Pero la Fundación Marcet ha dado un paso más profundo en su planteamiento del deporte de los jóvenes. Es cierto que sueñan con ser futbolistas profesionales. Y es un sueño que de ninguna de las maneras hay que arrebatarles. Sería un crimen intentarlo. No lo entenderían.

Sin embargo, los adultos tenemos una visión global de la vida que nos permite ver más allá de lo que un joven puede apreciar. Sabemos que un porcentaje muy alto no llega a conseguirlo. Este es el motivo por el que nos planteamos, hace unos años, un nuevo reto que permita seguir soñando a nuestros alumnos pero con un final más feliz  y más asequible. De momento está saliendo muy bien, con lo que estamos muy orgullosos.

Estamos empezando a mandar a los primeros jugadores a estudiar y a jugar a fútbol a Estados Unidos mediante unas becas muy importantes que te permiten disfrutar de las mejores universidades del mundo para sacarte una carrera alternando con la práctica del fútbol.

Las universidades americanas si están preparadas para afrontar el difícil reto de combinar los estudios con el deporte a un nivel muy alto. Es más, te exigen unas buenas calificaciones para poder jugar al fútbol o a cualquier otro deporte. Y el deporte universitario allí no es como el de España, es prácticamente semi profesional. Los terrenos de juego son auténticos estadios que se llenan cada fin de semana para ver a sus figuras universitarias y son el puente para llegar al profesionalismo.

El sueño que quizá no puedes conseguir en España porque el nivel del fútbol es una barrera para tantos y porque la universidad española no está preparada para adaptar los estudios a deportistas de élite,  puede ser una realidad en Estados Unidos.

Estás cinco años aprendiendo ingles y jugando al fútbol de alto nivel y te vuelves a España con un título universitario de una Universidad americana bajo el brazo. Con 23 ó 24 años tienes un curriculum deportivo y académico universitario de primer nivel. ¿Quién no encuentra un buen trabajo a su vuelta?

¿Se parece esto más a lo que buscamos para nuestros hijos?

Humbert Ferrer fue alumno de la Fundación Marcet varios años y el pasado año consiguió una importante beca que le permitió irse a estudiar a una reconocida universidad americana. Ha vuelto de su primer año de estancia y aprovechamos para hacerle esta entrevista que os puede ayudar a comprender mejor lo que estoy explicando.

https://youtu.be/SKRsU02MEOI

Los padres están felices. Humbert era el capitán del equipo y un magnifico central que jugaba en la categoría más alta del fútbol español. Posiblemente, como muchos más se hubiera quedado estancado y desilusionado al no poder progresar en el fútbol porque es muy complicado llegar.

Aconsejado por sus padres hubiera tenido que decidir por dejar el fútbol a un lado para dedicarse a estudiar en la universidad. Sin embargo, ésta magnífica salida en USA le ha permitido una proyección diferente, mucho más coherente con lo que todos buscamos para nuestros hijos.

Como él, ya son varios los chicos que han seguido sus pasos y la experiencia siempre es muy positiva. Ellos mismos nos lo cuentan cuando vuelven.

Es una pena lo que está pasando con tantos jóvenes en la actualidad. Arrojan por la borda todo su futuro por el dichoso fútbol y no podemos permitir que esto ocurra porque es una auténtica desgracia.

Y os preguntaréis por qué tanta insistencia en que los deportistas estudien. He dado razones de peso pero quizá me queda explicaros la razón más importante por la que es urgente cambiar las cosas.

Existen estudios que defienden la importancia de trabajar el cerebro del jugador y no solo las piernas. Es una forma de expresarme muy sintética pero se me entiende. Un jugador no es solo técnica sino inteligencia, capacidad para leer un partido, velocidad en la toma de decisiones, habilidad para solucionar los problemas que surgen en un parido, ingenio para deducir formas de funcionamiento en el campo.

Un jugador que no lee, que no memoriza, que no realiza esfuerzos intelectuales, que no piensa nunca porque vive al día, que no es capaz poner en practica fundamentos teóricos, tiene menos herramientas para poder triunfar en el fútbol profesional. Puede hacerlo y quizá conseguirlo pero luego viene la otra parte de la vida, cuando ya no puedes jugar al fútbol.

Imagínate la situación:

Hoy es mi último día de profesional. A mis 32 años he decidido retirarme. Ya no cuentan conmigo en el equipo como antes. Cuando las cosas van mal, me cambian por un jovencito que tiene bastante futuro. Estoy viendo el banquillo demasiado y no estoy nada acostumbrado. Me esfuerzo por estar en forma pero incluso las pretemporadas no las aguanto como antes. Lo tengo claro: ha llegado el momento.

La despedida ha sido emocionante. Soy un poco tímido y espero que no tenga que hablar mucho ante los micrófonos. El estadio está lleno el día de mi despedida. Me emociono. Lo he dado todo por el club. Entré a los 14 años y salgo a los 32. No he hecho nada más que jugar al fútbol.

Salgo  de las dependencias del club emocionado. Empiezo una vida nueva. Me han preguntado qué voy a hacer a partir de ahora. He ganado mucho dinero en estos años y tengo un nivel de vida bastante alto. Mi casa, mis viajes, mi dinero…todo lo lleva una persona experta de confianza porque yo nunca he entendido de estas cosas.

