Esta es la visión del hecho ocurrido el pasado domingo http://www.javiermarcet.com/los-valores-estan-por-encima-de-los-goles/ desde el punto de vista del propio árbitro al que no conocemos de nada y del que sabemos que era su tercer partido en su corta historia en el mundo del arbitraje.

Es una reconstrucción virtual desde su punto de vista, muy diferente al que se presenta habitualmente. Los hechos son todos reales, los pensamientos del árbitro son fruto de la imaginación del autor del artículo pero que estamos seguros no se encuentra muy lejos de la realidad.

Desde muy pequeño me ha encantado el fútbol. Lo practiqué hasta que me di cuenta que el sueño de ser un gran futbolista no iba para mi. Era un sueño muy ambicioso que no podía alcanzar. Sin embargo seguía gustándome mucho el fútbol y pensé en dedicarme al mundo del arbitraje. Con 16 años me apunté a un curso como aspirante.

He conseguido aprobar el examen inicial y ya soy árbitro. Ahora tengo 17 años. Somos muchos los que nos presentamos y aunque las pruebas no son muy complicadas, no todo el mundo las supera. Estoy contento porque me hace mucha ilusión ser árbitro. Me da un poco de miedo porque sabes que cualquier pequeño detalle puede ir en tu contra y empiezas a recibir insultos y amenazas pero es verdad que también vienen a felicitarte.

Ser un buen árbitro es muy complicado, necesitas conocer el reglamento, tener una buena condición física, atención, concentración en el campo, evadirse del entorno (comentarios desde la grada), tener en todo momento el partido controlado, no despistarse, no obviar detalles que pueden marcar el partido en una dirección o en otra, mostrar autoridad sin ser autoritario, tener mucha paciencia, ser amante del deporte en general y del que arbitra en particular, tener don de gentes, ser sensato y saber aguantar la presión.

Como veis ser un buen árbitro es tan difícil como ser un buen jugador. Las cualidades son diferentes porque no necesitas haber tenido un gran nivel como futbolista pero por lo que he contado necesitas otras cualidades que yo pienso que las tengo aunque algunas de forma potencial.

Este domingo me han encargado un partido en el campo de Tecnofútbol. Es un partido de alevines contra el Sant Andreu. Creo que voy a disfrutar porque mis compañeros dicen que allí se ve buen fútbol y nunca tienes problemas. Será mi tercer partido como árbitro. Espero tener una buena tarde.

Muchos árbitros van acompañados por sus padres porque al ser tan jóvenes estás poco protegido. Mis padres no me acompañan pero creo que es mejor que no vengan. No soportarían escuchar lo que se dice en esos campos.

Llego una hora antes al campo y me recibe muy amablemente el delegado de campo. Me acompaña hasta el vestuario y me informa que los dos equipos ya han llegado. El delegado se encarga de avisarlos para que presenten las fichas. Les cito 10 minutos antes de la hora del partido para proceder a la revisión. Mientras, realizo la apertura del acta con la relación de jugadores.

Sigo todo el protocolo anterior al partido. Reviso las porterías y las líneas del campo. La instalación está perfecta. Creo que estrenan campo. La hierba está muy cuidada y las líneas de campo más que correctas.

Tras la revisión doy algunas indicaciones a los entrenadores para empezar puntuales. El vestuario está algo alejado del campo pero el delegado me acompaña hasta el terreno de juego.

Empezamos a la hora con la salida de los dos equipos juntos hacia el centro del campo. Me gusta mucho este momento porque existe una gran deportividad entre los equipos y me siento protagonista del partido. Es el momento de exhibir el cartel de juego limpio. Se oyen los aplausos de las aficiones.

Me he dado cuenta de un pequeño detalle simpático. El equipo de Tecnofútbol en lugar de reunirse para el grito de guerra típico, se dirige ordenadamente a la banda para saludar al entrenador del Sant Andreu y a los jugadores que están en el banquillo.

Sorteamos el campo y comienza el partido. Ambos equipos juegan con mucha intensidad. No hay un equipo que domine. Se producen jugadas de peligro en uno y otro campo. El partido es muy rápido y complicado de arbitrar. Procuro colocarme bien en todo momento y pito lo que veo con decisión.

En una de las bandas del campo hay un grupo de padres del Sant Andreu que gritan mucho. Por el momento no me molestan pero vamos a ver como se desarrolla el partido. Nunca he entendido cómo el entrenador de un equipo puede permitir que los padres den consignas a sus jugadores. Ellos sabrán.

Hay momentos en que es complicado decidir hacia dónde tengo que pitar. Tengo dudas en un par de fueras de banda y en un fuera de juego bastante definitivo. Los decibelios de los padres suben un poco más conforme el partido avanza. Intento no escuchar lo que me están diciendo pero me noto afectado. Miro el reloj. Queda muy poco para llegar al descanso. A ver si se calman un poco los visitantes. Son cuatro los que gritan pero arrastran a los demás y empieza a estropearse el asunto.

Pito para indicar el tiempo de descanso. He conseguido llegar hasta ahí pero me noto algo nervioso. Mejor me voy al vestuario. Recibo la visita del delegado de campo que me comenta que va a desalojar a los padres del campo. Tendrán que ver el partido desde el otro lado de la red que rodea al campo. El motivo que alega es el comportamiento de los padres que yo ya había detectado desde el primer tiempo. ¿Quizá no he sido lo suficientemente autoritario hasta ahora y son ellos los que tienen que tomar medidas? Ojito que esto me puede complicar la vida. He de ser un poco más duro porque el local está incómodo con la situación.

