¡Qué importancia tienen las emociones para mejorar  nuestro rendimiento deportivo! Está muy claro que un deportista emocionalmente estable, rinde mucho más y si esto es así, ¿qué tenemos que hacer para conseguirlo?

En la Fundación Marcet trabajamos con nuestros alumnos en este sentido, buscando la máxima estabilidad para que rindan más. No podemos tener alumnos con altibajos en su estado de ánimo. Unos días optimistas, otros pesimistas, contentos y descontentos. Tratamos de conseguir estabilidad en sus emociones. Sin esta estabilidad, no hay éxito deportivo y lo tenemos muy claro.

No todo es entrenamiento en el campo. Hace ya mucho tiempo que entendimos que además de ofrecer una gran calidad en los entrenamientos de campo, hay que trabajar su cerebro. Los entrenadores que realmente quieren ayudar a sus jugadores deben dedicar parte de su esfuerzo a mejorar esas sus emociones.

Cuando acude un jugador a la Fundación Marcet con manifestaciones claras de inestabilidad emocional, sabemos que nuestro primer objetivo para ayudarle en su mejora es corregirle este aspecto porque nos damos cuenta de que, una vez conseguido, tiene muchas mas probabilidades de salir con éxito. Es parte fundamental para empezar a construir de forma solida un deportista con talento.

La estabilidad emocional consiste en presentar un mismo estado de ánimo de forma prolongada en el tiempo. Esa estabilidad la proporcionan una serie de pilares o fuentes de autoestima que posee la persona y en este caso el deportista. La familia, los amigos, los estudios, las aficiones…pueden proporcionar al jugador un apoyo fundamental en su rendimiento deportivo.

Sin embargo, todo esto tiene su trampa cuando hablamos de alto rendimiento en el fútbol. Si deseas conseguir la excelencia deportiva, necesitas dedicar mucho tiempo al entrenamiento. Uno de los más prestigiosos neurólogos, Daniel Levitin afirma que para alcanzar la excelencia deportiva son necesarias unas 10.000 horas de práctica. Existe bastante consenso entre los científicos sobre este asunto.

Esto significa que si uno quiere llegar a ser de los mejores en el deporte del fútbol, debe centrar esfuerzos en lugar de dispersarse. Lo ideal sería entonces centrarse en uno o dos puntos de apoyo. Puede ser la familia, pueden ser los estudios. Parecen los más básicos.

Todo esto se presenta como algo coherente pero nada recomendable para nuestros deportistas ya que ponemos en riesgo la estabilidad de nuestras emociones. Si una de los dos patas se cae, se derrumba el edificio entero porque no se puede aguantar con una sola. Estamos condenados al fracaso porque la persona se derrumba al perder uno de los dos puntos de apoyo. Además, ¿como nos recuperarnos si no tenemos dónde apoyarnos?

Esta es la razón por la que aconsejamos en la Fundación Marcet a los deportistas de alto nivel que se apoyen en una estructura formada por tres puntos de apoyo. Las que sean,  siempre que incluyan la actividad en la que pretenden lograr el máximo rendimiento. Si una de las tres patas falla, las otras dos mantendrán el equilibrio de la persona y podrán recuperar más adelante la tercera.

¿Y por qué no más de tres? Quien mucho abarca, poco aprieta. Es imposible alcanzar las 10.000 horas de práctica deportiva si hemos de dedicar tiempo a sostener otros pilares de la estructura. Es cierto que le da más estabilidad a la persona pero se trata de conseguir el equilibrio básico para centrarse en la excelencia deportiva.

Insistimos mucho a nuestros alumnos a la hora de dejarles claro que si llega un momento en que decides tomarte en serio el fútbol, debes abandonar muchas cosas que te apetecen, muchas actividades que son normales en la vida de una persona joven. Ya no puedes comer lo que te gusta, ya no puedes salir de fiesta con los amigos cada dos por tres, debes acostarte temprano, no sales al cine, no dedicas tiempo a otros deportes porque no lo tienes. Son solo tres los pilares que forman tu estructura y no tienes tiempo para más.

Imaginemos que uno de estos puntos de apoyo son la familia. En la Fundación Marcet nos preocupamos de asesorar a los padres para que la familia sea siempre uno de los puntos de apoyo vitales para el joven deportista. Los que viven en la residencia y han dejado a su padres deben seguir en contacto constante con ellos porque son esenciales para su desarrollo deportivo. Fomentamos el contacto diario con ellos a través de los medios de comunicación modernos, intensificando las visitas, apoyando los periodos de inactividad deportiva para que se reúnan con su familia. Es esencial para que se sostenga la estructura.

Pero puede darse el caso de que la familia reste en lugar de que sume. Es el caso ya comentado en otros escritos en el que añaden una presión adicional por su exigencia o por su falta de comprensión, etc. Para el equipo que trabaja en la Fundación Marcet detectar esos síntomas y corregirlos son fundamentales para no limitar el rendimiento del jugador.

Otro de los puntos de apoyo fundamentales son los estudios. Cuando un deportista pierde el equilibrio y no le da la importancia debida a los estudios podemos llegar a una inestabilidad emocional importante. Uno de los pilares se cae y los otros dos deben ir a recuperar ese pilar para conseguir la estabilidad emocional adecuada para su rendimiento deportivo.

Si falla la familia y los estudios, aunque funcione el tema deportivo, no vamos a poder conseguir la excelencia deportiva por falta de estabilidad emocional. De ahí que no vale el planteamiento de muchos jóvenes deportistas que se centran solo en el fútbol porque no ven más allá y no son capaces de darse cuenta de que todo forma parte de una estructura. Hemos de ayudarles para que perciban que vale la pena el esfuerzo en esos tres pilares para conseguir rendir al máximo.

Por eso podemos decir con Maturana que se juega como se vive. Es un gran verdad