Por la mañana me he levantado a la misma hora de siempre. He llevado a mis hijos al colegio y luego he notado un vacío que no me preocupa. Ahora a vivir.

Sin darme cuenta, en unos años de vida sin el fútbol no he sabido adaptarme a la nueva situación y he seguido gastando como siempre. Como si el dinero no tuviera un límite. Ya no se habla de mi en la prensa y mis amigos se van alejando. Me enfadé con la persona que llevaba mis finanzas y me he quedado solo. Sin dinero y sin posibilidades de hacer nada porque me siento incapaz.

Vendo la casa, vendo el coche, reduzco los gastos porque empiezo a tener deudas en los bancos.

Soy incapaz de llevar una contabilidad y me desespero. Algún amigo se acerca para decirme que entrene algún equipo, que de esto se puede vivir pero yo no soy capaz de estudiar, jamás he utilizado un libro y he de sacarme el título de entrenador.

Me doy cuenta de mi error pero ya es un poco tarde. Un pariente, al que no hice mucho caso en mi época de gloria me ofrece un trabajo en su restaurante. No hay que estudiar, solo trabajar. Necesito el dinero y lo acepto.

Sobrevivo como puedo mientras mis hijos crecen. Me preguntan muchas cosas sobre el fútbol, de cuando yo jugaba en el equipo de la ciudad. Yo les cuento poco. No deseo nada de esto para ellos. Les hablo de lo importante que es lo que están haciendo en el colegio y de las posibilidades que se abren en su futuro al poder estudiar.

 Si esto pasa en el entorno de los jugadores, quiero aclarar que una desgracia mayor es la que contemplamos en el entorno de los entrenadores. Muchos de ellos empiezan llevando el equipo de benjamines de su club mientras juegan como juveniles. Les entra el gusanillo de llevar un equipo y, sin conocimiento alguno, empiezan a tener buenos resultados.

Muy pronto empiezan a proyectarse en los grandes ídolos del mundo del entrenador: José Mouriño, Pep Guardiola, Benitez. Entrenadores que han triunfado de forma extraordinaria. Los estudian, les imitan, actúan como ellos. Sueñan en llegar a ser como ellos y abandonan todo para alcanzarlo.

Lamentablemente, abandonan sus estudios académicos porque ellos tienen claro que lo que desean es ser entrenadores e invierten su tiempo y su poco dinero en sacarse el título de entrenador. Es lo único que les atrae.

Por desgracia, los cursos de entrenador que ofrece la Federación Española de Fútbol en las distintas provincias españolas son muy limitados. Aunque entiendo que esto no les va a gustar a las distintas federaciones creo que no me lo invento. Existen fuentes muy evidentes como la tesis doctoral de Emilio Lladó:

http://www.tusnoticiasdelaribera.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=17149:los-técnicos-de-fútbol-base-de-los-principales-clubes-valencianos-consideran-de-baja-calidad-la-formación-recibida-en-los-cursos-de-entrenador&Itemid=2119

No podemos pretender que una persona con esta preparación tan justa tenga una responsabilidad tan grande.

En al Fundación Marcet, desde hace ya mucho tiempo, sacamos conclusiones muy claras al respecto. Si realmente la clave del éxito está en el profesorado, los aspirantes a un puesto de trabajo en la Fundación deben estar muy preparados, con una mentalidad muy diferente a los que salen de la escuela de entrenadores con el carnet de nivel III que les posibilita oficialmente llevar equipos hasta de primera división pero que no saben lo que es un niño de 12 años. Con unas sesiones superficiales y un examen superado, piensan que se van a comer el mundo.

Posiblemente si, pero desgraciadamente, con el tiempo descubrimos grandes lagunas que nos han llevado a pensar que no es el perfil adecuado de entrenador que buscamos. Que tenga el título de entrenador es fantástico pero, sobretodo, lo que buscamos es que haya pasado por la universidad y tenga una formación académica más profunda.

Que tenga unos fundamentos de psicología deportiva importantes, que sepa estadística, que conozca a fondo sobre comunicación y motivación, que sea capaz de utilizar las nuevas tecnologías, que haya profundizado en diferentes formas pedagógicas, que domine bien e inglés, que sepa hablar en público…

Todo esto lo da una buena formación universitaria y aun así hay otros factores que debemos tener en cuenta como son la capacidad de compromiso e implicación en los proyectos que se realizan, la capacidad de trabajar en equipo (muy importante en un mundo tan individualista), el optimismo que tanto arrastra a los demás, el respeto y todos los valores que ha de transmitir a los jóvenes principalmente con su ejemplo.

Son muchos los factores que nos llevan a aconsejar a los pocos entrenadores que hay en la Fundación sin titulación universitaria o similar que, si desean realmente estar bien preparados para enseñar fútbol, que empiecen una carrera universitaria y si no es posible, algo similar que les enriquezca de verdad porque eso es lo único que les va a ayudar en su futuro como entrenadores.

Nunca, nunca, abandonar los estudios.

Es la solución más sencilla pero la que tiene consecuencias más nefastas a largo plazo.

Si toda esta exposición sirve para mentalizarte a ti, padre con un hijo deportista, para que realmente ayudes a tu hijo a tomarse en serio los estudios, ya me doy por bien pagado porque este es el objetivo que me planteaba.