El fútbol no puede ser una prioridad en la vida de nuestros hijos

Últimamente he tenido que comunicarme y dialogar mucho con mis entrenadores e incluso con el coordinador del club porque no deseo desviarme del objetivo que nos hemos marcado en esta temporada. Ojalá todos los problemas de una institución estuvieran centrados en estas minucias. Aunque les voy a hablar de detalles muy pequeños, no quita darle importancia por ser algo que nos puede preocupar.

 

La competición nos arrastra con tal fuerza que sin darnos cuenta podemos encontrarnos en poco tiempo muy alejados de lo que buscábamos al principio de temporada. Es como la corriente del mar que poco a poco te lleva lejos, muy lejos. Tienes que nadar con fuerza para recuperar tu rumbo y no separarte tanto de la orilla porque, si llegas al alta mar, corres peligro ya que no tienes dónde sujetarte. Además, si te pasa algo, te hundes al no tener dónde agarrarte

 

Pocos niños en los equipos para que jueguen más minutos.

 

Uno de los aspectos que deseábamos al principio de temporada era no tener los equipos muy llenos para que los niños jugaran mucho ya que es esto lo que buscan. Así lo hicimos pero no se sabe como, un compromiso por aquí, uno que vuelve cuando decía que se iba, otro que se va de su equipo porque no está a gusto, aquel que llega tarde pero no puedes decirle que no y ya tienes un equipo con demasiados jugadores. Juegan menos de lo que nosotros deseamos.

 

Te esfuerzas por reducir el equipo y, cuando ya lo tienes de nuevo listo, desaparece uno, se lesiona otro y el equipo se queda incompleto. Nunca sabes lo que es mejor para los chicos. Lo que sí está claro es que muchos padres no se dan cuenta del esfuerzo que realizamos para que sus hijos jueguen lo mejor posible al fútbol.

 

Lo ideal para el club es tener bastantes jugadores y no preocuparse si juegan o no pero esto nosotros no podemos hacerlo, no nos parece ético ni acorde a la filosofía que queremos transmitir y por esa razón, hemos de limitar el número de admisiones.

 

Hemos dicho que no a bastantes jugadores al principio de temporada pero luego nos damos cuenta que nos faltan y pensamos que quizá teníamos que haber sido más egoístas y haberlos admitido a todos. Incluso algunos eran mejores que los que teníamos pero por respeto a los que están, hemos tenido que prescindir de ellos. A esto me refiero a la hora de intentar ser coherentes. No es tan fácil conseguirlo pero hay que lucharlo.

 

El dilema de bajar y subir jugadores para ganar partidos.

 

Otro objetivo que nos impusimos, a nivel interno, fue intentar no “bajar” jugadores para reforzar los equipos con el objetivo de ganar partidos. Es algo que seguimos discutiendo porque los entrenadores y responsables del club no entienden todavía por qué lo hacemos. El argumento que intentan esgrimir es que todos los equipos lo hacen y entonces juegas con desventaja.

 

Es desesperante ver que en tu propia casa, conforme avanza la competición, todos aquellos buenos propósitos se van alejando y olvidando arrastrados por la fuerza de la competición. El entrenador entiende que se le pueden ir los puntos si no baja jugadores e inmediatamente hay que corregir el rumbo y explicarles que los chicos del equipo pueden sacar adelante el partido sin esos refuerzos y que realmente si lo que buscamos es formar a los chicos, ese esfuerzo que deben realizar para ganar el partido es mucho mayor cuando no se bajan jugadores.

 

Da igual lo que hagan otros equipos. Si lo que buscan es ganar, que lo hagan pero nosotros tenemos otros objetivos diferentes que a la larga beneficiarán a nuestros jugadores. Si realmente somos honrados, bajar jugadores es una forma de engañarnos y de engañar a los chicos que piensan que han jugado bien simplemente porque han ganado un partido muy complicado. En realidad lo han ganado porque dos grandes jugadores con un años más han invadido el equipo y han conseguido la victoria.

 

Yo no busco ganar así. Pienso que estamos preparados para jugar bien e incluso ganar a equipos más fuertes que nosotros porque la fuerza física no es todo en el fútbol. Es verdad que el entrenador lo tiene más complicado si no baja jugadores pero realmente está ayudando a su equipo a creerse que pueden conseguirlo sin otros recursos que no sean los propios. Lo hemos demostrado muchas veces pero parece ser que interesa ganar puntos para estar arriba, para no se sabe qué.

