comunicación en el vestuario

Capítulo 2: La puesta en práctica de una filosofía

El horario del torneo es muy interesante pues está muy concentrado. Empezamos a las 14,30, jugamos 25 minutos y esperamos media hora para jugar de nuevo a las 15,30. Así 5 partidos hasta las 18,30 que es nuestro último encuentro. Es un horario que nos va muy bien para nuestro proyecto ya que esos espacios los podíamos aprovechar a la perfección.

He de aclarar, por si no ha quedado claro,  que nuestra idea era no comentar ningún aspecto deportivo durante el partido. Era el momento de dejar que los chicos jugasen completamente solos, bajo la observación de sus entrenadores que van anotando aquello que les parece oportuno comentar al final del partido. En algún caso muy puntual, corregíamos algún detalle pero la idea era que ellos tomaran sus propias decisiones y el feedback siempre lo tenían en el vestuario. Eso sí, el “muy bien” siempre lo tenían en nuestros labios, si realmente acertaban. 

Puedes pensar que esto es una locura y que de esta forma no voy a ayudar a los jugadores porque desde nuestra experiencia y posición podemos ayudarles a sacar el partido adelante. Van a estar en desventaja con respecto al otro equipo donde el entrenador no dejará ni un momento de dar órdenes y dirigir al equipo. 

Puedes pensar esto y lo respeto. Nuestra escuela de futbolistas cree que la mejor forma de ayudar a un jugador es dejándole que él sea el que saque el partido adelante. A corto plazo van a estar en desventaja y posiblemente conseguiríamos más rendimiento a corto plazo diciéndoles lo que tienen que hacer en cada situación de partido pero a largo plazo, podremos demostrar con hechos reales que eso no es así y sale ganando aquel jugador que ha podido tomar sus propias decisiones porque el entrenador se lo ha permitido aunque luego ha intentado hacerle ver o, mejor todavía, ayudarle a descubrir, que aquello que hizo posiblemente se puede mejorar en el próximo partido.

El choque fue muy grande para los chicos porque empezar con una derrota era muy duro para un equipo que va con mucha ilusión. Para Paco, el entrenador, fue más duro porque no hicieron nada de lo que habían entrenado y algunos jugadores en los que Paco tenía una gran confianza, no dieron la talla y jugaron muy por debajo de sus expectativas.

Paco estaba muy enfadado durante el partido y tuve que pedirle que se calmara, que quizá la culpa no es de ellos sino nuestra y sobretodo (recordando el mensaje de whatsApp) que se había creado unas esperanzas demasiado altas en cuanto a resultados. 

Al finalizar el primer encuentro, una vez están en el vestuario, dejábamos que hablasen entre ellos y que tomarán una pieza de fruta. Era el tiempo de analizar y contrastar nuestras impresiones en el pasillo, alejados de los jugadores. A los 10 minutos, entrábamos al vestuario y preguntábamos qué es lo que veían ellos tras perder 5 a 1. El equipo, estaba claro, había sido  muy superior a nosotros. 

Empezamos preguntando a los chicos qué había pasado y ellos respondieron cosas muy interesantes que voy a detallar porque me parece que nos puede ayudar a todos:

  • Nos ha faltado comunicación entre nosotros  incluso nos hemos criticado en algunos momentos.
  • Con balón, mas o menos bien, pero sin balón, nos ha faltado movilidad
  • Hemos salido muy nerviosos y con poca confianza en nosotros mismos y por eso nos ganaban todos los balones de disputa.
  • Nos ha faltado intensidad, especialmente al principio.
  • No hemos aplicado nada de lo que hemos trabajado en estos días

Paco y yo nos quedamos bastante asombrados porque sin decirles nada todavía, casi habían mencionado todas las ideas que llevábamos apuntadas en el cuaderno. No sé si os dais cuenta de algo importantísimo: Los chicos se enteran de mucho más de lo que creemos. 

Lo que se suele ver habitualmente es al entrenador en el vestuario, enfadado por el resultado y por el pésimo juego realizado y, tras los gritos desafortunados, producirse un gran silencio entre los jugadores, asustados por el enfado del entrenador. Luego, de nuevo al campo, con miedo, a por el siguiente partido.

Ésta era la situación de Paco en esos momentos. En el camino del campo al vestuario, tras perder el primer partido, me comentaba que si fuera su equipo de competición habitual, los gritos se oirían a varios kilómetros de distancia pero que comprendía dónde estaba trabajando y que su actitud tenía que ser otra.

En el vestuario, empezamos a construir a partir de esos comentarios de los chicos y peguntamos cómo mejorar esos errores detallados y otros que Paco sacó a relucir. Las intervenciones y sugerencias de los jugadores eran acertadas y quedó claro lo que deberían cambiar para mejorar. 

