco frustrado: Messi lleva cinco balones de oro, siempre gana o eso parece y sin embargo yo tengo una oportunidad como esta y la he desperdiciado. No sé, me siento como que no valgo.

Entiendo que no es momento para profundizar en el tema pero como lo veo tan necesitado, le intento animar y quitarle importancia a la situación. Mientras caminamos por el césped del estadio, procuro darle la autoestima justa y necesaria para la situación y devuelvo la pelota tal como él me la entrega:

–Lo más importante no es ganar, es dar lo mejor de ti mismo en todo momento y yo creo que tu lo has hecho a la perfección. Tu puedes ser el vencedor de este torneo si no te das por vencido. Hay que perder para aprender a ganar. Tienes suerte, Pablo, porque los que han ganado se van pensando que lo han hecho todo bien y sin embargo tu sabes que debes mejorar algunas cosas para poder ganar. Vas con ventaja.

Pablo me mira mientras hace una mueca y entiendo que asimila lo que le digo y que le ha llegado. Parece que tiene ganas de hablar y se detiene un momento para comentarme algo que no esperaba:

–Antes de venir a la Fundación Marcet tenía un entrenador que nos presionaba mucho. Nos dejaba claro que debíamos jugar y ganar. No había otra posibilidad. Cuando no lo conseguíamos las broncas eran brutales y jugábamos con mucho miedo. Ahora me encuentro con un entrenador que lo único que hace es darme ánimos y eso, en el partido, me ayuda mucho más que todas las broncas del mundo.

–Claro, Pablo, todos los que hemos practicado un deporte sabemos que salimos para ganar o perder. Hay que aceptar las dos cosas. El mejor no es el que siempre gana, sino el que sabe levantarse  tras cada derrota para seguir luchando y mejorando.

Veo a Pablo sonreír. Es un jugador muy inteligente y entiende perfectamente los que quiero decirle.

–Recuerdo que en ese equipo donde jugaba, tenía compañeros que sus padres le daban dinero o regalos por gol marcado. Imagínate la presión que les metían. Los comentarios que oías eran desafiantes: “si no ganas, no vales”; “otra derrota”; “jugamos bien pero siempre perdemos”. La verdad es que no ayuda nada esa actitud de los padres. Fue uno de los motivos por los que me vine a la Fundación. El ambiente entre los padres es diferente y te sientes muy apoyado por ellos.

–Claro, Pablo, recuerdas cuando llegaste a la Fundación el año pasado. Jugabas contra equipos con un año más y tras perder por una goleada os ibais a casa con la cabeza bien alta por el esfuerzo realizado, por lo bien que habíais entrenado durante la semana, por lo unidos que estabais. A media temporada, aunque seguías perdiendo, los resultados eran mucho más ajustados y en los partidos de vuelta, cada punto conseguido era celebrado como una gran victoria pese a que ibais últimos en la clasificación.

–Me acuerdo perfectamente. Lo pasamos muy bien y aprendimos mucho esa temporada. Veíamos día a día cómo íbamos mejorando y el entrenador no dejaba de felicitarnos por nuestra actitud, esfuerzo, ilusión y perseverancia. Fue un gran año. Uno de los mejores de mi vida. Disfrutábamos mucho en cada partido. Aprendimos a perder y disfrutamos mucho con las pocas victorias conseguidas.

–Es lógico, Pablo, tenías un entrenador que tenía claro que lo que quería de vosotros es que salierais bien formados y eso era para él más importante que las victorias. Siempre os decía lo mismo: “las victorias ya llegarán, ahora lo que toca es aprender”

–Sí, todavía tengo en mi memoria lo que nos comentaba: “jugamos un deporte. Es un juego. Al final del día, eso es todo lo que es. Es un juego. Esto no nos hace ni mejor ni peor que nadie. Al ganar un partido no eres mejor. Al perderlo, no eres peor. Esta debe ser vuestra mentalidad”. Eso nos decía.

–Ese entrenador hacía lo que decía. Si te fijas, Pablo, todos jugabais los mismos minutos, no permitía diferencias pensando en los resultados. Valoraba las cualidades de cada uno y las potenciaba. Se daba cuenta de que os estaba preparando sin prisas, con paciencia porque para ganar hay que aprender a perder muchas veces.

–Aunque he de reconocer–responde Pablo–, que alguna vez salíamos mosqueados pero se nos iba de la cabeza rápidamente.

–Yo creo que lo que consiguió con su actitud es que comprendierais que lo importante es desarrollarse, que el deporte es importante para aprender a enfrentarse más adelante a la vida donde se repiten muchas de las situaciones que vives en la competición y si has sabido enfrentarte a ellas correctamente, sales más preparado para solucionarlas con eficacia.

