nuevo rol del entrenador

––Le comenté a un amigo que es entrenador lo que me dijiste y me respondió que esto era algo imposible de realizar––me aseguraba Héctor mientras sonreía.––¿Te acuerdas que te comenté que esto iba a ser muy complicado para mi?

Todo comenzó cuando invité a Héctor a dirigir un equipo de mi escuela de futbolistas para un torneo bastante importante. Le aclaré que íbamos a llevarlo juntos porque quería enseñarle el estilo ––bastante diferente, por cierto,–– que tenemos aquí. 

––Mira, Héctor, empezaremos convocándoles para jugar unos partidos que te servirá para conocerlos mejor, ya que hemos escogido chicos de todos partes y hay que conjuntarlos. Vienen con mucho miedo porque no se conocen entre ellos ni te conocen a ti. 

––Es normal, responde Hector.––Son muchas incógnitas que hay que descubrir y eso les retiene un poco. A mí me pasaría lo mismo.

––Es el momento de dejarles algo muy claro: son muy buenos ––le insistí, de nuevo a Héctor.––Decirles esto es muy importante porque algunos jugadores necesitan un poco de autoestima para rendir mejor. 

––Por ahora, me parece todo muy sensato, ––aclara Hector.

––Después, hay que asegurarse de que están cómodos en el puesto donde les hemos colocado. Como ves, Héctor, no les impongo la posición donde van a jugar y les doy la oportunidad de elegir el lugar donde se sientan mejor. Con este pequeño cruce de opiniones, obtienes una buena información de las posiciones habituales en las que juega.

––¿Quieres decir que ellos deciden dónde juegan? ––pregunta extrañado Héctor.

–– Sí, en cierto sentido, es correcto lo que dices, ––le respondo con una sonrisa.––De esta forma, podré optar por colocarle en el lugar donde se encuentra más a gusto. Intento satisfacerle porque allí siempre estará más a gusto y, por lo tanto, es posible que su rendimiento sea mayor. También me sirve para justificarme si no puedo ponerle en ese sito de forma habitual.

––Me estas rompiendo todos mis esquemas ––exclama Héctor–– porque yo estoy acostumbrado a decidirlo todo, sin tanta consulta, porque considero que los chicos de 10 -12 años no son capaces de tomar estas decisiones, pero ya veo que tu apuesta es confiar en ellos hasta en esto. 

––Lo que quiero que entiendas es que necesito que se sientan participes del proyecto porque es así como consigo cohesionarlos más. En el fondo mi trabajo como entrenador está en unir al grupo de tal forma que salga reforzado––le confirmo.

Héctor me mira con cara de asombro como si estuviera hablándole de extraterrestres. Realmente no sé lo que piensa, pero veo que le va dando vueltas a todo lo que le explico, intentando situarse.

––El siguiente paso es explicarles el sistema de juego que queremos probar y qué rol tiene cada uno en ese sistema. Es importante aclararles que confías de lleno en cada uno de ellos, mirándoles a la cara, uno a uno. Sin gritos, sin presiones. Siempre hay una pregunta mágica que no hemos de olvidar nunca: “¿qué os parece?”. Estás preguntándoles su opinión en algo que es de vital importancia. Si has generado un ambiente adecuado, posiblemente surgen discrepancias con tu opinión. 

––Realmente tu crees que es bueno que ellos te lleven la contraria? ––me pregunta Héctor asombrado de mis palabras. ––Pienso que es una falta de respeto al entrenador.

––Posiblemente pueda entenderse así, pero si el que opina lo hace desde el respeto y como una idea más, hemos conseguido descubrir desde el principio lo que piensan de tus planteamientos y se trata ahora de convencerlos con hechos y no con palabras ––que es lo que solemos hacer los entrenadores: imponer nuestras ideas––. 

––He de decirte que simplemente soy un entrenador––replica Héctor––y no me siento cómodo con tanto planteamiento sicológico. Prefiero ir al grano y decidir yo lo que tengo que hacer en cada momento.

––Esta actitud no te va a ayudar a alcanzar el objetivo que pretendes, Hector. Por eso mi respuesta ante la discrepancia es que lo prueben en el campo y luego corregimos si no va bien. Eso siempre les parece bien y, si hay que corregir algo, asumen el cambio como algo positivo porque puede mejora lo que habíamos planteado inicialmente. 

