motivación

Crear las condiciones optimas para el aprendizaje

Ha comenzado la temporada en la escuela de futbolistas y empiezan a surgir los problemas habituales: jugadores con mal comportamiento, padres que se exceden en sus actitudes, entrenadores que pierden el rumbo, directivos superados por la situación. Es el momento de sentarse de nuevo y preguntarse con toda la trasparencia del mundo qué podemos hacer para que no se nos escape de las manos. ¿Qué estamos haciendo mal?

En muchas ocasiones realizamos comentarios sobre los jugadores que hacen daño a los entrenadores y a los propios jugadores, que se enteran de todo porque no tenemos cuidado a la hora de decir las cosas. Los entrenadores cometen errores y piensan que los partidos los ganan ellos y los pierden los jugadores. Los niños se enfadan cuando pierden y buscan justificaciones en la edad, el campo, el árbitro pero nunca aceptan que el error puede estar en ellos mismos. Los padres dirigen desde la banda a su hijo porque piensan que es la única forma de que espabile, cortándole completamente las alas.

Los entrenadores se limitan a entrenar y dirigir los partidos pero no se preocupan de los jugadores, no los conocen, piensan solo en su equipo, no saben nada de los demás, ni cómo entrenan, ni cómo juegan. Se limitan a llevar a su equipo sin darse cuenta que están en una institución donde se puede aprender mucho si te paras un poco y observas a tu alrededor. No perciben que el equipo que llevan no es suyo, pertenece a la escuela de futbolistas y él tiene el encargo de sacarlo adelante conforme la entidad desea, no como uno quiere.

Cuando un entrenador no tiene la cabeza en la formación del jugador sino en el partido del fin de semana, muchas cosas que se presentan durante la semana no le interesan porque no tiene resultados a corto plazo y no va a resolver la papeleta del partido. Por eso, da igual contar los balones para que no se pierdan, no importa llegar justo para empezar el entrenamiento, es un estorbo seguir la programación porque me quita tiempo para preparar a mi equipo para el difícil partido que tenemos el domingo, no participo en las reuniones con el coordinador porque no me interesa mucho lo que me dice ya que no me ayuda a mi objetivo, no trabajo semanalmente los valores porque me olvido habitualmente de hacerlo ya que no le veo la importancia que pueda tener para mi propósito, no escucho a mis jugadores porque estoy centrado en lo que yo les quiero decir, me molestan los jugadores malos porque destruyen mi trabajo y procuro no contar con ellos para nada, me responden mejor con broncas y gritos porque no tengo paciencia para esperar resultados a largo plazo, necesito que me respondan ya.

Hemos tenido las primeras bajas de jugadores que se han agobiado por la actitud del entrenador y su forma de llevar el equipo, demasiado estresante, con muchos gritos y con expresiones donde los chicos no detectan en ningún momento una confianza en ellos. Tienen miedo de fallarles, pierden la confianza en si mismos y prefieren irse del equipo porque piensan que no van a dar la talla. De la ilusión inicial por ir a entrenar al miedo actual cuando se acerca el día del entrenamiento. 

Tenemos que sentarnos y pensar qué estamos haciendo mal. Posiblemente debemos plantearnos las cosas mirándonos a nosotros mismos primero. Si yo quiero que mis jugadores entrenen en serio, con mucha ilusión, poniéndole muchas ganas, lo que he de intentar es ser la persona más trabajadora que ellos hayan visto nunca. ¿Lo soy? ¿Podría hacer algo más? ¿Doy ejemplo en esto? Trabajar es prepararse muy bien el entrenamiento, llegar puntual incluso con tiempo para poder conocer a los chicos en un ambiente diferente del campo de fútbol, ser muy ordenado, esforzarse por comunicarse bien, buscar ponerse a la altura de cada uno, tener paciencia para obtener resultados, demostrarles que confías en ellos, motivarles con tu optimismo, preocuparse de los que tienen dificultades, buscar otras formas para aquello que no consiguen entender, investigar, evaluar,… Todo esto es ser la persona más trabajadora que ellos hayan visto jamás. Se dan cuenta de todo y valoran mucho un entrenador comprometido hasta el fondo que les quiere y les exige con su ejemplo.