¿Te das cuenta del pequeño matiz que puede pasarte desapercibido y que quiero subrayar? Eran ellos los que se marcaban sus propios objetivos de mejora con lo que el aprendizaje podía ser maravilloso porque no actuaban por miedo a los gritos de su entrenador, sino por la convicción de que cambiando esos detalles concretos, podían conseguir mejorar su juego.

Para aprender y mejorar es necesario tener claros los objetivos que nos marcamos. Cuando el entrenador se dedica a gritar y a ridiculizar a los jugadores y establece las condiciones de juego para superar el partido sin contar con sus jugadores, puede ocurrir que gane el encuentro pero no habrá aprovechado un momento de aprendizaje excelente.

El tono de voz de Paco era diferente, era el adecuado para demostrarles que podían hacerlo mucho mejor y que, a pesar del resultado, ellos eran muy buenos jugadores, solo faltaba ajustar algunos detalles y el asunto mejoraría seguro. Las correcciones no eran solo en relación a aspectos deportivos, había mucha referencia a valores deportivos. Se podía palpar que tenía confianza en ellos y en ningún momento detectaron falta de confianza sino todo lo contrario. Esa actitud del entrenador en el vestuario es fundamental para poder mejorar y aprender.

Las críticas que durante el partido se habían hecho entre ellos era una de las causas por las que el equipo había perdido fuerza. Ellos resaltaron que eso no debía pasar y los jugadores que habían caído en ese error comprendieron el daño que hacían al equipo y que eso desunía mucho al grupo. Pero, ¿serán capaces de aceptar su error o seguirán con la misma actitud? Todo depende de la forma en que se afronta el problema. Si el entrenador amenaza a los culpables con medidas disciplinarias, posiblemente lo consiga en el primer partido pero volverán a caer en el mismo error en cuanto el entrenador se olvide del tema ya que en realidad es un tema de ego de los jugadores que no aceptan críticas entre ellos por su estatus en el equipo. Por tanto, si se considera como algo importante para conseguir la unión y la fuerza del equipo, posiblemente reciban el mensaje de forma constructiva y es más fácil que lo asimilen como algo que hay que erradicar definitivamente de su actitud. De nuevo será una acción formativa que calará en ambos jugadores de forma casi definitiva. Habrá que seguir reforzando este aspecto para consolidarlo definitivamente en el equipo.

El refuerzo psicológico para dejarles claro que eran buenos jugadores era importante para recuperar esa confianza que no habían demostrado en el primer partido. También hubo un jugador que aportó una idea interesante, la humildad para aceptar los consejos o indicaciones que un compañero le hace durante un partido porque les sirve para mejorar y no hay que considerarla una crítica. Eso ayudó mucho a lo largo de todo el torneo para decirse las cosas con afecto pero muy claras y a aceptarlas cuando se recibían. También les impulsó a adquirir la responsabilidad de sacar el equipo adelante con iniciativa personal, poniendo los 5 sentidos en lo que se hacía. Les metió más en la competición. 

Con esta pequeña descripción de lo sucedido en este equipo, quiero reforzar la idea que lancé en el capítulo 1 que defiende el trabajo de valores como la parte más importante que debemos valorar en el rol de un entrenador.

No quiero decir con esto que los jugadores funcionen solos, sin su entrenador. Necesitan la presencia y el apoyo de este en todo momento. Lo que quiero aclarar es que la mejor ayuda no es dárselo todo hecho, sino todo lo contrario: intentar que lo hagan todo ellos, sin nuestra ayuda pero con nuestro apoyo. 

En este relato estoy describiendo situaciones reales donde podemos comprobar que esos jugadores que nos fallan tantas veces y a los que echamos la culpa frecuentemente de nuestras derrotas, que parece que no saben nada de nada, en realidad son unos expertos en psicología y táctica. Y, a la vez, quiero demostrar que es fundamental trabajar los valores deportivos en la competición. Están por encima de los aspectos tácticos, aunque no quiero decir que haya que olvidarlos. ¿Quieres rendimiento a largo plazo? Trabaja los valores. No te arrepentirás.

Paco recordó aquellas ideas fundamentales que había trabajado con los chicos en los entrenamientos porque quería dejar claro que no íbamos a cambiar el plan previsto porque no hubiera salido bien en el primer partido. Ibamos a jugar tal como habían entrenado esos días. A los chicos eso les ayudó bastante y les transmitió confianza en que lo que buscaban era lo correcto o que podía llegar a esta bien en el futuro si lo aplicaban en el campo tal como habían acordado con su entrenador. Quedaba claro que había que evitar decisiones que no estuvieran relacionadas con esta forma de jugar pactada.