No puedo ser el entrenador que siempre tiene la razón. Debo demostrar una apertura ante las opiniones de los demás, pero esos si, bien fundamentadas y, sobretodo, manteniendo la unidad del grupo. Si cambiamos es con la decisión unánime de todo el grupo. Eso genera espíritu de equipo, unidad y por tanto fuerza. ¿Entiendes lo que busco, Hector?

––Ufff, yo no me veo haciendo todo esto. Yo soy más de golpe de mando y a callar. Me va a costar mucho todo esto ––afirma Hector bajando la cabeza como si estuviera medio derrotado.

––Muchos entrenadores no entienden cómo, después de un partido perfectamente planteado, pueden ser derrotados. Lo achacan a la mala suerte, al árbitro, al terreno de juego, a los jugadores que no han aplicado lo que les ha enseñado en los entrenamientos. Pero muchas veces es porque el equipo es una suma de individuos, que cada uno va a lo suyo, y que no creen en absoluto en los mensajes de su entrenador porque no ha sabido liderar el proyecto. 

Vamos a explicarlo de una forma más sencilla, Héctor. En mi opinión estos son los porcentajes que contemplo en la escala de un buen rendimiento deportivo: un 20% la técnica, un 10 % la condición física, un 20% la táctica, un 10% la estrategia y un 40% el trabajo sicológico. Pues bien, si esto es así, tiene sentido fomentar en todo momento aquellos elementos sicológicos que mejoran el rendimiento del futbolista porque es el porcentaje más importante de todos. Sin embargo, los entrenadores se olvidan de esta escala e intentan centrarse en la parte táctica, especialmente, sin darse cuenta que esto es solo el 20% de lo que debe explotar en el jugador. Creo que de esta forma, puedes entender mejor, Héctor, el por qué de todo este planteamiento que estoy explicándote. 

––Visto así, todo esto es coherente,––afirma Héctor–– pero muchos entrenadores te cambiarán los porcentajes y defenderán que la táctica es el 60% del resultado del partido.

––Claro, precisamente eso es lo que pasa, que su planteamiento parte de porcentajes diferentes. Por eso los disculpo porque ellos hacen lo que creen que es mejor pero también por el mismo motivo yo estoy escribiendo esta experiencia. Porque posiblemente algunos entrenadores pueden cambiar de opinión al leer estas ideas.

Es la hora de la verdad. Los jugadores salen al campo y, tras un buen calentamiento, empieza el partido con dos instrucciones: “todos defendéis y sin pérdidas de balón. ¿Os parece bien?” 

––Como ves, Héctor, los chicos lo tienen claro. Les he sugerido dos ideas sin imponerlas, añadiendo la pregunta para que realmente reflexionen si es correcto lo que les pido. ¿Para qué ofrecerles cientos de instrucciones si son incapaces de asimilarlas todas? Es mejor ir poco a poco, trabajando objetivos y analizarlos entre todos hasta tenerlos bien incorporados. Tú, Hector eres de los que, antes del partido, hubieras soltado ese gran discurso con un montón de ideas para demostrar a los jugadores lo mucho que sabes pero que se les escapa de sus limitadas posibilidades. Los expertos en comunicación aseguran que los chicos de estas edades son capaces de atenderte durante unos 10 minutos aproximadamente, no más. Y los entrenadores nos pasamos media hora larga explicándoles lo que tienen que hacer.

––La verdad es que siempre he oído que la charla del mister es muy importante antes del partido, pero ya veo que tu no la valoras tanto. Entiendo que prefieres ser muy breve y llegar a acuerdos con los jugadores para conseguir con ellos una unidad de criterios y, en consecuencia, una fuerza mayor, –-responde Héctor demostrando que estaba entendiendo lo que le quería transmitir.

––Eso sí, me llevo una libreta para apuntar todo lo que observo en el partido, sin perder de vista todo lo que ocurre e intentando leer el partido desde la banda. Y, ¿qué veo, Héctor? Te voy a leer lo que he anotado en la libreta por si tiene algún interés para ti. Quizá puede ayudarte a entender lo que intento mostrarte. 

  1. Observo que uno de los medios no se mueve bien en el campo, no se desmarca ni pide el balón, lo veo incómodo (-)
  2. Veo un error en defensa por falta de marcaje: somos dos defensas y tres atacantes (-) 
  3. Anoto una perdida de balón en el medio campo que casi nos cuesta un gol (-) 
  4. Incluyo un pase indeciso del portero para salir jugando que se convierte en gol (-) 
  5. Compruebo que el equipo está muy bien posicionado y sacando la pelota con autoridad (+). 