 

¿Y los padres? No se sabe lo que quieren. Si bajan jugadores, unos están contentos porque el equipo gana y otros descontentos porque su hijo juega menos. Veo claro que estamos dando muy buen ejemplo yendo a los campos con nuestros equipos originales, sin refuerzos. El reto está en seguir ganando o no pero dando en cada partido un recital de juego porque esto es los que queda. Jugar bien y no ganar no duele tanto y si ganas, sin bajarte jugadores es un momento importante para los jugadores.

 

¿Y el prestigio del club, qué? Este es otro de los argumentos de los responsables de la entidad. Si somos coherentes con lo que buscamos, los puntos y las clasificaciones no son nuestro objetivo. Entonces qué es lo que nos preocupa ¿Lo que piensan los demás? El prestigio hemos de buscarlo en el trabajo bien hecho, en la seriedad de los que realizamos, en la formación integral que les transmitimos pero nunca en la clasificación. Eso no es más que buscarse a si mismos, egoísmo personal o colectivo, sin pensar en lo importante que son nuestros jugadores.

 

Es verdad que ahora mismo los clubes marcan la calidad de un equipo por los resultados obtenidos. Pero eso no debe hacerse en el periodo formativo. Es cierto que pueden llegar a decirte que nuestro club está perdiendo prestigio porque ya no está peleando entre los grandes. Pero no importa porque yo creo en otro prestigio que te lo da el trabajo bien hecho, la preocupación por el individuo, la formación integral del futbolista. Eso es prestigio. No hay otro. Luego viene el periodo de los profesionales donde sí es cierto que todo se mide por los resultados que tenemos. Eres bueno si ganas y eres malo si no ganas.

 

El problema lo encontramos en la prensa y en las federaciones deportivas que no se dan cuenta del grave error y miden a los niños con el mismo punto de vista que a los profesionales. Cuánto daño hacen con su miopía deportiva.

 

¿Pero es que nuestros jugadores necesitan ganar algún partido? Hace poco leía a un experto con el que comparto muchas cosas que este es un planteamiento de adultos. Los niños lo que quieren es jugar y ganar. Pero a los 5 minutos de haber perdido se han olvidado de todo. La diferencia es mayúscula: quieren ganar pero nunca podemos de car que necesiten ganar.

 

Las clasificaciones son el veneno de la competición. Es aquello por lo que muchos se matan durante todo el año con el fin de ponerse medallas que no sirven para nada. Estos éxitos deportivos no llenan porque no están bien enfocados y porque es consciente que lo ha conseguido simplemente olvidándose de los que es importante que son los jugadores y su formación deportiva y humana.

 

Pues bien, ese amigo mío me comentaba que un equipo puede no ganar un solo partido y estar disfrutando del fútbol. ¿Qué es una humillación? Depende. Es la realidad. Los adultos hemos de saber colocarnos en el lugar que nos corresponde y no aparentar más de lo que uno es.

 

Lo que hay que hacer es marcarse objetivos a corto y medio plazo asequibles y la victoria consistirá en conseguir esos objetivos. Si nos han ganado por cuatro goles en un partido, pues en el próximo hemos de mejorar algunos aspectos de la defensa y que nos metan menos. Si lo conseguimos, la euforia del equipo aumentará, la confianza en que pueden mejorar será evidente. Por lo tanto, es falso que los niños necesitan ganar. Es la excusa que ponemos los adultos competitivos para no hacer las cosas como se deben.

 

Si volvemos a la pregunta inicial vemos que no tiene sentido bajar jugadores cuando nuestro objetivo es otro muy diferente al de ganar partidos como sea.

 

Hay otro argumento que hemos tenido que rebatir en estos días. Un entrenador me intentaba convencer de que al bajar jugadores, los chicos del equipo aprenden más al poder jugar con chicos buenos. Puede parecer que esto es así, pero lo que yo veo es que se produce un efecto “dependencia” donde todo el equipo se orienta hacia el jugador estrella y eso les hace perder protagonismo y personalidad a los demás. Es realmente muy negativo para el equipo excepto que tienen más opciones para ganar y ni aún eso.

 

Además, al jugador que baja para apoyar a su otro equipo de la entidad, no le estamos haciendo ningún bien ya que juega en una categoría mucho más fácil y lo que antes le costaba esfuerzo, ahora es sencillo. Y sabemos que las cosas que no exigen un esfuerzo personal no proporcionan ningún tipo de beneficio al que las realiza. En lugar de avanzar, retrocede provocándole un gran daño ya que lo que debemos hacer con estos jugadores estrellas es que “suban” para jugar con categorías superiores donde no van a destacar tanto ni van a ayudar al equipo a ganar pero donde el jugador realmente va a sumar experiencias muy importantes para su formación como jugador.