No sé si te das cuenta de este pequeño detalle que acabo de describir? ¿Qué ocurre normalmente cuando las cosas van mal?: cambiamos de plan y eso les desconcierta totalmente. Siempre hemos de tener un plan B preparado. Si no es así, cambiar significa desconfianza, desorden, caos. Como consecuencia de esto, los líderes del equipo pueden tirar cada uno por su lado intentando hacer la guerra y resolver el partido por su cuenta y perder mucha fuerza, llegando incluso al fracaso pese a ser un gran equipo en construcción. Paco les dio seguridad manteniendo el mismo plan porque lo único que había que cambiar estaba claro. El plan debía funcionar. 

Empezamos el segundo partido con un juego muy mejorado porque una cosa es tener claros los objetivos y otra es saber ponerlos en practica. La idea era no caer en los mismos errores del primer partido. El equipo era tan bueno como el primero y perdimos otra vez pero con un resultado muy ajustado de 4 a 3. Las sensaciones era otras y aunque algún jugador le sentó mal la derrota, en el vestuario, en ese espacio en el que ellos hablaban del partido, había muchos jugadores que valoraban haberlo hecho muy bien. Simplemente, el otro equipo había sido mejor que ellos. Nada más.

Paco estaba más tranquilo, porque había visto otra cosa en el partido y en nuestra libreta habíamos apuntado más cosas positivas que negativas. Se nos ocurrió empezar la reunión con los jugadores revisando las observaciones que ellos mismos habían indicado. 

  • “Falta de comunicación”: inmediatamente afirmaron que eso había estado mucho mejor.
  • “Sin balón, nos ha faltado movilidad”. Todos concluyeron que habíamos mejorado
  • “Nerviosos y con poca confianza”. Lo habían superado completamente.
  • “Nos ha faltado intensidad, especialmente al principio”. Recordaron que tras los dos primeros goles, fueron remontando poco a poco y estuvieron a punto de empatar el partido. Superado pero a mejorar el inicio.
  • “No hemos aplicado nada de lo que hemos trabajado en estos días”. Ahora sí, –dijo Paco–, estoy muy satisfecho de lo que habéis aplicado.

Simplemente con este análisis se dieron cuenta de que su juego había mejorado mucho y que se había jugado un gran partido. Era el momento de recordarles de nuevo que eran muy buenos jugadores y que debíamos seguir analizando otros detalles que no habían salido todavía bien para corregirlos en el tercer partido. 

En ningún momento se planteaban si se iban a clasificar o no. Eso era para los equipos competitivos. Percibí un ambiente muy bueno entre los chicos donde el resultado era lo de menos y se les veía muy centrados en comprobar si estaban jugando mejor. Quizá fue porque les habíamos dejado claro esta idea y estábamos trabajando juntos cada partido, analizando esas mejoras. 

Uno de los jugadores preguntó si podíamos todavía clasificarnos. Todos sabíamos que se clasificaba el primero del grupo únicamente. Era una pregunta con poca lógica pero entendíamos que todavía había un poco de esquema competitivo. La respuesta fue rápida aclarando que eso daba igual. Lo importante era cómo mejorar en el siguiente partido. ¿Entiendes ahora qué quiero decir con ofrecer una visión diferente de la competición?

La ilusión se centró en intentar mejorar más en este tercer partido en el que nos enfrentábamos a otro equipo de gran calidad. Si era cierto que estábamos mejorando, este partido era la clave para medir nuestra progresión. Paco aprovechó para aclarar algunos conceptos que podían mejorarse y el equipo asumió con gran responsabilidad esas correcciones. Todo era posible si nos manteníamos unidos y concentrados durante todo el partido.

La salida al campo fue muy ilusionante. Los chicos habían perdido los dos primeros partidos pero no parecía en ningún momento que les afectara porque estaban muy centrados en mejorar aquellos pequeños errores que habían detectado en el vestuario y tenían clara la forma de solucionarlos.

Jugaron el mejor partido de todo el campeonato y el equipo rival se estrellaba una y otra vez en nuestra sólida defensa. Estaban intensos y muy concentrados. No sé de dónde sacaban las fuerzas porque corrían y presionaban con mucha intensidad. Yo le comenté a Paco: “¿te das cuenta de cómo presionan, cómo corren y cómo están jugando? No necesitan que se lo digamos nosotros, ellos mismos lo hacen solos”. La satisfacción por ver el trabajo bien hecho era muy grande. La paz y tranquilidad con la que seguíamos el partido era tremenda. Nada que ver con los nervios que suelen apreciarse en los banquillos.