Héctor se queda mirando el cuaderno. Efectivamente, eran puntos que él también había detectado.

––Ganamos 3 a 1 en el primer tiempo. ¿Qué les he dicho en todo ese tiempo? Nada. No hace falta. Mira Hector, quiero que sean ellos los que analicen las situaciones de partido y tomen las decisiones. Quiero que se equivoquen y busquen las causas de esos errores, para rectificarlos. Si eres tú el que lo haces, cualquier experto en aprendizaje te dirá que no les enseñas porque le das la solución cuando lo importante es que él la encuentre. 

––Pero de esta forma, posiblemente es más sencillo que perdamos el partido, ––reclama Héctor.

––Te estoy demostrando que tampoco esto es cierto porque vamos ganando a un equipo que no ha perdido más que un partido en toda la liga. Quiero decirte con esto, Hector, que no es tanto lo que creemos que aportamos los entrenadores en cuanto a indicaciones de partido. Por gritar más y decirles más cosas no vas a conseguir mejores resultados. Eso es lo que quiero demostrarte, pero no con mis palabras sino con hechos.

––¿Quieres decirme que durante el partido es mejor no decirles nada? ¡No me lo puedo creer! ––responde Héctor llevándose las manos a la cabeza y sonriendo.

––Observa lo que he anotado en la libreta. Hay cosas negativas y otras positivas. Cuando el árbitro señala el final del primer tiempo, los jugadores vienen al banquillo. Lo primero es satisfacer sus necesidades físicas: beber y sentarse para recuperarse del esfuerzo. Si eres un verdadero líder del equipo, esperan tus palabras pero no hay mucho tiempo y ellos deben ver que estás satisfecho con su esfuerzo en general. Es el momento de destacar aquello positivo que has visto y, luego viene lo más interesante: preguntarles a ellos cómo se sienten. 

Como van ganando, su estado de animo es elevado y a la pregunta del sistema impuesto, un 2-2-2, ellos afirman que bien. Inmediatamente pregunto al jugador que se sentía incómodo en el centro del campo sus sensaciones y, con la sinceridad que genera el buen ambiente del banquillo, dice que no ha tocado balón y que no le gusta el sistema. 

Buena aportación que nos lleva a buscar soluciones con un cambio de sistema. Sugieren un 2-3-1. A mí me parece bien y ellos creen que puede mejorar su rendimiento. Estamos en la fase de analizar y buscar soluciones para evitar un nuevo error. Es así, Hector, como se aprende de verdad.

Aprovechando la confianza, un defensa se queja de que está muy complicada la salida del balón porque no encuentra jugadores para pasarles la pelota. Corregimos esto. Ellos dan soluciones a sus problemas y vemos si funciona en el siguiente tiempo. Yo anoto esto en mi libreta porque es algo que trabajaremos mejor en los entrenamientos. 

Reviso mi libreta aunque no queda casi tiempo y veo que hay algo que se debe corregir urgente y lo comento al grupo. Hay un delantero rival que muchas veces queda sin marcar. Recordad que sois dos defensas y ellos atacan con tres jugadores. ¿Cómo podemos solucionar esto? El capitán indica que el medio debe bajar a ayudar en defensa buscando siempre a este jugador que queda libre. Insisto que yo no les voy a decir nada sobre esto durante el partido pero que ellos tienen que hablarse más y cuando el defensa ve que hay un jugador desmarcado, tendrá que recordarle al medio que ayude. Les estamos haciendo pensar y eso, a la larga, les ayudará a ser jugadores más inteligentes, a buscar soluciones a sus problemas y no espera que el entrenador desde la banda se los solucione. Cuando esto funciona, el equipo se dispara. Saben que depende de ellos la solución a este problema y ponen los cinco sentidos porque no va a haber nadie en la banda que se lo recuerde. Es importante este concepto porque cambia mucho la actitud del equipo que no depende del entrenador. Son ellos los que deben saber manejarse solos.

––Creo que esto puede funcionar con buenos jugadores pero cuando llevas un equipo que no tiene buen nivel, necesitan que el entrenador les dirija más.––responde Héctor con mucha seguridad.