¿Haces todo lo posible para ayudar a tus jugadores? El día que consigas esto sentirás una gran satisfacción por ser entrenador, más que ganando tres ligas consecutivas. Ser entrenador no es simplemente un trabajo o una profesión. Si se enfoca de forma correcta, es arte. Las nuevas tendencias y metodologías de entrenamiento no son lo que mejora la enseñanza del fútbol. Lo mejoran esos grandes entrenadores que son capaces de motivar a sus jugadores a aprender. Tu función primordial como entrenador es facilitar el aprendizaje. Pero cuando te complicas la vida con otras funciones a las que dedicas demasiado tiempo y te distraen de lo verdaderamente importante, son tus jugadores los que pagan tu despiste y dejan de aprender todo lo que tu les podías ofrecer pero que no haces porque estás distraído con otros asuntos: clasificaciones, sistemas de juego, tecnologías y un listado interminable de elementos perturbadores. 

Las plantas crecen solas. La labor del jardinero consiste en crear las condiciones óptimas para que eso suceda. Los que son buenos profesionales lo consiguen, aquellos que carecen de las competencias necesarias no. En el deporte pasa lo mismo. Los buenos entrenadores crean las condiciones óptimas para el aprendizaje y los malos no. Pueden conseguir resultados pero no crecen, esto es así y no podemos ignorarlo. Para que los jugadores crezcan solos hemos de crear las condiciones óptimas que pueden resumirse en cuatro conceptos:

  1. Motivar. Un entrenador que motiva a sus jugadores consigue un efecto dinamizador en ellos, creando condiciones en las que ellos quieran aprender. Un buen entrenador logra resultados sacando a la luz lo mejor que hay en cada uno de sus alumnos. Esto es fácil de decir pero es necesario mucho esfuerzo por parte del entrenador por mantener esa actitud de forma constante.
  2. Facilitar el aprendizaje. Un buen entrenador debe adaptar constantemente sus estrategias a las necesidades y oportunidades del momento. Si queremos buenos resultados hemos de seguir un proceso continuo de adaptación, discernimiento y respuesta a la energía y motivación de los alumnos. Un buen entrenador sabe que cada día es diferente. Los niños son muy curiosos y para estimular su aprendizaje has de conseguir mantener viva esa curiosidad. Has de formularles preguntas que les hagan pensar e investigar. Debes tener claro que si quieres influir en sus vidas debes tratarlos de forma individual. Una sola fórmula para todos no sirve en nuestro trabajo diario.
  3. Tener expectativas. Tus expectativas sobre tus jugadores influyen enormemente en su rendimiento. Si le dices a uno de tus jugadores que esperas que lo haga bien, las posibilidades de que así sea son enormes. Pero también lo contrario. Piensa pues en tu gran responsabilidad en el grupo que diriges. No les puedes fallar. Los jugadores necesitan entrenadores que se comuniquen con ellos y, especialmente, que crean en ellos.
  4. Capacitar a los jugadores. Te equivocas si crees que tu función como entrenador es enseñarles a jugar al fútbol. Un buen entrenador lo que busca es capacitarlos para la vida a través del fútbol. Debes ser un guía para ellos, ganarte su confianza y ayudarles a encontrar su rumbo en la vida. Has de capacitarlos para que aprendan por su cuenta. Los jugadores son capaces de hacer grandes cosas cuanto se les ofrece las herramientas adecuadas para aprender. ¿Se las das? Es importante que te lo platees en serio ya que, por tu dejadez, les estás privando de la posibilidad de ser un gran jugador. Piensa que pueden avanzar si se sienten más seguro de su capacidad de aprender: asimilarán las cosas más deprisa y mejor. 

Todos los jugadores del mundo merecen tener un entrenador que les apoye, que jamás se dé por vencido con ellos, que conozca el poder de la comunicación y les insista para que se conviertan en las mejores personas posibles.