En un momento dado, tras una pausa del árbitro por un jugador lesionado, sacamos un balón neutral con tal mala fortuna que fue directo al delantero del equipo contrario que chutó y metió gol. Hubo un silencio completo en el campo. Nos miramos los banquillos. ¿Qué hacemos? Era el momento de protestar al otro banquillo por el detalle de falta de deportividad. Con este gol ganaban el partido que iba empatado. Reconozco que estuve a punto de hacer un comentario despectivo al entrenador destacando la obsesión por ganar por todos los medios, pero me retuve. Nos miramos los dos de nuevo pero no hice ninguna indicación. Que siga el partido, pensé. 

Cuando nos disponíamos a sacar de medio campo, el entrenador alzó la voz para indicar a su equipo que dejaran meterse el gol. Tardó pero lo hizo y aplaudimos todos. Un ejemplo de valores en el deporte que podía haber estropeado si hubiera dicho algo en ese momento de duda. ¡Qué importante es mantenerse callado en el fútbol!

El empate nos pareció una gran victoria pero no por los puntos sino porque el equipo estaba funcionando. Y eran ellos los que sacaban el partido adelante porque desde la banda la única indicación que les dábamos era la felicitación constante de lo bien que lo estaban realizando. 

El ambiente en el vestuario era de fiesta grande. Y no era por el empate contra un gran equipo sino por la sensación de haberlo hecho muy bien y de haber cubierto con bastante acierto los objetivos que nos habíamos marcado entre todos. 

Le comenté a Paco que esta era la diferencia entre un equipo formativo y uno competitivo. Un equipo que busca ganar como objetivo final, después del primer partido o del segundo perdido, tira la toalla y deja de luchar porque ya nada es posible para el equipo. Sin embargo, si lo que buscamos es una formación a largo plazo, cada derrota es una posibilidad de seguir aprendiendo y esos es lo que nos estaba pasando. 

Como el último partido jugado sabía a victoria, se nos ocurrió comentarles lo peligroso que era la idea de pensar que ya lo hacemos bien por la “victoria”  y que nuestra postura debía ser seguir buscando la forma de corregir aquello que todavía no funcionaba. Como nos han salido tan bien las cosas, podemos dejar de luchar y relajarnos. No debe ocurrir porque todavía hay muchas cosas que podemos mejorar y los chicos y Paco sacaron a relucir aspectos muy interesantes que se convertían en objetivos de mejora para el siguiente partido. Con esta mentalidad, salieron al campo, con la idea de conseguir mejorar un poco más. 

El equipo que teníamos frente a nosotros estaba situado segundo en su liga. Iba a ser complicado, como todos los partidos hasta ahora. Nosotros seguimos dejando al iniciativa a los chicos. Procuramos apoyarles con palabras de ánimo pero no sugeríamos al jugador si debía cambiar el juego, colocarse más abajo o más arriba. Ellos debían resolver todas las situaciones del partido, habían demostrado que sabían lo que tenían que hacer y por lo tanto era el momento de disfrutar de verdad. 

Me imagino que los chicos son los que más disfrutaban porque jugar al fútbol sin la presión de un entrenador que te va diciendo lo que tienes que hacer y sin la urgencia de un resultado necesario, es la expresión más bella y natural del fútbol. 

Le comentaba a Paco desde la banda lo maravilloso que era verles jugar solos. Los veías hablarse y corregirse entre ellos (algo muy enriquecedor a nivel pedagógico), les observabas realizar jugadas con imaginación y mucha creatividad (quizá más de lo que nosotros podríamos pedirles), palpabas una fuerza en el equipo conseguida después de corregir diferentes manifestaciones de fractura grupal, disfrutabas viendo cómo tras una pérdida de balón, el equipo corregía sobre la marcha para recuperar el balón, sonreías al ver cómo se animaban unos a otros limando las asperezas posibles entre ellos. 

El equipo estaba funcionando desde dentro, ellos eran los que sacaban adelante cada una de las jugadas. Y esto es lo que más les ha enriquecido. No han ganado el campeonato, no se han clasificado, no pasarán a la siguiente fase donde estarán los mejores, pero os puedo asegurar que las sensaciones de estos jugadores son de una gran satisfacción, han aprendido más que nadie porque se lo hemos permitido, porque hemos priorizado su formación al resultado. Hemos apostado por un proyecto a largo plazo centrado en el rendimiento del jugador y no en orgullo del club.

Me encantaría recibir tu opinión sobre esta visión de la competición. Continuará la semana que viene con el capítulo 3