Ayer por la tarde recibí a unos padres que iban a incorporarse a los equipos que la Fundación Marcet tiene en competición. Les estaba explicando que hay tres factores que tenemos en cuenta a la hora de admitir a un jugador:

Primero es la familia. Debe ser una familia que esté dispuesta a apoyar de forma positiva a su hijo en la práctica de este deporte, sin críticas ni presiones, ayudándole pero sin presión alguna.

Segundo es el jugador. Hemos de ver que es un jugador que se toma en serio sus estudios. No es tan importante que suspenda o apruebe, la idea es que se esfuerce en el colegio y en casas independientemente del nivel intelectual del chico y eso lo detectamos rápido con los informes que realizan los profesores trimestralmente.

Tercero es el potencial. Las posibilidades que el niño muestra en el fútbol, con un buen potencial para mejorar y aprender. No buscamos jugadores hechos para ganar la próxima liga sino jugadores a los que les podemos ofrecer la posibilidad de mejorar hasta llegar a ser jugadores talentosos.

Por esta razón, los padres que tenía delante escuchándome, entendieron que este era un proyecto a largo plazo y no un cambio de club. Pero había algo que necesitaba dejar claro antes de empezar. Por este motivo les pregunté a los padres si eran capaces de cambiar su actitud en el campo. Intuía que eran de los que se ponían muy nerviosos en los partidos. Reconocieron que eso era cierto y tuve que añadir que quizá eso era lo que más les iba a costar con el cambio pero que su hijo necesitaba de esa serenidad de sus padres para crecer como persona y como futbolista.

Hoy he recibido un correo que puede ayudar a muchas personas y que engarza muy bien con lo que estamos comentando. Lo transcribo al completo porque tengo la tranquilidad que permanece en el anonimato aunque voy a añadir comentarios a lo que el autor del correo va diciendo:

“Primero me gustaría felicitarte por el Blog, me sirvió de mucho para darme cuenta de los errores que cometí con mi hijo…

Cuantas personas, por falta de humildad no son capaces de reconocer el gran daño que están causando a sus hijos por malas aptitudes y, cuántas otras que sí se dejan aconsejar, descubriendo lo importante que ha sido para ellos y para su hijo ese cambio.

…Mi hijo tiene 8 años y juega desde los 4  al futbol ( su gran pasión, no la mía ). Su madre y yo lo llevamos a entrenar, y cada fin de semana a sus partidos . Desde que empezó ha jugar nos involucramos mucho con el juego, y eso empezó a pasar factura en la relación con mi hijo…

Da gusto ver como este padre se percató de que iban por mal camino ya que los padres deben apoyar a distancia el deporte de su hijo. Él es el que juega, el que se equivoca, el que gana o pierde, el que se levanta o se derrumba. Pero lo que no puede ser es que prácticamente estemos los padres jugando el partido de nuestro hijo.

A mi hijo no le gustaba que  le hablase de como lo había hecho en el campo o de lo que yo quería que hicieses en el terreno de juego ( suena mal pero era así). En resumen, me convertí en lo que nunca quise ser PAPA ENTRENADOR¡¡¡…

Sin darnos cuenta, sin quererlo, con toda la buena intención del mundo nos convertimos en el entrenador de nuestro hijo. Ellos quieren verte como padre, que les quieres igual cuando juega mal como cuando juega bien y no entienden por qué estás tan nervioso con algo que es simplemente un juego

 …Yo quiero mucho ha mi hijo y siempre hemos hecho deporte juntos y lo continuamos haciendo: salir a correr, ir en bicicleta, jugar algún partido de futbol o a la play  etc.…. Estas cosas  siempre nos ha unido mucho en nuestra relación padre e hijo. 

La razón equivocada por la que los padres actúan así es que desean ayudar a su hijo porque le quieren pero no se dan cuenta que esta no es la forma de manifestarles su cariño. Es un error que se paga caro porque deteriora mucha nuestra relación con ellos. Además, esa actitud propicia la inestabilidad ya que muchas veces nuestros consejos no coinciden con los que le da su entrenador verdadero y no sabe qué hacer. ¿Hago lo que me dice el entrenador o lo que me pide mi padre? ¿Voy a decepcionar a mi entrenador o a mi padre? En menudo compromiso le estamos poniendo a nuestro hijo con esta desagradable actitud.

…Por suerte hace unos 2 años me di cuenta de que yo no podía seguir así con mi hijo, desde entonces solo le digo que disfrute y se lo pase bien. En los entrenamientos y partidos, me siento en la grada y miro como se divierte y le animo ( solo animo, nada de dar ordenes como antes ) y después cuando acaba, le pregunto si se lo pasó bien…

Muchos padres que están leyendo este artículo están a tiempo para cambiar porque os aseguro que se disfruta mucho más del fútbol y del hijo. Es, en definitiva, verlo todo desde otro punto de vista, más distante pero más reconfortante.

…Pero el caso es que mi mujer no cambia, para ella todos los entrenadores son malos y algunos jugadores también. No se como abrirle lo ojos y que vea que solo es un juego y que todos los entrenadores y niños ( como el nuestro ) lo hacen lo mejor que pueden… 

Una vez convencido uno mismo, hemos de tener argumentos de base para que los miembros de nuestra familia actúen igual para seguir avanzando. Unas veces es la mujer, otras el abuelo o un familiar. Todos los miembros de la familia somos responsables de la formación del niño con nuestro ejemplo y con nuestra actitud.

…A mi hijo le han ofrecido jugar en otro equipo en 1 división de benjamines y  no quiero llevarlo porque me da vergüenza el comportamiento de mi mujer.”

Agradezco mucho el testimonio de este anónimo porque ha permitido abrir los ojos a muchas personas que todavía no comprenden el daño que están ocasionando con su actitud irresponsable.