Va a empezar otro partido y nos llaman la atención para que salgamos del campo. En las gradas está el padre de Pablo que le espera para felicitarle y darle ánimos. Nos sentamos con él para charlar un rato.

El padre de Pablo se llama Antonio. En estos dos años que ha estado en la Fundación ha cambiado mucho su forma de comportarse con su hijo. Ha aprendido a enfocar el deporte de su hijo de forma correcta y eso lo único que hace es ayudar a Pablo en su desarrollo como deportista.

Los comentarios de Antonio hacia su hijo han sido todos positivos. Ni una palabra negativa. Le ha quitado importancia a la derrota. Me ve sonreír porque recuerdo su carácter y sus salidas de tono de hace unos años.

–Sí, ya se de que te ríes–comenta Antonio. Aprendí la lección muy pronto. Al principio no entendía lo que me insinuabas pero acabé plenamente convencido de lo que era mejor para mi hijo.

–Tu hijo tenía más miedo al final del partido que al propio partido porque sabía que tras la derrota tu le esperabas para echarle una buena bronca. Te ponías como una moto.
– Lo reconozco–comenta Antonio sonriendo mientras vuelve a abrazar a su hijo que parece que ya ha olvidado todo lo que significa perder una oportunidad de clasificarse para jugar contra los grandes. Le daba demasiada importancia al resultado, a la clasificación. Parecía como si yo fuera el que jugara.

–Poco a poco, Antonio, te fuiste dando cuenta del ridículo que hacías gritando a los árbitros, peleándote con todo el mundo. Hasta Pablo pasaba vergüenza.

–Efectivamente, aprendí a reconocer el esfuerzo y la mejora del día a día y llegué a no valorar tanto la victoria o la derrota. Los resultados no son tan importantes como la actitud que pone para conseguirlo. Es normal tener días malos, perder partidos, cometer errores porque todos somos humanos, pero lo importante es saber levantarse lo más rápido posible. Y soy consciente de que con esta actitud, puedo ayudar mucho a mi hijo.

Como nos estábamos poniendo muy tiernos, decidí cambiar de tema rápidamente.

—Pablo, ¿qué os ha dicho el entrenador antes del torneo? Siento curiosidad.

Pablo, intentando recordar sus palabras, fija su mirada en el campo y cerrando los ojos me comenta:

– Nos ha dicho solo dos cosas porque no es de muchas palabras pero hoy ha sido muy contundente. Lo primero que nos ha comentado es que no podemos empezar un partido pensando que vamos a perder. Hay que salir a ganarlo. Con la confianza de que podemos conseguirlo. Aunque el adversario lo veamos más fuerte, no podemos rendirnos, no le tengamos miedo. El secreto está en permanecer muy unidos.

–Veo que se te ha quedado bien grabado, ¿y lo segundo? —pregunta su padre con interés.

– Lo segundo ya lo habíamos oído alguna vez pero nos lo ha querido recordar: “Si no nos clasificamos en este torneo no quiero que nadie ponga ninguna excusa. Nadie tiene la culpa. Ni el árbitro, ni el campo, ni las faltas del rival. La próxima vez les venceremos. Pensad que hemos llegado hasta aquí haciendo muchas cosas muy bien. Felicitemos a los campeones.

–Al final del último partido, cuando ya sabíais que no podíais clasificaros, he visto que os ha reunido a todo el equipo. ¿Qué os ha dicho?

–Nos ha felicitado a todos por el gran esfuerzo realizado y por la actitud en todo el torneo. Ha dicho que estaba muy orgullosos de todos nosotros y nos ha contado una anécdota que nos ha animado mucho. Parece ser que la gran figura del Barcelona, entonces en el Santos, Neymar, nada pudo hacer ante la superioridad del Barcelona que goleó por 4-0 al cuadro brasileño en la final del Mundial de Clubes 2011 de Japón. Al finalizar el encuentro, el delantero reconoció: “no sé si serán invencibles, pero hoy es el mejor equipo del mundo, el Barcelona nos enseñó a jugar fútbol”.

A pesar de la derrota, Neymar comentó que “llegamos aquí después de ganar muchas batallas. Somos el segundo mejor equipo del mundo. Incluso comentó que “el otro día vi una entrevista con Guardiola, quien dijo que primero hay que perder para aprender a ganar. Tal vez le puede pasar lo mismo al Santos el próximo año”.

Me despedí de esta gran familia muy satisfecho por la conversación mantenida. Espero que pueda servirte para darle vueltas a un aspecto tan importante en el mundo del deporte formativo.