 

Las clasificaciones por encima de todo.

 

Me revienta lo que pude contemplar en un partido en casa contra un equipo de benjamines. Mientras los niños estaban jugando el partido, unos padres estaban mirando por su teléfono móvil la clasificación, en el caso de que el resultado se mantuviera así.

 

– Ya vamos cuartos.

 

– Estamos a un punto del tercero.

 

– Si el próximo lo ganamos y ellos lo pierden, les pasamos.

 

Estamos locos de verdad. Lo que debía ser una actividad extra escolar donde el niño se divierte jugando al fútbol, lo hemos convertido los adultos en una prioridad absoluta para toda la familia.

 

¡Qué mas da la posición en que vamos en la liga! Padres, nos estamos equivocando y estamos estropeando algo que puede ser muy hermoso. Nos lo estamos cargando con tantas estupideces. Es verdad que lo hacemos sin darnos cuenta, pero esto hay que frenarlo porque se está convirtiendo en algo insoportable para ellos.

 

Cuántos niños terminan dejando el fútbol por culpa de estas actitudes de los padres o de los propios entrenadores que aprietan al máximo porque hay que ganar el partido como sea. Cuántas broncas a los pobres niños porque no han metido un gol que desde fuera del campo parecía imposible fallar, cuántos gritos, cuántas faltas de respeto, cuántas tonterías.

 

Un calendario anti familiar.

 

No quiero aburriros más pero mi última pelea con los míos para que no perdamos el rumbo de esta nueva etapa que habíamos comenzado esta temporada está en algo bien absurdo que la Federación no termina de darse cuenta o no quiere cambiar. El calendario de partidos de este año incluye jornada el día después de reyes. Eso es correcto para un equipo profesional pero los nuestros son niños y tienen una familia.

 

Le voy a decir a las familias que estos días de vacaciones se tiene que quedar en Barcelona, que no pueden irse a visitar a la abuela que vive en Madrid porque tienen partido; que se olviden de sus planes y de su familia porque el fútbol es lo más importante de la vida. Porque no es solo el partido. Si juega el día 7 un partido, esa semana deberá tener entrenamientos. Por lo tanto toda la familia debe romper sus planes familiares para jugar un estúpido partido. Esto no tiene sentido. Son niños. Son miles de familias con las que estamos jugando a ser profesionales. No puede ser, esto hemos de cambiarlo cuanto antes.

 

Siendo conscientes de este tema, decidimos aplazar todos los partidos de esta jornada, como habrán hecho muchos equipos. ¿Y qué nos encontramos? Pues que hay clubes que no nos han autorizado el cambio porque no entienden que no son fechas para jugar el partido. No saben ustedes la cantidad de horas que ha tenido que dedicar el coordinador para intentar cambiar el calendario y aun así, no tenemos todos los partidos aplazados.

 

¿Qué hacemos? La lucha con mis entrenadores en convencerles de nuevo que los puntos no son nada importantes y que si no quieren cambiar algo que es evidente que hay que cambiar pues que se queden con los tres puntitos pero yo no puedo ser incoherente con lo que pienso. He de demostrarlo con hechos si realmente creo que eso no debe hacerse.

 

Hay entrenadores que han intentado convencerme argumentando que los padres de su equipo les da igual, que si hay entrenamiento, vendrán. No les da igual. Si tienen que venir a jugar lo harán porque se han comprometido a participar con el resto del equipo pero hemos de facilitarles las cosas para que puedan disfrutar de unos días de vacaciones y desconectar del fútbol durante este periodo.

 

¿Es que no existe nada más que el fútbol en las vidas de tantas familias? No me lo creo. Esto no es así. Puede ser que algunos piensen que hay que jugarlos. Esto es lo fácil. Oigo como se critica a la Federación por montar los partidos en estas fechas y por no respetar el calendario vacacional pero luego, como pueden perder puntos, se resignan y ya está. No hemos de tener miedo a los puntitos porque eso no es nada. Cierto que hemos de cumplir con nuestro deber y jugar los partidos que corresponden. Sería una irresponsabilidad pero la solución está en luchar por los aplazamientos ya que es algo que está contemplado en el reglamento.

 

Son detalles pequeños pero importantes si no queremos que las olas del mar nos arrastren lejos de la orilla. Hemos de ser coherentes con lo que queremos ser porque es una forma de enseñarles a nuestros hijos lo que realmente tiene valor en la vida.

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