––Esto es lo que afirman muchos pero es una excusa. Este enfoque  funciona a todos los niveles. Sin embargo sí que es cierto que el apoyo del entrenador será mayor si el nivel es más bajo, pero no podemos negarle a ningún niño la posibilidad de aprender a pensar en el fútbol por no tener el nivel adecuado. Iremos más despacio en su rendimiento, marcaremos menos objetivos, pero pueden llegar a ser también jugadores inteligentes.

El árbitro llama a los jugadores para comenzar el segundo tiempo. Comienza otro periodo de pruebas donde van a tener que poner en práctica los cambios que hemos decido en el descanso. 

––Como ves, Hector, ya no vemos al típico corro de jugadores alrededor del omnipotente entrenador que grita a sus jugadores por los errores cometidos, todo callados y asustados. En el descanso hemos generado un ambiente que nos ha permitido analizar lo que ha ocurrido en el campo y el entrenador les ha animado a encontrar soluciones (a pensar). Tomamos las decisiones en conjunto, sabiendo que podemos equivocarnos, pero todos vamos a una y si caemos, tenemos la fuerza de levantarnos.

––¿Y no se les puede decir nada durante los partidos? ––pregunta Héctor un poco asustado con el planteamiento.

––Depende del estilo del entrenador. Hay algunos que optan por felicitarles cada vez que intentan algo interesante, para reforzarles su decisión aunque no les haya salido bien. Me parece bien, Héctor. Incluso lo veo muy adecuado porque les da más fuerzas y seguridad tener un feedback positivo de sus acciones. Lo llamamos motivación y es esencial en el deporte. Hay otros que marcan un poco la intensidad con frases características que mueven al jugador a hacerlo más rápido. No lo veo tan necesario. Pero todo es opinable en el fútbol porque seguro que hay razones a favor de esa actitud. Yo pienso que son ellos los que se tienen que dar cuenta de su intensidad y mejorarla. Además, como en el caso del medio campista, la razón por la que no era intenso era porque se sentía incómodo con el sistema y no por actitud. Por eso hay que tener cuidado y no ser tan impositivos en este tema. 

––Lo que yo puedo apreciar es que los entrenadores consiguen mejorar el rendimiento del equipo con sus indicaciones durante el partido porque desde su posición pueden verlo todo mucho mejor, ––responde Héctor buscando argumentos para defender su posición como entrenador.

––Es verdad que tu posición en el campo, muchas veces es mejor que la de los jugadores pero, por eso mismo, no sirven tus consejos. A veces les decimos: “abre a la banda”, por ejemplo y es porque hay un jugador en la banda que está a sus espaldas, sin que pueda verlo. Es cierto que está creando una fantástica línea de pase, pero esta indicación no es correcta porque él nunca podría haberlo visto. Para ganar el partido sí que es útil que se lo adviertas, pero lo que pretendemos es que ellos sean los que ganen el partido, sin nuestra ayuda. Son ellos los que juegan. 

Posiblemente podemos enseñarle automatismos que te permitan intuir que cuando recibes el balón en cierta posición siempre habrá un jugador que correrá por la banda y entonces, él, sin tu ayuda, tomará esa decisión porque es una situación que ha entrenado Y tú, como entrenador, te sentirás orgullosos de que tus jugadores abran la banda de forma tan inteligente. 

––O sea que tu prefieres no ganar el partido, ––responde Hector, totalmente incrédulo a lo que estaba escuchando.

––Por supuesto, Héctor. Mi posición como entrenador de fútbol base es priorizar la formación. No puedo entender el fútbol de otra forma que no sea así. Esto no es el fútbol profesional. Además, te diré otro motivo por lo que me va muy bien estar callado en los partidos: mi cabeza está más centrada en poder analizar lo que pasa en el campo. No me centro en la delantera o en la defensa según la situación de partido sino que tengo una visión más de conjunto. Puedo pensar y reflexionar más y me permite tomar las notas necesarias para dirigir el partido de la forma que te he explicado.

El partido continúa, y se pueden apreciar cambios importantes en la colocación en el campo, en las ayudas defensivas, en la salida de balón. Pero el equipo contrario es bueno y nos empatan el partido. Es un buen momento para analizar la situación antes de que termine el segundo tiempo.

––Cuando el partido se pone en tu contra es cuando uno más aprende, con lo que no debe asustarnos esas situaciones. Lo que hemos de hacer, Héctor, es enseñarles de nuevo a reconocer los propios errores y corregirlos para ser entonces todavía más fuertes.