Le comento que estoy conforme. Mira por donde, esto me va a ayudar a seguir el partido con más calma ya que el público se encuentra más retirado. Como mínimo, estoy más seguro porque en el campo solo estarán los jugadores y los entrenadores.

Hay un cierto malestar entre los padres del equipo visitante porque no entienden por qué se les retira de la primera línea de campo. No se dan muchas explicaciones pero se consigue el objetivo.

Sin más comienzo el partido. Los entrenadores del Sant Andreu están muy nerviosos. El partido está empatado a cero pero en una jugada del equipo local consiguen meter un gol. El partido sube de tono. El juego está siendo muy duro y he de pitar muchas faltas. Pero claro, no todo lo que me piden es falta y los padres no están de acuerdo. Yo a lo mío, que es controlar el partido.

Todas las acciones son protestadas de forma vehemente por los entrenadores y los padres del Sant Andreu. Noto a los jugadores de ambos equipos muy nerviosos y afectados por el griterío de los padres. Algunos están llorando. La situación está delicada. ¿Qué hago? Tengo instrucciones para no parar los partidos pese a la campaña que defiende lo contrario. Al principio se paraban tantos partidos que hubo que cambiar las directrices. He de seguir como sea aunque esto parece ya un infierno.

Las redes que separan el campo están muy pegadas al campo y hay unos cuantos padres que se dirigen a mi con palabras de muy mal gusto. Me pongo muy nervioso. Veo que se me está escapando el partido. No sé que hacer. He perdido toda la concentración y me dan ganas de dejar el silbato e irme a mi casa pero soy consciente de que eso no es posible.

He oído amenazas violentas entre los propios chicos y acciones muy duras dentro del terreno de juego que no son normales. Intento frenarlo pero se me escapa el partido. El entrenador del equipo local casi no puede retener a sus jugadores ante la situación tan desagradable en la que se encuentran.

Quedan dos minutos para que termine el tercer tiempo. Sigo recibiendo insultos e improperios de muy mal gusto. Es insoportable. No sé que hago aquí. Empiezo a dudar y a pensar si realmente vale la pena todo el esfuerzo que he hecho para llegar a ser árbitro si lo único que consigo es pasar tan malos ratos. ¿Qué es esto? ¿Pero si son niños? No me lo puedo creer.

Es la hora. Pito el final de la tercera parte. Mi cara está completamente desencajada. ¿Seré capaz de soportar un tiempo más?

Una persona que se identifica como delegado del equipo de Tecnofútbol aprovecha para acercarse a mí y me indica con mucha calma que el equipo de Tecnofútbol se retira del partido. A pesar de ir ganando por un gol, quieren retirarse. Comenta que los puntos se los ceden al Sant Andreu pero que la situación es peligrosa, no se puede seguir.

En ese momento, me siento liberado completamente. No sé quién es esa persona pero le estoy tremendamente agradecido. No dudo ni un momento. Informo al entrenador del otro equipo de la voluntad de Tecnofútbol de terminar el partido en esos momentos. Le aclaro que los puntos se los lleva el Sant Andreu. La cosa se calma sabiendo que los puntos son suyos. Accede.

El entrenador del Sant Andreu no entiende por qué se para el partido y yo me retiro al vestuario esperando que no se pongan de acuerdo. Tengo ganas de salir de la instalación cuanto antes. El delegado de campo me acompaña hasta el vestuario. Espero allí a los entrenadores para rellenar el acta. Me he librado de una buena. No sé qué hubiera pasado si el partido continúa un tiempo más. Aquello hubiera sido lamentable.

¿Qué pasará ahora? Posiblemente esta retirada del campo del equipo local puede repercutir en mi corta carrera. Quizá no he tenido la suficiente autoridad para advertir al delegado de campo que iba a tomar medidas si seguían los insultos. Lo he dejado pasar y la cosa se ha hecho cada vez más grande. Quizá tenía que haber suspendido yo el partido. Lo ha tenido que hacer el equipo local por mi falta de autoridad. No es nada fácil tomar una decisión como esta.

Los entrenadores del Sant Andreu están en mi vestuario controlando lo que pongo en el acta. Tengo miedo otra vez y no soy capaz de redactar lo que pasó en realidad. Si lo pongo con detalle, se me echarán encima y además quedará reflejado que no lo hice bien desde el primer momento.

Lo extraño es que el entrenador de Tecnofútbol y el delegado de campo no quieren alegar nada. No me imponen su versión de los hechos ni les importa para nada lo que yo ponga en el acta. Esto me da margen para escribir sin tanta presión. Redacto el informe en el acta del partido. Con este informe dejo contentos a los entrenadores del Sant Andreu y yo quedo también en buena posición. Quizá soy un cobarde pero soy muy joven y necesito seguir pitando.

Me ducho y me relajo un poco. Ha sido una tarde muy desagradable. Siempre son unos pocos padres los que la lían. Menos mal que la afición local no ha entrado a la provocación porque entonces aquello hubiera terminado muy mal para mí.

Cuando salgo del vestuario me encuentro otro ambiente bien distinto. Todo está tranquilo. Como si no hubiera pasado absolutamente nada. Pero yo soy consciente de que no es así.

Me encuentro a la persona que me ayudó a parar el partido. Está hablando con alguien. Me acerco, le interrumpo un momento, le doy la mano y le digo algo que me sale del alma:

– gracias.