El filósofo Max Weber definía el poder como la capacidad de forzar o coaccionar a alguien para que éste, aunque preferiría no hacerla, haga tu voluntad debido a tu fuerza o tu posición.

Tú como entrenador tienes una posición por encima de tus jugadores y puedes aprovechar este poder para conseguir que ellos hagan lo que tu quieres aunque muchas veces preferirían no hacerlo. Es muy frecuente utilizar modelos de poder que uno ha vivido cuando jugaba al fútbol, o en el ejercito, o en ningún lugar y aprovechar la ventaja de tu posición para imponer las cosas de forma despótica.

Hay mucha gente con poder que ha demostrado muy poca talla humana. No vamos aquí a revisar los modelos de poder que nos ofrece la historia no muy lejana, donde se han cometido auténticas barbaridades. No es el momento de hablar de esto.

Por otro lado, el filósofo define la Autoridad como el arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que tu quieres debido a tu influencia personal.

Muchas veces las razones por las que se tiene esta actitud de poder es simplemente porque los entrenadores van a lo más sencillo. A corto plazo un grito, un castigo es más eficaz en un equipo. No necesitas ninguna destreza especial para utilizar el poder.

Lamentablemente, hay muchos entrenadores en nuestro mundo del fútbol que aprovechan descaradamente su situación para forzar o coaccionar a los jugadores a hacer lo que a ellos les interesa. Van por la vía rápida. O haces esto o te vas. Yo soy el entrenador y tu lo que tienes que hacer es obedecer mis ordenes y no hay nada más que hablar. No tienen autoridad con sus jugadores. Utilizan su poder.

He de reconocer que cada día puedo apreciar más entrenadores que no abusan de su posición de entrenador para conseguir las cosas. Han obtenido su autoridad sobre los jugadores a partir de una serie de destrezas que han adquirido poco a poco.

Por lo tanto, se puede tener una posición de poder y no tener autoridad sobre el equipo y a la inversa, se puede tener una gran autoridad sobre los jugadores y no estar en posición de poder.

El poder se puede comprar y vender, se puede dar y quitar. Tu puedes haberte sacado el título de entrenador pero eso no te da la autoridad con tu equipo. Te pueden haber contratado para dirigir un gran equipo y también te pueden echar del equipo donde estás. En cambio, la autoridad tiene que ver con lo que tu eres como persona, con tu carácter y con la influencia que has ido forjando sobre tus jugadores.

¿Cómo estás tú con tu equipo? Te aprovechas de tu posición para imponerte o has conseguido que tus jugadores te obedezcan porque tienes delante de ellos la autoridad que te has ganado a pulso? ¿Te obedecen voluntariamente o por miedo?

El poder desgasta las relaciones. Se puede estar una temporada en tu posición de entrenador pero, a la larga, el poder lleva a deteriorar seriamente las relaciones con tus jugadores. El descontento de los jugadores es normalmente una rebeldía encubierta.

Piensa en cómo lo estás haciendo porque llegará un momento en que si abusas de tu poder, los jugadores se cansarán de ti y tu relación con ellos quedará tan deteriorada que incluso se pueden rebelar contra ti. ¿No te ha pasado ya en otros equipos? Posiblemente has disfrazado la situación comentando que es una mala actitud de los jugadores pero lo que no quieres aceptar es que esa mala actitud está provocada por tu despotismo. No se puede aguantar así toda una temporada.

Hay muchos fracasos deportivos en el fútbol base debido a esta lamentable situación. No existe afinidad entre el entrenador y los jugadores. El entrenador echa la culpa a los jugadores y éstos acaban rebelándose. Al final de temporada el equipo queda totalmente destruido, desunido, sin coraje ni personalidad.

Debes saber que la gente responde mejor a la autoridad que al poder. Tu no puedes exigirles a tus jugadores que te den su corazón, su voluntad, su compromiso, su creatividad, sus ideas. Unicamente pueden ofrecerlo voluntariamente. Y no quieren hacerlo. No has conseguido su compromiso porque has dirigido al equipo en base a tu posición de poder sin ganarte la autoridad frente a ellos.

Es verdad que hay ocasiones en que uno debe ejercer el poder. Una falta de respeto, un problema grave de relación entre los jugadores. No siempre se pueden argumentar las cosas. En esos momentos, el entrenador líder debe dejar claro de por qué ha tenido que utilizarlo.

Pero debes reconocer que tienes una tendencia a utilizar tu posición para imponer tu voluntad porque te ha fallado la autoridad o posiblemente es que no tengas autoridad.

Pero no hay que dramatizar. Hemos dicho anteriormente que la autoridad es una destreza que se puede adquirir con esfuerzo. Por lo tanto, si en estos momentos te das cuenta que te falta autoridad es hora de que te propongas en serio a adquirirla.

Vamos a ir poco a poco, paso a paso. Piensa primero en tu equipo ¿Cómo puedes conseguir forjarte esta autoridad teniendo en cuenta la diversidad de tus jugadores. Hay que reconocer que dentro de tu equipo existen personas con las que se puede trabajar muy bien y otras que tienen muchos problemas y contagian al equipo como si se tratara de un virus. Todos pueden quedar contagiados y en ese momento puede haber problemas de autoridad. Los hay muy egoístas, otros muy orgullosos. También hay jugadores hiperactivos que no paran nunca o se divierten molestando a los demás. Los hay envidiosos o vengativos. Hay de todo y esto es normal. Un equipo es como un pequeño reflejo de lo que es la sociedad.

Una vez has pensado en cómo son tus jugadores ahora te pido que pienses en la persona que ha ejercido una mejor autoridad sobre ti. Seguro que has pensado en tu madre o en tu padre o en un profesor o entrenador que tuviste en la infancia. Seguro que todos los que estamos leyendo este artículo coincidimos en que esa persona posee las siguientes características:

    • Honrado, digno de confianza
    • Ejemplar
    • Pendiente de todos
    • Comprometido
    • Atento
    • Exige responsabilidad al equipo
    • Trata a los jugadores con respeto
    • Anima al equipo
    • Actitud positiva, entusiasta
    • Aprecia a todas las personas del grupo.

Pues bien, si te fijas, de todas las características anotadas ninguna es innata. Son comportamientos que podemos adquirir. Estos rasgos del comportamiento se desarrollan muchas veces a una temprana edad y se convierten en comportamientos habituales.

Algunos de nuestros hábitos siguen madurando, evolucionando hasta niveles superiores mientras que otros no cambian casi nada desde la adolescencia.

Este es tu reto si deseas ser un auténtico líder de tu equipo:  identificar aquellos rasgos en los que necesitas trabajar y motivarte para conseguirlos.

¿Aceptas el reto? Te adelanto que no va a ser fácil conseguirlo. Requiere mucho esfuerzo.

Tienes suficiente material para que pienses y lo pongas cuanto antes en práctica. Reconozco que no es sencillo pero pronto apreciarás un cambio en tus jugadores. Esta temporada puede ser diferente para ellos y para ti.