––En estas situaciones es cuando me pongo más nervioso y tiro de la bronca porque me da resultado siempre. He remontado muchos partidos gracias a este método. Hay que darles caña porque algunos solo responden al palo.

––Es cierto; Héctor, pero también he visto lo contrario, partidos perdidos después de una monumental bronca. Prefiero motivarlos, recordarles que lo hacen bien y analizar con calma lo que deben mejorar para poderlo corregir. Que sean ellos los que tomen las decisiones. Aprenden más y los resultados pueden ser también positivos.

El árbitro pita el final de la segunda parte. En el descanso de nuevo todos participan. 

––Es importante dejar claro que los cambios realizados han funcionado en mi opinión. Ten en cuenta, Hector, que los jugadores necesitan ese feedback Eso les da fuerza para aceptar fallos. 

De nuevo conseguimos sacar ideas nuevas al detectar los errores. Uno comenta que han sacado un jugador muy rápido por la banda derecha y no es fácil pararlo. Buscamos soluciones con los centrales para estar atentos a las coberturas, reforzándola un poco más. Además, de nuevo el capitán, comenta que su repartidor de juego queda muy libre y el responsable de marcarlo reconoce que, como hay peligro en defensa, deja la marca y defiende.

Lo que quiero explicarte, Héctor, es que jamás un entrenador hubiera podido descubrir la razón de la pérdida del centro del campo si en lugar de preguntar, hubiera soltado su discurso. Los chicos hubieran callado ante el mandato de éste: “al número 6 lo quiero siempre marcado”. Sin embargo aquí descubrimos el por qué queda desmarcado y podemos solucionar el problema mucho mejor. Buscamos soluciones a esto.

Los chicos me han demostrado que todo lo que tenía en la libreta lo han dicho ellos sin necesidad de que yo se lo comente. En realidad ellos saben mucho más de lo que nosotros pensamos. Creemos que tenemos las soluciones a todo, cuando nuestros jugadores también son capaces de resolverlas. Quizá no tan rápido, pero que sean ellos y no el entrenador, es de tal eficacia formativa que merece la pena ir más lento si eso les permite mejorar más.

––La verdad es que me quedé admirado de lo bien que jugaron durante todo el partido. ¡Y sin decirles nada en todo el partido! ––comenta Héctor muy emocionado por lo que había visto.

––¿Te fijaste, Hector, en el entrenador del equipo contrario? No paraba de dar instrucciones a sus jugadores. Cuando fallaban, bronca; cuando conducían el balón, les indicaba qué acción debían realizar después, todo negativo. Aquí no hay aprendizaje. Solo resultados a corto plazo. Yo creo que el rol del entrenador hay que cambiarlo ya, porque no tiene nada que ver con lo que se ve en los campos. Actúan, y yo he de reconocer que también lo hacía, como si los niños fueran tontos, sin reconocerles lo que son capaces de hacer. Me dan ganas, a veces, de decirles: “Por qué no te callas de una vez y les dejas jugar en paz”. Otras veces estoy tentado en grabarles su voz para que escuchen las tonterías que se llegan a decir en el campo de fútbol. Seguro que más de uno reconocería su error.

El partido lo ganamos.

––Por un lado esto me sirve para demostrar, con un ejemplo real, que los partidos no se ganan por lo que les dices en el campo sino por otros motivos que he querido exponer a lo largo de este relato. Sin embargo, ya sabes, Héctor, que yo hubiera preferido perder porque la sensación que se te queda cuando ganas es que eres muy bueno y que lo has hecho perfecto. Y, cuando pierdes, que has tenido fallos y debes corregirlos. Como soy partidario de la formación, me gusta más la segunda opción.

––Estoy verdaderamente impresionado de lo que he visto y creo que no se lo creerán cuando se lo cuente a mis amigos entrenadores. Sin embargo, es cierto lo que tu dices, es un ejemplo real contra un equipo teóricamente superior al nuestro y ha dado resultado. Y este es el primer partido, ¿qué pasará en los siguientes? 

––Muy sencillo, Hector, cada partido va a ser mejor porque a tus jugadores les das la oportunidad de pensar y eso les hace mejores. Están más unidos y tomas mejores decisiones. 

¿Serás capaz de asumir tu nuevo rol de entrenador?