Miroslav Josef Klose nació en Opole, una ciudad del sur de Polonia, a orillas del río Oder donde viven muchos alemanes y polacos de ascendencia alemana, el 9 de junio de 1978.
Su madre Barbara fue miembro de la selección polaca de balonmano con 82 encuentros internacionales y su padre, jugador de fútbol profesional aunque no destacó mucho. 
Su familia se mudó primero a Francia y en 1987, a Alemania, cuando él tenía 11 años. Empezó a jugar al fútbol profesional en el FC Homburg, en 1998, con 20 años. Al año siguiente fichó por el Kaiserlautern y estuvo 5 temporadas. Estando allí, fue llamado por el seleccionador para jugar con Alemania, en su segunda temporada con el club. 
A los 26 años, ficha por el Werder Bremen por 5 millones de euros. Fue en este primer año con su nuevo equipo cuando pasó un hecho que le marcó para toda la vida. Te lo relato para que puedas conocerlo al detalle:
Durante un partido ante el Arminia de Bielefeld en el que iban empatados a cero, cuando quedaba poco tiempo para el final, Klose recibe un pase entre líneas y se introduce dentro del área con tan mala suerte que resbala y se cae perdiendo el balón. Los defensas, que estaban muy cerca de él intentando frenar el ataque, levantan las manos indicando que ni le han tocado. El público se levanta de sus asientos reclamando penalti. El árbitro no lo duda y pita la pena máxima.
¿Que estaba pensando en su interior el delantero alemán de origen polaco? Por su cabeza, en pocos segundos había pasado de todo. En primer lugar pensó en seguir simulando lo que no fue. Lo tenía todo a favor ya que el árbitro no había dudado. Sin embargo, su conciencia le decía que eso no era justo. Era un gol que no debía subir al marcador porque la verdad era que había resbalado. Había que elegir y solo él tenía la oportunidad de hacerlo en esos momentos. Lo fácil era seguir la corriente aunque fuera una mentira. Lo complicado era decir la verdad y aclararle al árbitro lo que había pasado. Lo fácil tenía consecuencias aparentemente positivas: la posibilidad de ganar el partido. Lo complicado era decir la verdad con la probabilidad de no ganar el partido.
Este suceso real que estamos relatando nos va a ocurrir en más de una ocasión a cada uno de nosotros y quizá nos ha sucedido ya. Decir la verdad en ocasiones cuesta y parece que podemos perder algo importante mientras que si lo ocultamos podemos conseguirlo fácilmente.  
Klose se levantó con decisión y, en lugar de dirigirse al punto de once metros para transformar el penalti como un auténtico cobarde, se dirigió con decisión hacia el árbitro para decirle que no había sido penalti. El árbitro, que no daba crédito a lo que estaba oyendo, no quiso cambiar de opinión cuando todavía podía hacerlo. 
Klose lo tenía fácil. Ya había hecho lo que tenía que hacer. Dijo la verdad y el árbitro no quiso cambiar de opinión. ¿Qué más puede hacer él? Tenía la excusa perfecta para lanzar la falta y conseguir la victoria de su equipo. Una persona sincera es aquella que no pone nunca excusas para que la verdad permanezca.
Cuántas excusas ponemos nosotros cuando las cosas no salen bien. Que si el campo era muy pequeño, que si los del equipo contrario eran muy grandes, que si el árbitro iba en contra nuestro. No hay excusas. Hemos de ser valientes para aceptar la verdad tal cual es. Hemos perdido porque ellos han jugado mejor. No hay peros.
Klose, demostrando un gran valor, no aceptó como excusa la decisión del árbitro para ganar el partido y, sin dudarlo un momento, lanzó voluntariamente el balón fuera desaprovechando la oportunidad de la victoria pero demostrando una honradez ejemplar para todos los que vieron el partido.
Algunos compañeros de su equipo no daban crédito a lo que estaba sucediendo. Otros se dieron cuenta del la grandeza del hecho y le felicitaron. Los jugadores del Arminia abrazaban a Klose felicitándole. Se oyeron los aplausos en las gradas. Una vez más, este deporte nos brinda un bonito gesto que engrandece a las personas que lo practican. Cuatro meses más tarde Klose recibió por parte de la Federación Alemana de Fútbol el trofeo más importante que se otorga cada año: el premio al Fair Play.
Después de tres años en el Werder Bremen, el poderoso Bayern de Munich le ficha para la temporada 2007-08 por 11 millones de euros llegando a la cima de su carrera futbolística. Es en este periodo en el que jugará la Eurocopa del 98 quedando subcampeón. Jugaba entonces con Ribéry.
Pero no todo es de color de rosa en el mundo del fútbol y el 8 de junio del 2011 ficha por el Lazio por dos temporadas, tras varios intentos de renovar por el Bayern. Actualmente juega allí. 
Klose tuvo una nueva oportunidad de demostrar su honradez en una jugada muy especial. Era un partido contra el Nápoles en el que perdió por 3 a 0. En un lanzamiento de córner, la pelota iba muy cerca de la cabeza de Klose y, al ver que no podía rematar bien con la cabeza, de forma instintiva alargó la mano sin que apenas se notara e introdujo la pelota dentro de la portería. Los jugadores del Lazio celebraron el gol y los del Nápoles protestaron airosamente al árbitro ya que ellos habían podido ver claramente que había sido con la mano. El árbitro, por su posición en el campo, no lo había podido ver, ni los jueces de línea ya que fue muy rápido. Se crea una situación de duda y en ese momento Klose se da cuenta del asunto. Por un lado piensa que si no dice nada, el gol será valido. Lo tiene fácil. Sin embargo, algo dentro de él le dice que debe decir la verdad. En unas declaraciones posteriores en la prensa comentó: 
“El árbitro me preguntó si había tocado el balón con la mano y, para mí, responder que ‘sí’ no fue un problema. Hay muchos jóvenes que miran fútbol por TV y para ellos somos modelos”
El internacional alemán, Miroslav Klose, fue reconocido por la Federación Alemana de Fútbol con el premio fair play por aceptar en un partido de la liga italiana que metió la mano para sacar ventaja.
Decir siempre la verdad a la larga tiene muchas ventajas aunque en el momento cueste hacerlo y parezca que sales perdiendo.
Klose será recordado siempre como una persona ejemplar, además de por su gran calidad como deportista. Un buen ejemplo para seguirlo.