…o morir deportivamente.

 

El miedo es una reacción natural de supervivencia del hombre (también del animal). El miedo surge ante una situación de peligro, ante una inseguridad.

Una cebra que siente miedo por los leones, huirá en cuanto advierta la presencia de semejante depredador. Los hombres, si oímos disparos, nos pondremos inmediatamente a resguardo por miedo a resultar heridos. Sin embargo, hay hombres que a pesar del miedo que sienten, no se dejan influir por él y continúan su camino a pesar del riesgo que toman.

Los futbolistas también tenemos miedo. Ese temor, nos pone en guardia ante los peligros que debemos enfrentarnos. Tenemos miedo al resultado incierto, al fracaso, a la derrota, a quedar mal, al ridículo, a defraudar a tu entrenador o a tus padres o a tu familia. Estos son nuestros miedos.

Los caballos del ejército de Alejandro Magno no se atrevían a avanzar cuando se enfrentaron a los elefantes del ejército indio. Tenían miedo y estuvieron a punto de provocar una derrota. Ante la inseguridad, surge el miedo como defensa natural.

Ese miedo que nos agarrota es lo que hace que muchas veces nos quedemos bloqueados en los partidos. No somos capaces de superar los miedos y, lamentablemente, sorprendemos a nuestro entrenador que no entiende que  entrenemos con una gran intensidad durante toda la semana y, sin embargo, en el partido somos un desastre, como si fuéramos  otros.

El miedo puede provocarnos una parálisis total y, si le hacemos caso y nos detenemos, estamos perdidos. El miedo nos quiere convencer de que los peligros a los que nos enfrentamos son complicados y que no vamos a ser capaces de superarlos, que no estamos preparados para afrontarlos, que no tenemos la calidad suficiente para jugar ese partido, que el rival nos va a superar con facilidad.

El miedo nos tira para atrás porque quizá vamos a fracasar seguro. Nos indica  que nos enfrentamos a un peligro insuperable y posiblemente vamos a manchar la imagen de nuestro club gravemente.

Pero todo esto son excusas que nos ponemos para no enfrentarnos a la realidad. No es verdad. No es real. Es un espejismo que ha construido nuestra imaginación. No hemos de hacer caso a esas visiones derrotistas fruto de nuestro miedo.

También nos está diciendo que no vale la pena salir de nuestra zona de confort para enfrentarnos a esos peligros. El esfuerzo que debemos realizar no vale la pena. Estamos mucho mejor en una posición más cómoda y menos insegura.

El miedo nos convierte en cobardes o quizá en jugadores valientes si conseguimos superar esa barrera que se nos presenta continuamente en nuestro deporte y en la vida.

Nunca aceptemos al miedo como consejero, sólo como aviso para estar alerta, pero no te detengas a causa del mismo porque ahí es donde realmente está el peligro.

Persiguiendo a Mavericks http://tuperdiz.blogspot.com.es/2015/09/una-pelicula-que-motiva-persiguiendo.html es una película que se centra en superar el miedo que puedes tener para enfrentarte a olas de más de 18 metros de altura que chocan con fuerza con los arrecifes.

Cuando, a la edad de 15 años, Jay descubre que las míticas olas conocidas como ‘Mavericks’, unas de las más descomunales del planeta, se aproximan a su hogar de Santa Cruz, donde van a romper, busca la ayuda del legendario Frosty Hesson (Gerard Butler) para que lo entrene y así poder sobrevivir a dicho fenómeno. Cuando Jay y Frosty se embarcan en el empeño de lograr lo imposible va surgiendo entre ellos una singular amistad que transforma sus vidas; y su intento de dominar a las Mavericks se convierte en algo que rebasa la práctica del surf.

En un momento de la película, Frosty le dice a Jay:

—“Debes aprender que el miedo y el pánico son dos emociones distintas: el miedo es saludable y el pánico es letal”

En definitiva, que nuestros miedos no nos lleven a actuar con pánico si no todo lo contrario, a intentar superarlo, y es precisamente esta superación la que nos permite crecer y adquirir una autonomía que nos servirá para toda tu vida.

Nuestra experiencia deportiva puede ser una bonita aventura llena de retos y desafíos que nos harán crecer, progresar, mejorar y conseguir nuestros objetivos, o vivir en la queja y en el miedo poniendo nuestra vida en manos de otros a los que podamos echar la culpa.

¿Cómo vencer tus miedos en el fútbol?

Lo primero que debemos hacer es descubrir las causas de nuestro miedo. Comprobaremos que es fruto de la inseguridad. Nunca vamos a tener una seguridad completa de todo lo que hacemos. Siempre hay posibilidades de equivocarnos y de fallar. Pero pensemos en positivo y seamos conscientes de que los errores y limitaciones nos pueden enseñar a mejorar cada vez más.

Imaginemos que sentimos miedo por el partido de este domingo porque nos estamos jugando la liga. ¿Por qué tenemos miedo? Precisamente porque no estamos seguros de vencer. Todos tenemos miedo a no ganar. Ese miedo no debe bloquearnos. Debemos convertirlo en un reto para superarnos una vez más, teniendo claro que podemos perder, pero será por otros motivos que no son el miedo que sentimos en el cuerpo.

El miedo, hemos dicho antes, es saludable porque nos previene de una dificultad y hace que nos pongamos a la defensiva. Si no ponemos remedio, aparecen sus consecuencias y ya sabemos que el pánico es letal.

Si nos dejamos llevar por el pánico, estamos perdidos porque saldremos al campo sin la fuerza necesaria para vencer, bloqueados completamente por algo que nos está superando completamente. Estamos perdidos y no tenemos nada que hacer. Es la muerte deportiva.

Si luchamos por vencer el miedo, el partido lo tenemos medio ganado. Es así de claro, porque estamos controlando nuestro miedo a base de esfuerzo personal, con optimismo, con ganas de superarlo.

Piensa además que un poco de inseguridad nos da esa pequeña dosis de estrés que nos saca de nuestra zona de confort y nos mantiene proactivos.

Quizá nos podemos quedar con esta carta que cierta persona escribió un día:

Querido miedo…

Tengo que decirte que lo nuestro se acabó. Ya he tenido suficiente.

Ya me has frenado en demasiadas ocasiones y no estoy dispuesto a aguantar esta situación ni un minuto más.

Además, he conocido a otros muchos más interesantes que tú.

Se llaman confianza, ilusión y esperanza.

Así que me despido porque me voy con ellos.